Considerado cariñosamente como un “loco” por dedicarse a tiempo completo a las metodologías cuantitativas y cualitativas de la investigación, el Doctor en Sociología por The London School of Economics and Political Science (LSE) Carlos Torres Vitolas ofreció un taller de metodologías participativas en la investigación social esta semana en la facultad de Ciencias Sociales. Esta revista pudo conocer sobre qué son y qué hacen estas metodologías, así como formas de resolver la trampa ficcional de la “participación” en los proyectos sociales.

¿Para qué sirven las metodologías de participación?

Fundamentalmente para diagnósticos socioeconómicos de zonas rurales, para conocer posiciones de vida características medioambientales o geográficas. Pero lo que se está haciendo ahora en los últimos 10 años es tratar de utilizar esa información no solamente para ONG’s, sino para investigación. Para hacer diagnósticos comprehensivos de la realidad local y tratar de discutir temas como, por ejemplo, cómo es que la gente a nivel local entiende la pobreza, la seguridad alimentaria, las condiciones medioambientales. Una de los métodos fundamentales de la metodología de participación es el calendario estacional, que se utiliza mucho para recoger información sobre cómo la gente percibe que las estaciones están variando por el cambio climático. Cómo es que la manera en que la gente entendía la estacionalidad tiene que ser redefinida ahora a partir de lo rápido que está cambiando el clima. Entonces, esto poco a poco se está integrando más y más a la investigación académica, sobre todo desde una perspectiva multidisciplinaria. La información socioeconómica se utiliza tanto como para elementos geográficos, económicos, sociales, todo ello en términos de percepciones locales.

¿Esto representa un cambio pues ahora se toma en cuenta la perspectiva de la gente?

 Se trata de recoger la perspectiva de la gente. Uno de los problemas fundamentales ahora con el debate de estudios medioambientales es que mucho de la mirada sobre el tema del medioambiente, manejo de bosques, manejo de agua, manejo de biofauna, etc., es que es una perspectiva que entra fundamentalmente desde las ciencias naturales. Y muchos de los que han trabajado ahí están acostumbrados a medir árboles, cuantificar animales, establecer el volumen de agua que circula o la cantidad de lluvia que llega, y muy pocas veces se tienen consideración de cómo la gente percibe y trata su relación con los recursos naturales. Entonces cada vez más se están utilizando métodos participativos para tratar de establecer este empate entre la información de la realidad material, bosques, peces, etc. y cómo es que la gente entiende y percibe esta relación. Afortunadamente cada vez más se utiliza gente de ciencias sociales como Antropología, Sociología, Geografía humana para tratar de discutir esta relación.

¿Y qué se obtendría con este resultado, digamos, compuesto?

¿Qué es lo que resultaría?

Ajá. ¿Para qué fines?

Idealmente, para tratar de establecer mecanismos de conservación o manejo de recursos naturales que tengan en consideración no solamente elementos técnicos sobre, por ejemplo, cuál es la mejor manera de resembrar árboles, sino también cómo eso empata con los intereses locales, con la manera en que la gente entiende y se relaciona con los árboles. No se trata de establecer solamente una reserva natural, sino que esta no solo sea útil para los animales sino también para las personas que están en las cercanías. Entonces es una manera de juntar y empatar el conocimiento técnico con la visión local de lo que existe en la realidad local.

Hace poco hablaste de la dictadura de la participación. ¿Cómo es eso?

La dictadura de la participación es que, como les decía, casi no existe una ONG que no diga que no haga algo participativo. Y el problema es que la participación puede significar muchas cosas. Una ONG puede hacer una reunión con la población y definir una agenda de trabajo y después hace lo que le da la gana, pero como tuvo una acción de consulta, le llama participación. Otra gente utiliza la participación de una manera para el manejo ya del proyecto mismo, que es otra manera de participación. Y otras personas pueden utilizar la participación para llegar a la movilización social, la movilización política.

El punto es que no existe una manera única de hacer participación, pero todos asumen hoy en día que es algo que obligatoriamente tienen que hacer si es que quieren hacer desarrollo social. No puedes hacer desarrollo social sin hacer participación. El problema está en que cada vez más y más la gente utiliza libremente el término. Incluso para algo que puede ser tan explotativo [sic] como una intervención desde arriba, igual le ponen el nombre de participación.

Claro. Es como las mesas de diálogo, ¿no?, en las que se les incluye pero al final no son vinculantes. Entonces: “se está participando”. ¿Va por ahí?

Es como un elemento en la lista que tienes que hacer el check. Es decir, nadie realmente problematiza, nadie realmente complejiza qué es lo que realmente significa tener comprometida a la población en el proceso de diálogo. Lo que la gente utiliza es una actividad que se pueda llamar participativa, para que al proyecto o a la intervención se le pueda poner la etiqueta de participativo y ya. Es decir, se puede decir que ese es un desarrollo desde abajo, cuando en realidad es simplemente una actividad suelta en un proyecto mucho más complejo.

¿Y de qué forma se podría resolver esta trampa?

La única manera de resolver esta trampa (suspira) es que en que las personas mismas que dicen hacer participación tomen consciencia de los elementos críticos y problemáticos que envuelven realmente una acción participativa. El problema está en que no solamente se trata de eso, sino también que la gente que financia proyectos quiera hacer ese tipo de actividades. El primer paso es que las personas mismas que están involucradas en el proceso se den cuenta de que están vendiendo algo que realmente no es participativo. Que realmente alguien quiera comprar ese discurso es otra historia, pero por lo menos se puede hacer la lucha.

Finalmente, ¿cómo entran las metodologías de participación en un contexto en el que se está dando un mayor avance de urbanización? ¿Cómo entra aquí la metodología de participación en contextos urbanos, complejos?

Pues justamente el proceso de urbanización a veces es tan caótico que cualquier persona que quiera hacer planificación urbana se va a dar de narices en la puerta porque al final de cuentas no sabrá realmente cómo es que la gente está ordenando su espacio localmente. El caso de Lima es el caso paradigmático de que tan desorganizado puede ser el crecimiento urbano. Los métodos participativos se pueden utilizar también para analizar una perspectiva local en el entorno urbano, cómo es que la gente utiliza el espacio, para qué va al parque aparte de simplemente tomar el sol. Es decir, cuáles son los usos no esperados que la gente da a su espacio local, a dónde prefiere ir, a dónde no prefiere ir, cual valoriza más o no, incluso por cuestiones sentimentales o estéticas que no tienen nada que ver con que haya concreto o pistas ahí. Y para eso necesitamos revalidar la voz local y para eso los métodos participativos también son útiles. Una cosa no excluye a la otra, se pueden utilizar en cualquier contexto.

21-04-15