¿Qué estarías dispuesto a hacer para conseguir lo que quieres? ¿Cuán lejos llegarías para conseguir eso que con tanto anhelo deseas? Estas son las dos dudas que vienen a mi cabeza desde el primer momento en el que salgo de la sala de teatro. Pensamientos como poder, guerra y corrupción invaden mi mente y me hacen darme cuenta que Macbet no está del todo alejada de nuestra realidad. Macbeth, escrita por William Shakespeare, es una tragedia histórica que cuenta la vida del general Macbeth, quien regresa victorioso de la guerra siendo recibido con honores por su esposa y su país, para recibir la promesa de convertirse en el próximo líder de la nación. Para, a continuación, presenciar los extremos a los que su propia ambición lo llevará y así alcanzar esa promesa, como será el de asumir un rol de tirano total.

Una vez más Shakespeare es protagonista de mis artículos, y no puede ser de otra manera que con otra de sus obras más emblemáticas: Macbeth. Pero en esta versión, la h es omitida, y la temporalidad pasa a ser la nuestra, en lugar de aquella isabelina a la que estamos tan acostumbrados a asociar cuando mencionamos al gran bardo de Avon. Y es que es un gran impacto el que ocasiona esta puesta en escena en sus espectadores, debido a ser una adaptación libre. Tenemos esta idea de que las obras deben seguirse al pie de la letra, que debemos mantenernos fieles a la fuente original, sin cambiar mucho ya que, si no, deja de ser la obra en sí. Si bien algunas ligeras variaciones son buenas para agregarle algo de frescura a la puesta en escena, no debemos cambiar mucho ya que si no perdemos a la obra.

Pues bien, con Macbet, todas estas creencias que se tienen sobre el teatro quedan destruidas. Empezando por el título, sin h; como queriendo darnos a entender que esta es sólo una distracción de la trama de la obra. Asimismo, la temporalidad: Siglo XX o XXI. Bien podría tratarse de los años 90s en Perú o la Venezuela actual, donde el desorden político era y es una constante, donde un día gobernaba uno y al siguiente otro, donde un día todo es paz y a la siguiente guerra. Pero debo decir que el elemento que separa totalmente al Macbeth de Shakespeare del Macbet de Vanessa Vizcarra: el uso de tecnología multimedia, ya sean smartphones, videollamadas, grabaciones, cámaras, proyectores, laptops, y demás; que no sólo quedan como parte de la escenografía, sino que interactúan con los actores, y son fundamentales para el desarrollo de la historia.

Y para poner la cereza al pastel, como diríamos coloquialmente; es el reemplazo de las brujas, quienes auguran el futuro de Macbeth en la obra original, por el de la prensa personificada en una presentadora de noticias interpretada por Denise Arregui lo que termina de configurar esta obra. Porque así tratemos de negarlo, la prensa siempre ha jugado un rol muy importante en este tipo de sociedades. Cómo esta puede tomar el rol de desafiar al Estado, o el de aliarse al gobierno de turno velando por sus propios intereses, porque siempre habrá un grupo que nunca saldrá perdiendo y en cambio conseguirá algo a su propio beneficio. Pero como todo, un día estás arriba y al siguiente abajo, y el orden debe volver; porque así son todas las obras de Shakespeare, siempre hay un orden que debe prevalecer al final, pero el orden no es constante, siempre hay cambios y rupturas; y hasta que llegue el próximo cambio, nos estaremos leyendo.