Es difícil encontrar algo más importante durante el Mundial de fútbol. No hay duda que Orellana, el caso Urresti, el paquetazo, la ley universitaria y todo lo relacionado a la política han pasado a segundo plano. El mes que dura el Mundial nos tuvo pendientes a todos; incluso a los que no tienen mayor afinidad con el fútbol. Es realmente conmovedora la manera en que nos emocionamos con un evento del cual no participamos hace 32 años, más aun, si la conclusión que hemos sacado del Mundial de Brasil es que estamos muy lejos de tener una chance para clasificar a Rusia 2018. Estamos a mucho tiempo de dejar de gritar goles ajenos y de dejar de entusiasmarnos con triunfos deportivos de otros países.

El nivel futbolístico nos ha superado abismalmente y, mientras eso ocurre, Manuel Burga, el presidente de la Federación Peruana de Futbol (FPF), siguió disfrutando de las finales de la Copa del Mundo desde un lugar privilegiado en los más grandes estadios por el cargo que realiza en la FIFA. Hay que ser bien caradura para aferrarse a un cargo que no ha dado resultados en más de 30 años. Seguramente, si la FPF se manejara por los resultados obtenidos, Burga hoy no viajaría en primera clase como lo hace cada vez que hay un partido importante en el mundo, ni tendría por el cuello a todos los dirigentes de los clubes que conforman el alicaído fútbol peruano.

Sí señores. Burga nos tiene en sus manos y no hay forma de deshacernos de él. Recordemos que en el 2008 fue inhabilitado y suspendido por el Consejo de Justicia Deportiva y Honores del Instituto Peruano del Deporte (IPD) por un periodo de cinco años. Se armó una confrontación contra Burga  entre Arturo Woodman, que por esos años era el Presidente del IPD, y el congresista Renzo Reggiardo, miembro de la Comisión de Deporte, quien denunció al titular del FPF por querer inscribir sin ningún sustento legal a su directiva en los Registros Públicos. En otras palabras, el IPD y la Comisión de Deporte no reconocían a Manuel Burga como Presidente de la Federación Peruana de Fútbol. Sin embargo, Burga, que conoce muy bien las normativas que la FIFA exige para que sus afiliados formen parte de sus competencias, afirmó que este impedimento para ejercer sus funciones tendría como consecuencia la desafiliación del Perú para toda competencia internacional relacionada con el fútbol, ya que la FIFA no acepta intervención política en ninguna de sus filiales. De esta manera, la pataleta con sus jefes surgió efecto y la FIFA le dio un ultimátum al gobierno para que cese con su intervención en contra de la FPF, ya que de lo contrario desafiliaría al Perú de toda competencia futbolística causando un gran perjuicio económico en los clubes de fútbol nacionales. Con esto, las medidas gubernamentales tuvieron que dar marcha atrás y reconocer las funciones de Burga. Asimismo, el año pasado, surgió otra vez la amenaza de desafiliación por las acusaciones por fraude, usurpación de funciones  y aceptación indebida de cargo en agravio del Estado y el Instituto Peruano del Deporte (IPD) que Burga tiene en su contra. No obstante, nuevamente nos podría contra la espada y la pared aduciendo que él actuaría de acuerdo a la ley que promueve la FIFA.

De este modo, Burga nos ha tenido bajo amenazas todos estos años. Estas amenazas no nos deberían atemorizar tanto, ya que estar afiliados o no al ente máximo de fútbol no nos asegura ningún triunfo deportivo. Por el contrario, la mafia que lidera Burga tiene como objetivo principal perpetuarlo en el cargo y seguir reeligiéndolo fraudulentamente. Con clubes comprados y una casi nula inversión en formación en las canteras, nuestras chances para competir están muy lejanas. Por eso digo que no se le debe tener temor a una desafiliación a la FIFA, ya que esto permitiría una reestructuración en las bases del futbol y empezar a trabajar en la formación de los próximos futbolistas.

Tengo la certeza que ha llegado el momento en que cualquier precio es justificable con tal de sacar a Burga, a aquel hombre que ha sido el mercader del futbol peruano por años y que no le importa nada si puede seguir gozando de las gollerías que la FIFA le otorga. Por esa razón, pienso que es ahora o nunca que nuestras autoridades políticas deben hacer notar su firmeza y así, sin importar que esto tarde unos años, podamos gritar un gol de Perú en un Mundial. Porque como dice un spot de una cadena argentina: Cada 4 años, el fútbol se vuelve lo más importante entre las cosas menos importantes de un país.

burga

Foto del depor.com