Hace 230 años nació -en territorio británico- una mujer con ascendencia africana, condenada a la esclavitud; y, expuesta a los maltratos y torturas que eran ejercidos sobre toda persona que tuviera su mismo color de piel. Esta es la vida de una mujer que va en contra de una élite inglesa ciega al sufrimiento de gran parte de su sociedad.

A pesar del peso de las cadenas sobre su historia, Mary Prince se convierte en la primera mujer negra en escribir una autobiografía que cuestiona y describe con detalle su situación de opresión, bajo el yugo de una sociedad injusta. Asimismo, narra el sufrimiento y los engaños que consumían lentamente a sus hermanos esclavos hasta la muerte. “The History of Mary Prince, a West Indian Slave” genera en 1831 un gran impacto. No solo da a conocer verdades ocultas sobre la clase opresora, sino que genera el impulso que da comienzo a una serie de movimientos abolicionistas. Sus palabras provocan en el lector del s. XIX una indignación tal que produce un deseo de justicia, una lucha por los derechos de un grupo tan humano como cualquier otro.

¿QUIÉN FUE MARY PRINCE?

Su historia inicia en la isla de Antigua en 1815, alrededor del suceso de su venta y consiguiente separación de su familia. Después de sufrir lesiones y abusos por parte de cuatro dueños, es entregada al último, quien sería autor de sus peores experiencias. Mr. John Adams Wood Jr. la compra como esclava doméstica, sin imaginar todo lo que ello implicaría. Transcurren 11 años hasta que conoce a David -un hombre negro pero libre- con el cual decide casarse, pero se ve forzada a abandonarlo un año después debido a la voluntad de sus amos; quienes disponen mudarse a Londres. Poco tiempo después, a sus 19 años, intenta regresar con su pareja a la isla de Antigua, sin embargo Mr. Wood se lo impide. Por ello, Prince es víctima de azotes y no puede escapar de los recuerdos traumatizantes que el maltrato ejecutado por sus amos a sus esclavos han dejado en ella; sobre todo para quienes intentaban escapar de su dominio.

Es importante señalar que durante los primeros 13 años de dominación a cargo de Mr. Wood, ella se integra a la congregación de Moravia, un centro de educación para esclavos. Lo cual le permite aprender a leer, y poder escribir todo lo que va experimentando, en su libro.

Los años transcurrieron, y para 1828 aún no se había prohibido totalmente la esclavitud y la misma Prince se sentía su propia esclava, pues el miedo a ser expuesta otra vez al látigo de su amo retenían su libertad. El estigma de su “raza” la perseguía a todos lados. En la calle, la segregación; en su hogar, no tenía, era el de sus dueños. No obstante, nunca se sintió sola, pues fue apoyada por sus hermanos esclavos con comida, dinero, entre otras cosas. Ese mismo año apareció un abolicionista en su vida, Thomas Pringle, quien le ayudaría a negociar su libertad con su amo y, así, retornar con su esposo.

Es así que en 1829 el caso de Prince fue llevado al Parlamento, en el cual se presentó una solicitud para que ella pudiera volver a las indias occidentales, no como esclava sino como una persona cualquiera. De esta forma, se volvió la primera mujer en presentar una petición reclamando su derecho a la libertad. Lamentablemente, solo obtuvo un rechazo y la familia Wood la desempleó. Sin embargo, de inmediato Thomas y su esposa contrataron a Mary como empleada doméstica con sueldo. Llegada a este punto es que comienza la escritura de su autobiografía y retrata la realidad -nunca antes contada- por la boca de la facción social esclavizada y, sobre todo, por una mujer.

“The History of Mary Prince, a West Indian Slave” (1831) toma forma con el apoyo de la familia Pringle y la transcripción realizada por Susanna Strickland, quien luego se convierte en una de las escritoras más emblemáticas del siglo. Dos años después, la autobiografía es publicada en la isla de Antigua, destacando el rol de editor de Thomas Pringle y la autoría de Mary Prince. La publicación generó, para ambos, cargos y denuncias por difamación; lo que llevó a Mary Prince a testificar en contra de las acusaciones, suceso del que solo Thomas Pringle fue indultado y en el cual la historia de Prince fue tachada de exagerada.

A pesar de que no se hayan encontrado datos certeros sobre la vida de Mary después del juicio, se sabe que el escrito suscitó en la sociedad británica un espíritu abolicionista, de fuerte oposición contra los regímenes de esclavitud.

La emancipación de los esclavos negros se consiguió en 1834, gracias a la iniciativa de una esclava de Bermudas -ahora mujer libre- que no dudó en enfrentarse al monstruo comercial e ideológico que era la esclavitud, con sus años y años de existencia. El 26 de octubre del 2007, durante la celebración del bicentenario de la abolición, se realizó una placa en su memoria.

En su autobiografía no permite que se olvide su principal objetivo:

“Esto es esclavitud. Le digo que deje que los ingleses sepan la verdad; y espero que nunca dejen de orar a Dios y llamen en voz alta al gran Rey de Inglaterra, hasta que todos los negros pobres sean liberados, y la esclavitud eliminada para siempre”.  (Prince, 1831)

Personalmente, reconozco en ella un ejemplo a seguir. Sus palabras son dagas de sinceridad que marcan no sólo al culpable de sus lamentos sino también a aquellos que se identifican con su historia. Mary Prince es la clase de persona que en la actualidad se debería tomar en cuenta como modelo para nunca dejar de luchar por nuestros derechos, y para que cualquier cualidad que nos defina -género, raza, religión, orientación sexual, etc- no sea una barrera en nuestro camino.