Editado por Fiorella Germán Celi

Hace 485 años, entre la ribera del río Rímac, las rocosas montañas del Este y el mar al Oeste, se trazó el damero de Lima, la Ciudad de los Reyes y nuestra enredada capital.

Desde su fundación, la ciudad gris congregó entre sus calles la complejidad de diversos matices sociales. En la Plaza Mayor podíamos cruzarnos con un aristócrata circulando en la calesa más pomposa de la ciudad y una cuadra después hallarnos entre una multitud de comerciantes, indigentes y mulatos menesterosos.

La Lima actual ha heredado de su pasado virreinal aquella pluralidad social entre sus residentes. Con el devenir de los años y tras la expansión urbana, nuestra capital concilió con las nuevas tendencias citadinas y se renovó, pero los múltiples rostros de una ciudad continúan adornando el retrato limeño.

Las corrientes migratorias “del campo a la ciudad” complejizaron aún más el panorama de la heterogeneidad socioeconómica. En Lima “hay mucho trabajo”, repetía Gregorio en la reconocida película homónima de 1984, dirigida por Fernando Espinoza al mando del Grupo Chaski. Gregorio y su familia representaban el arquetipo preciso de aquella masa social que dejó los Andes en busca de nuevas oportunidades. Por aquel entonces –y hasta ahora–, Lima era fantaseada como la ciudad del progreso y de las oportunidades: una utopía de esperanza.

Aquellos fueron los últimos grupos sociales que completaron la masa heterogénea y le dieron a Lima la configuración que conocemos en nuestros días. Entonces, Lima se acercaba al siglo XXI como una urbe pluricultural y no solo encontrábamos entre sus turbulentas calles al personaje pudiente de la clase alta, sino también al palomilla del barrio. Ya no era la Lima de palacetes aristócratas ni suntuosas edificaciones eclesiásticas; ahora, era la Lima de las barriadas populosas. La ciudad se desbordaba y se convertía en un “microcosmos del macrocosmos nacional” como afirmaba José Matos Mar en su libro Desborde popular y crisis del Estado.

Lima la horrible

Es cuestionable la desmedida relevancia que posee la capital. Lima es denominada como el foco económico del país, pues congrega el 48,1% del PBI nacional y el 61,2% del PBI en manufactura. Además, en la ciudad se encuentran la mayor cantidad de universidades, centros sanitarios y oficinas administrativas del Gobierno.

Sin embargo, se olvida que Lima fue constituida con la finalidad de ser protagonista en la historia del Perú. Ello explica por qué el libertador don José de San Martín aspiraba llegar a Lima para sellar la independencia; por qué el gobierno chileno se declaró victorioso cuando invadió la capital; y por qué los Juegos Panamericanos se desarrollaron en suelo limeño.

Con su informalidad, inseguridad y cielo grisáceo, Lima simboliza la confortable morada para todos los limeños. Es como aquel hogar del cual renegamos siempre, pero que al alejarnos de él añoramos y anhelamos ansiosos volver, pues es la Lima de Palma, Santa Rosa y San Martín. Es la Lima horrible de Salazar Bondy. Es la Lima de todos.