La sociedad española recibiría otro golpe en el mediano plazo. Luego de las duras políticas de austeridad, España no parece pasarla mejor que antes de iniciada la crisis. La semana pasada fue presentado en el Parlamento español el Proyecto de Presupuestos para el 2014, y se arrojó esta cifra que debe estar estremeciendo a la ya de por sí vapuleada sociedad española: para el 2014, España deberá más de un billón de euros. El triple que antes de la crisis, según El País. La mitad de ese presupuesto será destinado para pagos a desempleados, pensiones y cubrimiento de intereses. Con eso la inversión quedará recortada. Pocas semanas atrás, muchos diarios señalaban con esperanza el tímido repunte de la economía española. Lo cierto es que España sigue con la soga al cuello.

En el sur de Europa la situación es similar. Ha aumentado la prima de riesgo de Grecia y Portugal. Esto coloca a ambos países en una situación muy incómoda dentro de la coyuntura europea. Lo mismo le ha ocurrido a Italia.

Que Europa esté saliendo de la crisis, como informaron algunos datos económicos, puede ser puesto en debate. Los políticos europeos están empeñados más en resguardar sus poderes que los de la sociedad. Así se explica la subida de la prima de riesgo italiana por la convulsa desatada por Silvio Berlusconi. “Il Cavalieri” no ha permitido que su inmunidad parlamentaria sea puesta en juego por una condena por fraude fiscal. En respuesta, Berlusconi sacó a 5 de sus ministros del Gabinete de coalición y remeció la estabilidad política del Primer Ministro italiano, Enrico Letta. Las bolsas de valores alertaron sobre eso y con ello la prima de riesgo de Italia creció. Son probables nuevas elecciones a la vista de una posible disolución del Parlamento, y para el analista político Pierpaolo Barbieri esto resultaría satisfactorio para un país que ansía reformas estructurales. El analista confía en que una fuerza de centro-izquierda, a cargo del actual alcalde de Florencia Matteo Renzi, podría ser quien enfile en el progreso a la bella Italia.

“Más vale diablo conocido que ángel por conocer”. Esa es la frase que puede sintetizar el sentimiento del ciudadano teutón durante las elecciones alemanas del 22 de setiembre. Con un discurso moderado y que pretende mantener en la seguridad a la sociedad alemana, Ángela Merkel corre por su tercer mandato. La izquierda alemana, con sus propuestas de elevar salarios, subida de impuestos a los que más tienen e inversión en infraestructura no ha sido escuchada. Ángela Merkel ha garantizado seguridad y los votos han favorecido a la Mutti (mami). Nani Mosquera, peruana que residió por largos años en Alemania, me cuenta de las serias fracturas en el tejido social alemán: “hay quienes tienen dinero para solventarse gastos pero hay también quienes pasan por pésimas condiciones laborales y de vida”. “Esto en un contexto de flexibilización laboral y liberalización de las empresas”, cierra.

La máxima que empieza el párrafo inicial no es gratuita. Merkel podrá representar la seguridad económica a un pueblo alemán que mayoritariamente no quiere cambios, pero, a nivel de UE y zona euro, es una ferviente seguidora del “austericidio”. Este consiste básicamente en reducir (drásticamente en el caso de Europa) el gasto público para servicios y programas sociales y subir impuestos. Ello con el fin de reducir el déficit. Por supuesto, como el encabezado de España sugiere, eso no se ha logrado; y es más, los prejuicios sociales han incrementado. Incluso el conservador FMI ha cuestionado que se siga aplicando la austeridad en terrenos que aclaman pronta solución. En sus declaraciones para tentar un tercer gobierno, la canciller mencionó que con ella tenían seguridad. La situación espantosa para los ciudadanos europeos se prorroga.

Analistas indican que Europa está en el final de su crisis. Algunos no lo creen hasta que se den reformas de carácter fiscal. Esta medida, puesta en el tapete, no llegaría a buen puerto por las recientes declaraciones de la Canciller que pregona la austeridad.

01-10-13