En el Perú, somos consumidores de muchos productos comunicacionales provenientes de Asia. Aquí, desde hace muchos años, hay un gran número de fanáticos de las animaciones japonesas. Somos un país donde la fiebre del K-Pop ha pegado más fuerte que en cualquier otro lugar de América Latina. No faltan los eventos y los lugares para disfrutar un poco de la cultura asiática.  Sin embargo, un aspecto en el que pocos se fijan es en la producción cinematográfica más allá de las películas originadas en los mangas o cómics japoneses o en las series de anime. Hoy quiero hablarles de las películas de uno de los directores japoneses más queridos y apreciados de los últimos años: Hayao Miyazaki.

Creo que más de uno ha visto, en algún momento, alguna película de Miyazaki o algún filme realizado por el célebre Studio Ghibli, del que es socio fundador junto a su mentor y amigo Isao Takahata. A este dúo se le une el magnífico compositor Joe Hisaishi, creador de la banda sonora de la mayoría de sus películas, cuyas piezas musicales son francamente memorables. Entre las obras más conocidas de este director están “El viaje de Chihiro”, “El castillo ambulante”, “La princesa Mononoke”, “Mi vecino Totoro”, etc. Me dirán que son películas para niños, que no vale la pena verlas. Pero, les invito a mirarlas con otros ojos a partir de este artículo.

Miyazaki ha elaborado en cada una de sus películas mundos fantásticos de una gran complejidad. La animación es muy cuidada y se han tenido en cuenta todos los detalles en su elaboración. Sin embargo, más allá del aspecto estético, cada filme presenta una abundancia de temas que llaman a la reflexión en los espectadores y que, muchas veces, representan metáforas del mundo contemporáneo. Así, algunas películas resaltan el cuidado del medio ambiente o mensajes antibélicos. Estas películas son capaces de transmitir mucho significado a partir de historias en las que la ternura se contrasta muchas veces con lo grotesco y se muestra una clara influencia de la cultura tradicional japonesa.

Algunos temas son muy complejas como la maduración de los personajes, la identidad o la transformación.  Los mundos de Miyazaki presentan varios personajes con características muy individuales y llenos de simbolismo. Cada rasgo puede referir a mucho más aparte de lo que vemos en la pantalla. Hay tanto que se pueden elaborar complejos análisis e investigaciones (y se han hecho) sobre estas películas. Si las miramos con detenimiento, no solo nos vamos a encontrar con fascinantes historias mucho más complejas que cualquier cuento de Disney, vamos a sumergirnos en universos bastante elaborados y cargados de mensajes subliminales. Esta es una oportunidad para mirar más allá de lo evidente.

Lamentablemente, Miyazaki anunció su retiro el año pasado. No obstante, quedan sus obras, filmes que han sido nominados a numerosos premios internacionales, incluyendo varias nominaciones al Óscar -“El viaje de Chihiro” ganó la ansiada estatuilla en el año 2002-. Aprovechen estas vacaciones para ver algo distinto y salir de la rutina del cine americano, no se van a arrepentir. ¡Hasta la próxima!