Un coloquio de diez puntos. La multinacional del lugar común. “¡Usted fue marxista!”. De números y movilizaciones. La Ciencia Social y los archipiélagos. Un brillante antropólogo matemático. Juntos pero no revueltos: ¡Coffe Break, huevona!

Esa tarde del viernes (25-04-14), se cerraba con broche de oro el VII Coloquio de Estudiantes de Economía de la PUCP. Tras una gran semana en que intervinieron destacados profesores nacionales e internacionales, agentes de organizaciones mundiales e investigadores que pusieron el dedo en la llaga, tres personalidades clave del mundillo de la economía peruana se hicieron presentes para, aprovechando los 50 años de la Facultad de Ciencias Sociales, hacer los balances necesarios sobre esta especialidad de trascendencia para el día de hoy. Estas eran las siguientes: Máximo Vega-Centeno, Richard Webb y Javier Iguíñiz. El presentador no era un alumno, como había ocurrido en anteriores mesas, sino un profesor de la casa: Waldo Mendoza.

Las charlas de los (mal)entendidos

Para la persona no especializada, esta última charla hubiera sido la más digerible. Temas de institucionalidad y actividades extractivas, propiedad de la tierra (gran intervención del investigador Manuel Glave con sus trabajos sobre este abigarrado tema), mercado de valores, mypes y mercado financiero, integración y liberalización comercial, macroeconomía peruana frente al temporal internacional, acuerdos de comercio, pobreza multidimensional y focalización de las políticas sociales (tan famosas en este gobierno), fueron, sin duda, importantes. Sin embargo, el lenguaje técnico y los cuadros estadísticos casi siempre fueron impedimentos para una cabal comprensión de estos tópicos. No sucedería lo mismo con la charla del viernes.

Hay que darle, no obstante, unos párrafos aparte a la presentación de Alejandro Werner, el director del Hemisferio Occidental del FMI (Fondo Monetario Internacional). Su charla giraba en torno a las perspectivas económicas del subcontinente en la actualidad. Si bien no dijo nada nuevo ( “debido a la desaceleración China, los países dependientes de las materias primas exportadas entrarán al oneroso espectro de los ‘nuevos desafíos’ ”), deja en claro que el FMI sigue apostando por el statu quo y los lugares comunes (“para resolver tales circunstancias hay que invertir en educación e infraestructura”). Su pasaje por la PUCP fue cómodo –por lo tanto, irrelevante- salvo alguna que otra pregunta que hizo que pase unos segundos de fastidio: “¿Cómo aplicar las muy sensatas ‘recomendaciones’ de la agencia si la política peruana es un fiasco?”.

Los primeros pasos de la especialidad

La estrella de la noche fue el carismático profesor emérito Máximo Vega-Centeno. Él y no otro fue quien contó varias anécdotas de la especialidad en sus comienzos. Narró la apertura de la especialidad a las ideas y también de su originalidad: “No se quiso que fuera una réplica de otra escuela” tal como había sucedido en Chile con los Chicago Boys neoliberales en la funesta época de Pinochet. Comentó  cómo permeaba la idea de la revolución en la especialidad gracias a la “panacea marxista”. Autores como Ernest Mandel o Michio Morishima y su marxismo hecho números eran los referentes, entre otros, de aquellos caldeados tiempos. Un joven Efraín Gonzáles de Olarte –el actual vicerrector académico de la PUCP- bebía del marxismo y también Javier Iguíñiz, quien sonrió al recordársele su pasado. En el campo, sin embargo -contaba el profesor de baja estatura- los conceptos teóricos se fueron diluyendo. Por consiguiente, de la disputa entre la escuela marxista y la neoclásica, quedó la neoclásica. Mas al rato le saldría al paso la escuela keynesiana para dar otro capítulo en la lucha intelectual y, ciertamente, social. En esta variedad de posturas, la especialidad seguía siendo.

Máximo Vega-Centeno es un tipo ambicioso. Cuando tomó la posta de Jefe del Departamento al irse Richard Webb a una universidad estadounidense a seguir un posgrado, decidió que algunas cosas debían cambiar. Había pocos profesores para ese entonces y era escasa la labor investigativa. Por lo tanto, le hizo llegar sus pretensiones a Emilio Althaus, quien era encargado de la toma de decisiones por ese entonces en los 70. Don Emilio se negó de plano. Sucedía que Vega-Centeno quería de 15 a 20 profesores y que la especialidad misma profundice sus conocimientos en temas no convencionales. Con el tiempo, sin embargo, se lograron los pedidos. Esto alegró mucho a Vega-Centeno, quien bromeó que tal cosa era posible pues el espíritu de Althaus “ya no está en circulación. A menos, claro, que alguien sepa de espiritismo…”. La gente respondía con risas.

De las aulas a la ca…rceleta

Una de las cosas que apasiona a Vega-Centeno es la investigación, como puede apreciarse. Él fue uno de los pioneros al investigar sobre los efectos de los terremotos en la vida social.  Para él, los desastres naturales son en realidad fenómenos naturales que llegan a ser desastres por la falta de previsión del ser humano. Seis meses de investigación le tomaron a este personaje para lograr su objetivo. Su primera carrera como ingeniero civil de la UNI debió de servirle en demasía para ese emprendimiento académico.

