Colaboración de Pavel Chávez Azurín – Ingeniero de Minas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estudiante MBA de CENTRUM PUCP.

Hace más de cuarenta años los chilenos entendieron que “el cobre sería el sueldo de Chile; y la tierra, su pan”. Asumieron que la explotación y producción del cobre impulsaría el desarrollo de los demás sectores de su país y lo tomaron como proyecto nacional para forjar una sociedad nueva. Ahora vemos los resultados.

En el Perú, país minero por excelencia y tradición, no solo tenemos cobre, sino también una gama de minerales que aún siguen debajo de ese “banco de oro” que tanto nos increpaba Antonio Raimondi. Esta realidad nos compromete como peruanos a promover la minería. Debemos prestar mayor atención a lo que nuestro país puede ofrecer al resto del mundo en materia de explotación, sin caer en un patriotismo exacerbado, ni en recetas políticas demagógicas. El camino adecuado está en aplicar estudios técnicos serios; siendo conscientes de nuestras necesidades actuales con proyección a futuro, para conseguir cumplir con los estándares internacionales de cuidado ambiental y responsabilidad social. Así podremos hablar en igualdad de condiciones con nuestros competidores.

Actualmente, el sector minero se encuentra estancado por la disminución del precio de los metales; no obstante, se visualiza una ligera tendencia a estabilizarse a mediano plazo por el incremento de la producción y los ajustes en la eficiencia operacional de los costos. Sin embargo, es necesario modificar algunas leyes, renovar otras o derogar las que estén fuera del contexto global en que vivimos; reducir la burocratización del trámite para las inversiones y consolidar un clima estable y predecible para los inversionistas.

Pero esta iniciativa debe tener un efecto dominó que se refleje desde el ámbito gubernamental hacia todos los sectores de la sociedad. Es decir, crear una cultura minera en los ciudadanos, demostrándoles que una minería desarrollada racionalmente en todas sus etapas y teniendo en cuenta el cuidado ambiental y social permanente es beneficioso para todos y puede contribuir a incrementar nuestra riqueza. Esto evitará antagonismos entre diversos sectores que hacen uso del suelo. Así se tomará conciencia de que si alguna vez esta tierra nos brindó lo más valioso de sus entrañas -que son sus recursos minerales- para crecer económicamente, luego esta misma nos servirá para cosechar sabrosos frutos que seguirán alimentando a las futuras generaciones. Tenemos ya la experiencia de países desarrollados donde la minería y la agricultura conviven en una sinergia permanente.

En el aspecto microeconómico, demostrando la creatividad e iniciativa emprendedora que nos caracteriza a los peruanos, el Estado debería buscar un mecanismo para procesar nuestra materia prima y convertirla en productos de manufactura nacional, aun con la escasa tecnología que poseemos. Por ejemplo, creando pequeñas y medianas empresas que se dediquen a la joyería o artesanía; ya que somos poseedores de un gran conocimiento milenario sobre estos oficios, somos reconocidos internacionalmente y tenemos artesanos especializados que trabajan casi por tradición en negocios familiares. O crear talleres que produzcan insumos básicos para las distintas industrias nacionales, como: pernos, clavos, fierros para sostenimiento y construcción, etc. El impulso de estas empresas ayudaría mucho en darle mayor valor agregado a los minerales extraídos e incrementar las ganancias, además de reforzar la idea de “consumir lo que producimos”.

En el aspecto educativo es necesario cerrar la brecha que existe entre la empresa minera y las escuelas profesionales relacionadas a esta rama. Resulta estratégico impulsar el intercambio de experiencias e información, difundir los avances técnicos, ofreciendo conferencias sobre investigaciones e innovaciones tecnológicas, implementar laboratorios en las universidades que les servirán a las mismas empresas paras sus análisis, dirigidos a mejorar los procesos de esta actividad. Es decir, facilitar un feedback entre empresa y universidad, tal como sucede en los países avanzados. De esta manera las mineras podrán constatar que invirtiendo en las escuelas profesionales para convertirlas en centros de investigación y experimentación –que es precisamente el papel que debe jugar la universidad- será una buena decisión, porque contribuirán no solo a elevar el nivel de esta industria sino de la educación en todo el país. Y como sabemos, la educación es siempre rentable para la sociedad (mejor educación = mejor futuro).

Hay mucho camino por recorrer en cuanto a desarrollo económico y social. Pero lo más importante es darnos cuenta que una gran oportunidad para dinamizar la economía y erradicar la pobreza del Perú está en nuestras manos o, mejor dicho, bajo nuestros pies.

Como diría el más universal de los poetas: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”.