Desde el sábado 12 de abril, han aparecido pianos distribuidos en distintos lugares de Lima. De repente, en medio del parque o, tal vez, en una avenida transcurrida o en un centro comercial, nos encontramos con estos instrumentos. No son los típicos pianos llanos, negros o marrones y aburridos; son coloridos, originales y cada uno tiene un toque especial que lo hace único. Los 20 pianos que han sido colocados en diferentes espacios de Lima y Callao han sido intervenidos por diferentes artistas e instituciones, logrando verdaderas piezas únicas que adornan la ciudad con un aire musical.

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Esta iniciativa surgió gracias al artista Luke Jerram en el año 2008 y, desde entonces, viene recorriendo diferentes ciudades del mundo bajo el lema “Play me, I’m yours”, una invitación directa para que grandes y chicos, principiantes y expertos se atrevan a sentarse un rato y arrancar unas notas en estos fabulosos instrumentos. A Lima le ha llegado el turno y tendremos hasta el 10 de mayo la oportunidad de visitarlos y tocarlos.

Yo recuerdo algo similar en el verano del año 2011. Tengo un vago recuerdo de un piano en el parque Kennedy durante esos días antes de empezar mis clases en la PUCP. Cuando me enteré de esta nueva oportunidad, supe que tenía que visitar todos los que pueda y me propuse recorrerlos casi como si estuviese recorriendo las siete iglesias en Semana Santa. Así, el viernes santo aproveché para visitar el primero al lado de la Municipalidad de Lima, en el centro de la ciudad. Luego, mi mejor amigo me acompañó por otros distritos. Me conmovió muchísimo ver la forma en la que los niños se acercaban al instrumento, con mucha curiosidad. Entonces, pienso que esta pequeña experiencia puede motivar a un niño a interesarse más por la música y me alegro de saber que existen oportunidades como esta.

Alrededor de cada piano, se construye un espacio de interacción. En mi recorrido por Lince, San Isidro y Miraflores llegué a ver cinco pianos más. En cada uno había niños, jóvenes, adultos, turistas, etc. Tuve la oportunidad de escuchar tanto el juego de los niños soltando notas despreocupadas como la interpretación de piezas más complicadas y clásicos. Las personas pasan y se quedan mirando, observan con ojos curiosos, se atreven a juguetear con las teclas, se dibuja una sonrisa en sus rostros ante el dulce sonido y la ciudad tiene otro color. Yo misma me senté después de muchísimo tiempo frente a este instrumento y -a pesar de que estoy oxidada y no logré tocar una pieza completa que me dejara satisfecha- sentí que una parte de mí que había olvidado estaba de vuelta y la sensación fue maravillosa.

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No se pierdan la oportunidad de ir a visitar alguno de los 20 pianos distribuidos en Lima y Callao. Les aseguro que tienen más de uno cerca y podrán pasar un buen rato, incluso si no son pianistas expertos. Luego, pueden pasarnos sus fotos o compartirlas en la página de esta iniciativa con el hashtag #Maspianosatuvida. ¡Música para todos!