Tanto la Selección como el público merecían que se juegue fuera de la tan distanciada capital. Trujillo y Arequipa exhibieron marcos maravillosos para jugar al fútbol: estadios llenos, canchas en perfectas condiciones y un cálido ambiente que construía un grato saludo de bienvenida al equipo con el que cada peruano se puede caracterizar. Fue buena idea trasladar ese buen momento del seleccionado a distintas partes del país. Ojalá se siga haciendo, pero con una mejor competencia.

El del pasado jueves fue un partido cuyo nivel se podía comparar de cierta manera al de una eliminatoria. El de hoy, fue un trámite a placer que parecía tener el principal objetivo de exhibir a la Selección. Se puede llegar a mostrar un partido de real nivel fuera de Lima y que no sea oficial, también. No competimos bajo alta presión ni fricción en ningún momento. Mostramos pasajes de buen fútbol, sí, a través de constantes asociaciones por el medio que liberaban la banda o con el típico pase largo, alto y bien medido al centro para que el ‘9’ pivotee y decida. Pero se hacían demasiado monótonas y desinteresadas las ofensivas a medida que pasaba el tiempo por las vergonzosas libertades que otorgaba Jamaica. Probablemente no nos hubiera afectado no enfrentar a dicho país.

No estamos listos aún para lo que viene y se tiene que trabajar mucho para el partido con Bolivia, en el que el punta goleador que jugó tanto y fue tan importante hoy, la semana pasada y siempre, no estará. No hay sensación de disconformidad ni tampoco de progreso; hay una sensación de conformidad, tal vez, pero engañosa.