La cultura criolla o “de viveza” es un rasgo indiscutible de la sociedad peruana, ya sea por el carisma de los pobladores, como por la astucia -con tendencia al aprovechamiento- de las autoridades estatales. Si esta característica es algo ya detectado por la mayoría de nosotros, ¿por qué no hacer algo? Pues, si bien es un aspecto ya impregnado como factor cultural del país, aquellos que están a la cabeza del reino peruano son los que más cosechan estas actitudes avispadas que uno mira con cierta admiración y, a su vez, con cierto desprecio.

La literatura, en lo que concierne al punto anteriormente señalado, no se ha quedado sin actuar. El poder que tiene este arte es transformar de una manera irónica, simbólica e incluso realista los temas que se desprenden de las no tan perfectas sociedades. En esta ocasión se hablará del reconocido escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, perteneciente al movimiento realista y a la generación del 50, etapa a la cual pertenecen célebres compatriotas como Mario Vargas Llosa y Carlos Eduardo Zavaleta. Ribeyro fue y es, en su mayoría, conocido por sus cuentos. Su obra abarca temas de la marginalidad, el impacto de la modernización en las zonas urbanas, así como duras críticas al entorno social (corrupción y viveza de los mandatarios).

“Los huaqueros” es un cuento de Ribeyro, desconocido para muchos, publicado originalmente en francés (su título original es “Les pilleurs de sepultures” es decir “Los saqueadores de tumbas”, pero ha sido traducido, mayormente, como “Los huaqueros” (por una expresión peruana acorde a la trama). No se le puede asignar un libro de cuentos (puede que haya publicado este cuento en solitario), aunque muchos críticos y expertos en el autor lo han asignado a la colección de “La palabra del mudo” en su última edición (2009), en donde figura este trabajo.

La trama de este cuento es bastante sencilla, a pesar del gran significado que carga. En primera instancia se describen a dos personajes (Tobías y Filiberto) que se dirigen, durante la madrugada, a una huaca ubicada en el distrito de Miraflores. Una vez que se encuentran en el lugar, Tobías y Filiberto sacan sus herramientas y comienzan a cavar con el fin de encontrar “un tesoro escondido”, objeto del cual hablaban las malas lenguas para explicar cómo las familias más poderosas construían sus grandes casas y se daban ostentosos lujos. En un segundo momento de la historia aparecen dos personajes nuevos (Andrés, el zapatero, y su compadre Toledo), quienes también están indagando en el lugar con la esperanza de encontrar algo valioso. La búsqueda de estos cuatro personajes, acompañada de tragos y charlas, peligra cuando, tras haber cavado un hoyo junto a los primeros cantos de los gallos, aparece un policía. La autoridad, bien vestida, les llama la atención por estar realizando un acto ilícito. El oficial se mantiene firme a la ley y les llama la atención a los “huaqueros”, junto con una amenaza de llevarlos a la comisaría; sin embargo, sus órdenes se suavizan cuando Tobías le comenta que han encontrado algo. La imaginación de todos los presentes, incluyendo la de la autoridad, hace que los personajes sueñen con haber encontrado un cofre lleno de monedas o un tesoro muy valioso. El policía, con una expresión de complicidad, incentiva a los hombres a seguir cavando para saber qué es lo que se oculta en ese lugar. Incluso, les ordena que trabajen silenciosamente, ya que el teniente se encontraba durmiendo en el auto policial, estacionado a unos metros. Una vez desenterrada la caja de madera que se escondía bajo tierra, los curiosos huaqueros -incluido el oficial- se dan con la sorpresa que se trataba del esqueleto de un niño. Al contemplar que no se trataba de algo digno de apropiarse, el policía regresa a su estado autoritario al ordenarles -a los cuatro excavadores- que tapen el hueco y dejen los huesos encontrados dentro de él. Finalmente, el oficial se retira del lugar y los huaqueros deciden llevarse la caja de madera, sin el esqueleto encontrado, pues esas viejas maderas les podrían servir para asar “unas buenas papas para el desayuno”.

