Dos semanas atrás, en el fascículo [de un periódico alemán] relacionado con la farándula, vi un artículo pequeño, aunque interesante, sobre una de las diversas formas del sexismo y, sobre todo, de la discriminación hacia la mujer. El artículo suscitaba a la reflexión. No era para menos en lo absoluto, pues daba cuenta de los límites de la famosa «cosificación» de la mujer dentro de un discurso asociado al mundo del cine. A modo de preámbulo, quería decir que hago este artículo por dos razones: la primera es que me deprime tanto la dinámica caótica actual en el resto del mundo, que he decidido quedarme callado esta semana. En segundo lugar, y más importante, lo escribo para asociarlo con el tema de la marcha del 13 de agosto por la defensa del respeto a la mujer y a la igualdad.

Posiblemente, hace millones y millones de años, la sociedad era más igualitaria, las necesidades eran diferentes y la vida, en general, era distinta. Con el paso del tiempo, las sociedades fueron adoptando formas heteronormativas, se fue construyendo socialmente el género. Se inscribió como un discurso (a saber, un sistema de creencias dentro de una o más sociedades) en incontables sociedades alrededor del mundo y por ello es que coge formas variadas hasta en los lugares más inhóspitos de la cultura.

El cine es uno de los mayores reflejos de la cultura, de los deseos, de los sueños y de los discursos de cada sociedad. En el artículo “Mujeres sin cabeza de Hollywood”, el autor va indagando acerca de diversas portadas/pósters de películas producidas en Hollywood en las/los que nunca aparece el rostro ni la cabeza completa de una mujer. En muchas, solo salen las piernas, por ejemplo. En muchas otras, los brazos, el torso, los pies (con los tacos, obviamente), etcétera. Películas, por ejemplo, como “El graduado” de hace ya varias décadas muestran a actores como Dustin Hoffman observando las piernas con famosas panties. Es un gran ejemplo: el hombre sale a cuerpo completo mientras que de la mujer solo salen sus piernas con panties.

Las panties son un elemento de vestimenta construido socialmente de total feminidad. No es un fenómeno aislado que de la mujer solo aparezcan sus piernas y que de sus piernas solo aparezcan, aparte de muy bien rasuradas y «sensuales», las panties sean la única vestimenta de importancia para ella. A simple vista, es un correlato, pues, de la sociedad machista en la que se vive y en la que la mujer es relacionada con formas de vestir y con formas específicas de ser sensual: con panties, por ejemplo y con piernas rasuradas.

¿Pero qué más significa que solo aparezcan las piernas, o el cuello, o el pie, o el hombro, o el bikini, o el taco, o solo una parte de la cara de la mujer? Según el autor, la omisión de la cabeza o de gran parte de la cabeza sirve para representar la carencia femenina de cerebro. Uno de los más grandes prejuicios se instala, de repente, en grandes obras del séptimo arte. El cerebro es la parte del cuerpo pensante: la parte tan desarrollada que nos ha hecho humanos. La mujer está representada así. Su cabeza no existe. Al contrario, lo único que vale en ella es, si nos ponemos a analizar un poco más las imágenes, su cuerpo con sensualidad y vestimentas particulares. Así como muchas obras de cine han dado una nueva visión del feminismo y la igualdad, y nos han hecho reflexionar acerca de miles de problemas que, acaecen a diario. Es así que el cine no se ha salvado del bicho del machismo y de la sociedad heteronormativa. Estas mujeres sin cabeza son solo un pequeño punto específico dentro de todo un sistema que no deja de funcionar.

Ahora, ¿cuál es la importancia de escribir algo así? Antes de responder esta pregunta, quiero decir que todo lo que he escrito en este blog no es más que una mera reproducción de lo visto en ese artículo. La importancia de escribir algo así y de reproducirlo (al menos, como lo estoy haciendo yo) también está asociada al fin de la marcha del trece de agosto: dar cuenta de los atentados múltiples, tanto materiales como ideológicos, causados por la sociedad machista y el discurso cultural todavía existente. Esa es la importancia y hay que mirar con gratitud a quienes organizaron la marcha, como los que escribieron esos artículos. Mi mero (lo repito) accionar de reproductor de lo ya dicho solo sirve para recordar el mensaje y que llegue a más personas.