En vísperas de la consulta popular de revocatoria del mandato del municipio limeño, crecen las disputas entre grupos que están a favor y en contra de la actual gestión municipal; sin embargo, ninguno de ellos ha mirado más allá de la protagonista, Susana Villarán. Todos señalan a Villarán como si ella fuera la única persona a criticar; pero recordemos que detrás de ella hay 39 regidores que son actores tan importantes como ella y son en conjunto: el municipio. En efecto, Villarán no es la única responsable de las penosas actuaciones en obras realizadas bajo su gestión, que la han llevado a este punto, sino también sus regidores y consejeros.

Las terribles actuaciones de la gestión municipal han dejado un malestar en gran parte de la población limeña y es que es notoria la mala planificación de los proyectos que se están realizando y la lentitud en los mismos. Por ello, el proceso de revocatoria es factible y de ser llevado a cabo no interferiría en la modernización de la ciudad como mitifica masivamente los simpatizantes a favor del No a la revocatoria. Para empezar, la revocatoria no es una novedad en nuestro país, solo en el año 2012 hemos tenido más de 200 procesos de revocatoria y ninguno ha tenido tanta atención como este. Dejando de lado las intromisiones políticas de diversos partidos que opinan a favor del No o de Sí, es evidente que en las acciones como la construcción del malecón de Chorrillos, el desalojo de la Parada, la construcción de la vía Parque Rímac y el túnel Santa Rosa, o bien han tenido un poco de improvisación o es que la mala suerte existe. Y si a esto le agregamos las falsas 1200 escaleras cuando en realidad eran cerca de 300, le agregamos el escándalo de dos regidores corruptos y las unidades inutilizables de serenazgo en un tiempo donde la delincuencia en la ciudad mata a sangre fría nos daremos cuenta que esta actual gestión de la alcaldía está en colapso.

La arrogancia de su primer regidor Eduardo Zegarra, mano derecha de confianza de Susana Villarán, es fenomenal, cuando salía a decir que el desalojo en la Parada estaba calculado y que tenían todos los permisos, cuando el mismo día el premier y el general de la policía negaban estar informados, o peor aún, cuando decía que el destrozo del muro e inundamiento de la obra Vía Parque Rímac estaba planificado y que no generaría tantos gastos. Villarán empezó firme con una propuesta social inclusiva y pisó el palito al año tras las críticas que afirmaban que no trabajaba; esto hizo que “(…) su equipo de jóvenes turcos que se creen que la gente voto por ellos”, como los reconoce César Hildebrandt en su semanario, se encarguen de elaborar proyectos y crear maquetas de un futuro prometedor de Lima.

En conclusión, decirle “Sí” a la revocatoria desmitifica la frase cliché de “Lima no puede parar” y las dudas sobre un débil democracia; por el contrario, fortalecería el voto popular pues sería un ejemplo de que el pueblo puede tener control de sus autoridades y que si estas fallan estarían en peligro de ser movidas de sus cargos. Decir que la revocatoria es un gasto de dinero innecesario tampoco es pertinente, más se ha gastado en reanudar los proyectos paralizados por la ineficiencia de sus allegados a Villarán. Estar a favor del Sí no condiciona ser de derecha, ultraderecha, partidario del APRA, Solidaridad Nacional, ni menos ser corrupto, es lamentable que detrás de esta consulta popular de revocatoria haya intereses políticos que salen a flote, pero es también evidente, que la gestión municipal liderada por Susana Villarán ha dejado una imagen negativa en gran parte de los ciudadanos.

Por Yohel Cruz Espinoza
Alumno de Estudios Generales Letras