Más de 18

Digamos que hago cosas raras. Que en vez de escribir en un escritorio, escribo echada en un parque a altas horas de la noche. Han pasado delante de mí varios vecinos mirándome perplejos, seguro se preguntarán qué hace una chica como tú en un lugar como este. Y me resulta terriblemente poético verlos caminar por este mundo enfermo, dónde siembro una parte de mí. Algunos pasan desganados cargando sus mochilas y otros sacando a sus perros para que caguen en el parque. Mientras pasan como muertos andantes, doy un respiro profundo y comienzo a dar inicio a mi historia en una hoja de papel.

Sigamos diciendo que hago cosas raras. Que tengo el lado bueno de mamá y que navego en el lago de la fidelidad con mi padre, pero cuando salgo a la calle, mi voz comienza a desafinar. Corro desesperadamente para que la noche nunca me atrape. Suelo quitarle la letra ‘t’ a la palabra rutina. Que no me canso de buscar poemas todos los domingos por las noches para hallar consejos para jóvenes sensibles como yo. Que sigo cambiando mis mareas para
que otros fumen de mi bondad. Que busco mi adolescencia en los libros y que, además, espero encontrar a un Penélope que me cuente los lunares mientras yo le traigo la luna vacía para ponerlo en una taza de té.

Por si lo olvidaste, te lo vuelvo a repetir, hago cosas raras. Ambiciono las cosas que me hacen daño. Me encanta sentirme mutilada y muy pequeña. Bailo con las estrellas en secreto para olvidar. Deseo la figura del pecado que he diseñado para mí. Adoro las eternas despedidas. Pinto paisajes con mi paladar. Juego a la muerte cada vez que veo un lavabo. Que me encantan las citas sin flores y las camas dónde no salgan confesiones. Y que amo
invitarme hacer daño con una copa de vino en la mano.

Sí, hago cosas raras. Y por ello, he aprendido a perder, a quedarme con los abrazos, a cuidarte y a cuidarme porque nos debemos la vida. A verte escondidas cosas que no puedes imaginar. A tener la sonrisa más bella cara al mar y a usar quebrador de sueños en vez de un lápiz labial. He visto a mis amigas ser madres. He visto como la gente cae por intentar volar. He visto como el verbo desconocerte se me hace difícil de tragar. He visto como hombres quieren ser mujeres y como las personas encuentran la eterna felicidad cuándo hallan el tesoro que guardaban dentro de ellos.

Tengo más de 18. No dejo de hacer cosas raras. Siempre espero que vuelva la primavera para poder cambiar mis amores. Tengo 2 hermanos, una amiga y nada cuerdo. Soy promesa en un pronombre posesivo. Soy el viento que te peina y te habla de los olvidos. Soy los besos robados y elegidos. Soy reflejo que se vuelve a favor de su propio destino. Soy la noche que tiembla en tu mirar. Soy las balas de amor que se tiran dos amantes en un hotel. Soy la
sonrisa de la puta que te mira con gracia. A la vez, soy la dama qué te cobra el amor y que viene a matarte. Soy la rosa que florece en tu pecho y el abrazo que no abraza nada. Soy las historias de amor que nunca terminan
ni inician. Soy chica en ámbar. Soy jodidamente poesía.

Tengo más de 18. 18 años ya viví.

 

Nombre: Bubu Arlim
Carrera: Comunicación Audiovisual
Universidad: Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)

 

 

 

#1


La luna rosa se derrite a diario
Cede ante la penetrante luz de la vida
desilucion, Verdad
Realidad
Que se desnuda en su baile por la ciudad
para toda alma que tenga el valor de verlo
Una mugrosa danza de gallinazos y cerdos en pedestales.
Dando vueltas,
como una striper en hora punta,
dando vueltas
Seduciendo a todos los crios que se tapan los ojos
y la imaginan convirtiendose en princesa.

Pero la magia no existe
y esta verdad,
este ritual de usura,
ya es tradicion inamovible,
o esa es la mentira que elegimos creer
para ignorar la culpa de ser parte de el.

 

Nombre: Fabrizzio Ruiz de Somocurcio
Carrera: Economía
Universidad: Universidad del Pacífico (UP)