Editado por Massiel Román Molero

Ayer, después de varias semanas, logré darme ese respiro que necesitaba. El trabajo y mis otras actividades no solo se comen mi cabeza, sino también los pocos minutos que le dedicaba a la escritura y el dibujo. 

Cogí el móvil después de la ducha. Héctor se recostó a mi lado. Mirábamos curiosamente las historias de las personas que sigo en Instagram hasta que te vi aparecer después de tiempo.

¡Carajo! No sé cuántas veces pausé el vídeo para verte detalladamente: girando con esa sonrisa media torcida que me encantaba. En ese momento, sentí tal como siente un buen vino el pasar de los años. Y ahora que hablo de tiempo, no sé cuánto más me haga falta para intentar enamorarme de otras personas. 

Lo cierto es que debo dejar de decir que “ya encontraré a alguien como tú” porque realmente lo que quiero es una montaña de caricias y de “te quiero”‘s reales, pero no de otros. Porque quiero que me besen y me abracen siempre tan fuerte como tú lo hacías. 

Debo de dejar el “ya encontraré a alguien como tú”. El buscar tu cara en otros cuerpos es como una droga cortada: se endurece tu recuerdo y ahí me quedo… con un romántico disparo en la sien, tu voz delante y la playa enfrente. 

Ya no diré “ya encontraré a alguien como tú”, no puedo. No es justo. No es ético que siga intentando cobrarme el amor que tu cuerpo no me dio. Y aunque ahora me sienta más segura, con más fuerza, sin la necesidad de rogarle a alguien que me quiera lo que yo no, aún no logro comprender como mi corazón puede mantenerse tan leal a ti. 

Ayer he vuelto a verte entre la gente. Tan guapo como siempre. Y me has llegado hasta el pulmón. 

Vino mayo y te evaporaste. Pasé los días sin entender cómo es posible seguir queriendo a alguien que, al parecer, ya te está reseteando totalmente de su memoria.

Ahora que tengo más motivos que dolor, trato de autoconvencerme que somos una batalla perdida y es qué, cariño, quién no tiene mil promesas cuando ya no queda opción.

Siento haberte dicho que te extrañaba, aunque era cierto. Tan cierto como decir que tú sonríes más ahora con mucha más fuerza. Eso está muy bien. Y yo que he sido la culpable de todos tus miedos, hoy no tendrás quién te atormente con sus demonios internos.

Hoy que has dado el golpe fuerte. Todo se ha puesto de cabeza. Creo que disfrutabas ver cómo me hundía de preguntas por saber quién y por qué tuvo la culpa. No fuiste mi paz en plena crisis sanitaria, solo preguntas navegando en mi mente, pero, a pesar de eso, sabías cómo tranquilizarme y reiniciar todo nuestro mundo.

Mis amigos y los tuyos no han dejado de preguntarme por ti. Ya me he hecho experta fingiendo que todo está bien, pero, por dentro, lluevo y no sé qué hacer. Los abrazos que me curaban ya no están. Todo en nosotros quedó en la mitad.

La vida es así. Todo avanza. Todo corre. Todo pasa. Y aunque me hubiera gustado ver que no estás hecho para nadie más, yo encontraré mi lugar dejando de decir “ya encontraré a alguien como tú”. Al menos, eso espero. Sin embargo, por mientras, por favor, vete en paz.

left unsaid project - ii - Wattpad

Escribí este artículo hace un par de semanas para liberar los nudos que se entretejen en mi garganta. Eva hoy me llamó desconsolada, sin refugio, pidiéndome que sacara el escrito que le escribí a mi ex porque le recordaba a ellos. A un “ellos” que quedó en mitad, pero que, al parecer, hasta ayer tenía solución. Modifiqué un poco el texto, dejando que los sentimientos de ella también griten. Marco ha partido con su bata blanca y su estetoscopio plomo.

Este virus que se está postrando en varios cuerpos humanos le ha ganado la batalla a su ex pareja y compañero. Y aunque él no fue totalmente paz después de esta crisis sanitaria, sino más preguntas y dudas, el amor aún los resguardaba de alguna manera.

Hoy su historia quedó a la mitad… como el de muchas y próximas parejas.

Descansa en paz, Marco.