El conocimiento económico no es solo números, teorías llenas de fórmulas y “noqueadores” cuadros estadísticos. También es conocimiento de la realidad social. En el caso del recién parido departamento, este- el conocimiento de la realidad social- se vivió no siempre con cuidado. Así, el profesor Vega-Centeno recordaba  cómo fue con un grupo de alumnos al departamento de Áncash en el año 1970, a raíz del estremecedor terremoto, para lograr soluciones al desastre. Los antropólogos y los sociólogos cumplieron con lo suyo, pero algunos estudiantes de economía solo cumplieron con su conciencia. Uno de ellos, por ejemplo, el larguirucho y de aguileña nariz, Óscar Dancourt, fue llevado a una carceleta por alterar el orden público. Dancourt no había hecho otra cosa que participar de una movilización campesina en un lugar que estaba declarado estado de sitio. Otro tanto ocurrió con el nada tranquilo Vega-Centeno, quien dijo que sobre él pesaba una orden de captura.

Interdisciplinariedad: “No salió como esperábamos”

Esta quisquillosa anécdota que hizo que el auditorio nuevamente rompa en risas sirvió para reflexionar sobre un tema en especial: la interdisciplinariedad. La sociología, la antropología y la psicología, en casos como el de arriba contado, sí pudieron –y pueden- cumplir un papel en tiempo presente y en el lugar de los hechos. A la economía se le hace un tanto más difícil pues es prácticamente exigua la relación que mantiene con otras disciplinas sociales, a decir de los ponentes. Desde hace 25 años, los cursos electivos deberían cumplir esta función, pero en la praxis no se da. Si en 1969 el departamento de Economía se mudó del edificio que compartía con el departamento de Administración y Contabilidad que quedaba en el Centro de Lima, para irse al fundo Pando, era porque entraría en la recién estrenada Facultad de Ciencias Sociales para dar inicio a una retroalimentación entre las carreras de ese entonces: sociología y ciencia política (más tarde, se sumaría antropología). Tal cosa no funcionó como habrían querido “los padres fundadores”.

Richard Webb, con algo de desgano en cuanto al tema, le echó parte de la responsabilidad a los profesores (sobresaltando de esa manera a quienes se encontraban presentes), pero también a la demanda laboral de la carrera. Consultado por un alumno en las afueras de la presentación, Webb se reafirmó en lo dicho. Su postura prácticamente se resume en: “la interdisciplinariedad no ha funcionado por razones de mercado pues a un economista se le piden tareas más de contabilidad y administración”.  ¿Para qué querrían las empresas solicitantes de economistas a uno que sepa de teorías antropológicas o investigaciones sociológicas acerca de problemas actuales? Si sabe, bien, pero no es lo que se busca en primer término.

Si bien existen cursos electivos, estos son poco aprovechados por los estudiantes, quienes prefieren materias de finanzas y contabilidad en despecho de cursos emparentados con la sociología o la antropología. Pese a tal contexto, Vega-Centeno propuso replantear los electivos. Quizá hasta algunos se vuelvan obligatorios como es el caso de Deontología: ética y economía, donde Iguíñiz y Vega-Centeno dan cátedra. En cuanto al primero, con hablar seguro y verbo elegante,refirió que se sentía gusto por ese perfil de egresado de economía con “cancha política” que “produce bienes públicos” y “piensa en los más desventajados”.

Matemáticas, tu terror

Vega-Centeno nos asiste con un ejemplo para retratar que las otras especialidades no tienen un actuar distinto a la de su prima, la economía. Años atrás, se dieron clases de Macroeconomía para los chicos de antropología y sociología. Las autoridades, aparte de ver con preocupación al profesor que “cantaba las jaculatorias de su ideología”, observaban con preocupación la cantidad de rojos en que resultaban los exámenes. Gracias a las complejas matemáticas que se requerían para el curso, “¡no había manera de que los aprueben!”, se consternaba don Máximo. Solo un alumno logró aprobar: Carlos Eduardo Aramburú, actual profesor de la facultad. De esta manera, Vega-Centeno daba sus impresiones.

Juntos como hermanos

Entonces, se busca un alumno de sociales que no solo sea un monstruo en la investigación, sino que sea interdisciplinario. Para los tres profesores, que entre risas y desencantos llegaron a un consenso, tal deseo todavía no es una realidad. Habrá que hacerle caso a don Máximo y reformular los cursos electivos para concretar aquello. Porque si no, seguirán las especialidades como unas islas y la única interdisciplinariedad que se precie en el corto y mediano plazo será la de antropólogos, sociólogos, politólogos y economistas entrando en disputa por los decorativos panes con pollo, los bizcochos de chocolate en miniatura o las refrescantes gaseosas que se sirven en los ya clásicos coffee breaks. Porque para ello, y de eso no cabe duda, toda la Ciencia Social dice: ¡presente!

Fuentes: Desarrollo económico y bienestar: homenaje a Máximo Vega-Centeno

04-05-14