¿Podemos realmente separarnos/desprendernos de nuestras identidades?

Esta cuestión es la que os planteo en esta ocasión; y es la misma que Greg Germain emprende en su Voyage dans une mémoire, o Viaje en una memoria para los no francófonos. Greg Germain, actor francés de ascendencia africana y árabe, voz de Will Smith en los doblajes franceses, nos lleva a través de un viaje su memoria, pero no es una memoria netamente personal, es una memoria colectiva, una memoria de sus identidades, de todo aquello que lo hace pertenecer a diferentes grupos, como también lo diferencia de otros. Si bien todo parte de pequeños recuerdos a lo largo de su vida, desde su infancia hasta su adultez, ello nos hace ver todo el espectro que es una sola persona. Todos tenemos un pasado cultural, del que muchas veces no damos cuenta, del cual somos ignorantes u olvidadizos. Nuestras identidades suelen ser lo que nos define e incluso a veces encarcela en una categoría, peor ¿cómo podemos hacer que los demás vean más allá de estas identidades? ¿podemos realmente dejar nuestras identidades?

Hay una frase que me menciona la madre de nuestro actor: “Cuando uno evita las cosas, las cosas lo dejan”. Líneas arriba pregunté si nosotros podemos dejar nuestras identidades, pero ¿pueden estas dejarnos a nosotros? Germain se ve enfrentado ante esta duda cuando debe tomar la difícil decisión de tener que dejar que actuar ya que los únicos roles que le proponían eran de personajes decadentes, de los villanos, muchos de los cuales satanizaban sus identidades; se ve encasillado en un estereotipo. Pero entonces nos hace ver que su decisión fue la mejor que pudo tomar, dado que, a partir de esto, pudo encontrar los roles que realmente le interesaban hacer, y no depender de una llamada de algún productor, por lo que recibe de respuesta por parte de su madre es: “A ti el teatro nunca te va a dejar”.

Hemos ido a un viaje por las distintas identidades de Greg a través de su memoria, de sus recuerdos, y hemos visto cómo él ha logrado cohesionar todas estas identidades, hemos conocido su lucha por estas, y el orgullo que conlleva el ser portador de ellas. En un mundo donde nos vemos constantemente enfrentados por nuestras particularidades, Greg nos da una reflexión sobre estas en sus líneas finales: “Mi única nación de aquí en adelante es la imaginación”. Me encanta esta idea del actor, un lienzo en el cual pueden verse reflejadas diferentes identidades, diferentes mundos; y pienso que tal vez si todos fuésemos “actores”, tal vez podríamos ver mucho más allá de nuestras propias particularidades, y entenderíamos que lo único que realmente importa en un mundo donde usamos estas, más para diferenciarnos que identificarnos, es nuestra condición humana.

Recientemente leía a Amartya Sen y me quedó esta idea de que debemos relativizar las identidades, porque estas lo único que logran es dividirnos, si bien hace que nos veamos siendo parte de un grupo, lo que más resalta de ellas es el decir: yo NO soy esto; pero a su vez no podemos desprendernos de ellas del todo porque estas mismas son las que nos configuran, sin ellas no podríamos responder a la tan famosa y difícil pregunta de: ¿quién eres? Cada persona tiene una configuración identitaria especial, nunca se va a dar el caso de que dos personas coincidan en todos sus rasgos identitarios, y esto es lo más hermoso de ser humano, porque realmente podemos decir que: somos únicos y diferentes.