El 4 de junio, el ex ministro Rospigliosi denunció una compra sospechosa de equipos televisivos para implementar el canal del Estado, haciendo creer que estos gastos inusuales beneficiarían a que el canal pueda equiparse para cubrir “actividades oficiales del gobierno”, y por ende estar favoreciendo la imagen de la primera dama, pues no es para nadie desconocido que la línea editorial del canal del Estado siempre asiste al gobierno de turno. Después de esquivar el tema, María Luisa Málaga, presidenta del IRTP, confirmó el desmesurado presupuesto de 30 millones que disponen para la compra de nuevos equipos, la transmisión de un nuevo medio y la reciente adquisición de una casona exclusiva para el canal informativo, pero indicando que no harán seguimiento a otro funcionario que no sea Ollanta Humala.

Hace unos días, nuestro presidente polichinela hizo unas declaraciones ciertamente peculiares, habló de la creación de un canal de noticias permanente que promueva los valores y sea apto para todo público, ergo, no muestre  muertes. Pero si un noticiero es noventa por ciento de muertes, ¿de qué van a hablar? ¿de los proyectos sociales de Nadine? O peor aún, ¿un Aló Nadine? Ciertamente yo preferiría un canal donde transmitan un especial de John Travolta bailando Staying Alive, por lo menos de allí sacaría algún provecho.

Aclaremos que una primera dama, en este caso Nadine, no es funcionaria del Estado, ella no debe “trabajar”. Su labor es meramente figurativa y protocolar – más o menos como la de un vicepresidente sudamericano- pero puede asistir a proyectos sociales y otro tipo de actividades de esa índole, siempre que no robe más cámara que el mandatario.

También acabará el convenio con el canal del Congreso, por lo que esa señal paulatinamente será reemplazada por la nueva programación del IRTP, de todas maneras ¿hay algún mortal que mire el canal del Congreso? Según la directora del IRTP, esta adquisición viene gestionándose desde el gobierno anterior, como para disipar un poco el tenso ambiente que vivimos, pero tenemos un Estado en el que los miembros del ejecutivo quieren que nos guiemos de “percepciones” y la percepción es desmentida diariamente por una realidad que indica que los secuestros, el sicariato y robos son pan de cada día. Si hay noticias negativas es porque hay un ambiente de inseguridad latente y los medios cumplen con transmitir la realidad.

La semana pasada vino Lula da Silva, ex presidente de Brasil, ahora cuestionado por malos manejos en su gobierno. A su llegada noté dos cosas interesantes: habló de su aprobación a la alternancia de poderes, pero también manifestó que un gobierno le parece poco, por lo que si Nadine piensa postular, estoy seguro tendrá respaldo de la collera de la UNASUR. Otra cosa rescatable es su nuevo look, ese bigote teñido de negro azabache lo hacía parecer un profesor Jirafales lleno de tacitas de café.

Quizás uno de los momentos más gloriosos de ineptitud ocurrió cuando el presidente llamó a evitar el morbo en los noticieros, a fomentar los buenos valores. El enunciado expresaba claramente lo que en el argot popular significa que los periodistas son unos gallinazos escarba-basura. Por tanto, el presidente quizás crea que deberían pasar resúmenes de los capítulos de la familia Ingalls  (o la familia Humala, con Isaac y Antauro) en vez de las muertes, violaciones y asesinatos que son precisamente gracias a su ineficiencia. Con esto se asegura un lugar en los anales de la historia de presidentes peruanos con poca capacidad mental. Y se hace acreedor del Premio Internacional al imbécil del año.