Como se mencionó, la simbología de este cuento, a pesar de su narración sencilla, deja mucho para analizar y comparar con la sociedad peruana. El eje por el que se podría comenzar a analizar es el objeto que se quiere obtener, en este caso, algún tesoro. Desde un principio, los huaqueros indagaban en las tierras de aquella huaca miraflorina con la esperanza de encontrar algún objeto valioso. Lo que harían después -hipotéticamente hablando- de hallar tal objeto sería, tal vez compararse con las familias que ostentan lujos gracias a adquisiciones maravillosas (como tesoros). Evidentemente, este pensamiento de obtener lujos por algún milagro es una de las primeras críticas que hace Ribeyro, en este caso, a la corrupción. ¿Quién no ha escuchado hablar de los lujos que tienen las principales autoridades del país? Si no es en sus viviendas es en viajes, “para nada envidiables”, o en compras “de necesidad A1”. Por lo tanto, el supuesto tesoro que se quiere hallar no es más que un símbolo -utilizado como excusa por aquellos que lo han “encontrado”- del dinero turbio,de origen dudoso, o, simplemente, el dinero “fácil”, con el que tanto las autoridades como las familias involucradas en alguna cuestión de poder utilizan para vivir en el paraíso.

Siguiendo esta misma línea crítica y simbólica, los cuatro huaqueros que se encuentran excavando la huaca miraflorina podrían resultar una, sutil, representación de la sociedad limeña. Por un lado, se encuentra en ellos el característico criollismo limeño al realizar un acto ilícito para abrir la posibilidad de encontrar algo valioso, sin importar las consecuencias. Con esto no se hace referencia a que todo criollismo limeño lleve a un acto ilícito, sino, más bien, a que la viveza de conseguir el objeto, en muchos casos, sin importar los medios que se usen, está impregnado en los personajes. Por otro lado, un aspecto que aporta al punto anteriormente discutido es la creatividad y, en cierto sentido, un poco de conformismo. Los huaqueros, al no haber encontrado un tesoro, sino un esqueleto en una caja de madera, piensan en la utilidad que le pueden dar a los restos antiguos de madera (por ejemplo, para asar comida). Es decir, le encuentran un uso valioso, de cierta manera, a algo que para muchos (autoridades) no sirve para nada. Incluso, este objeto llega a tener un valor mayor al de las momias y tesoros que se pueden encontrar en la huaca, pues una vez que los huaqueros tienen esa madera en sus manos, se olvidan por completo de la excavación y sus misterios. Sin embargo, si bien han encontrado un objeto útil, se conforman con este, y no aspiran a seguir excavando en el mismo lugar o en otro lado. Puede que sí lo hagan más adelante, pero según lo que se narra en el cuento, se quedan contentos y conformes con su hallazgo.

En adición, la intervención de un policía es crucial para explicar la crítica del escritor peruano a la preferencia de las autoridades por el interés (y beneficio propio) antes de hacer cumplir la ley. Esta cuestión se manifiesta claramente en los cambios de actitud por parte del oficial. En primera instancia, el policía se muestra firme y pegado a la ley cuando aparece en el escenario de la excavación. Menciona que los huaqueros están realizando una actividad ilícita y, si no se retiran, tendrá que llevarlos a la comisaría. No obstante, su actitud hacia ellos cambia una vez que es de su conocimiento el hallazgo que están por desenterrar. Ante la ambición e interés de que sea algo muy valioso, el policía cambia su manera de actuar y pensar para volverse y cómplice más de esta aventura arriesgada en la huaca. Finalmente, la autoridad, al darse cuenta que lo encontrado es sólo un esqueleto, regresa a su posición firme, sin nada que hacer pues él ha sido parte de la acción, y se retira. La autoridad sería, más que nada, una apariencia para ocultar los intereses que existen de por medio.

Julio Ramón Ribeyro grafica con cierta ironía en su cuento una crítica a la realidad peruana. Si bien toca un problema grande, que es la corrupción, a partir de este se desprenden pequeños temas como la deshonestidad, el conflicto de intereses, el criollismo o cultura del vivo, entre otros. Estas son, sin lugar a dudas, cuestiones que dejan una herida más al país y a nosotros como sociedad. Son temas que persisten por años y que seguirán teniendo vigencia por muchos años más si es que no se comienza por un cambio. Un cambio que podría empezar con tomar conciencia de todos los aspectos negativos que no dejan avanzar al país, ya sea a través de cuentos, como lo plasma Ribeyro, de noticias u otro medio.