No serán reales,  pero la gran mayoría de nosotros creció queriendo ser amigo/a de -o queriendo ser- personajes como Naruto, Sasuke, Ichigo, Gokú, Ash, Luffy y una lista enorme de más protagonistas de distintas series que nos llenaron el corazón de emociones. El tiempo pasa y uno cae en cuenta que nunca va a pasar evidentemente pero, ¿Tampoco es posible obtener su -llamada- fuerza de voluntad? La mayoría de estos personajes provienen de pasados trágicos que no podamos imaginar ocurriendo en nuestro mundo-aunque tragedias, el nuestro tiene para regalar-; sin embargo, se las ingenian para no ahogarse en el pasado y llegar a ser los salvadores de varias personas y ser dignos de admiración de los demás para siempre.  No se puede negar el gran impacto sobre nuestros valores e ideales que a ambición de estos personajes generaron sobre nosotros. La cuestión es si realmente deberíamos ser como ellos. Creo que en situaciones como esta, sirve mucho poder diferenciar lo que hace realista a un personaje y lo que lo hace humano. 

No es necesario ponerse elegantes con términos que en un principio parecen complicados. Seguramente estas dos palabras poseen distintas terminaciones histórico-filosóficas las cuales desconozco, por lo que trataré de explicar cómo las entiendo yo y cómo me ayudan a analizar a mis personas 2D. En primer lugar, lo realista o, mejor, racional de un personaje se muestra en cómo este funciona en su realidad, no en la nuestra. Posee más esta característica cuando, de acuerdo a las reglas y escalas de poder en su mundo, él se desenvuelve de manera natural y todo su progreso posee un sentido que no quiebra los límites establecidos, logrando una historia consistente que no se le escapa al autor de las manos completamente. Un ejemplo de esto sería Naruto en los primeros arcos de su manga: comenzamos conociendo que este rubio que solo sabe decir ‘’dattebayo’’ posee el sueño de ser un gran shinobi, para así lograr ser Hokage, el gobernante de su aldea, y lograr el reconocimiento de todas las personas que lo despreciaron desde que tiene memoria por llevar el chakra – la fuerza vital-  de un demonio que atacó a Konoha el día de su nacimiento. Así, comenzamos con un niño de 13 años lleno de rabia y deseos por ser más fuerte, pero aún siendo muy torpe tanto física como mentalmente para lograrlo; sin embargo, gracias a sus compañeros y maestros que lo acompañan en sus años de estudiante y de principiante ninja, logra un progreso que va de acuerdo al esfuerzo que él deposita en ello. Toda esta narrativa muy bien lograda se rompe al final del manga, lo cual genera que el final de esta historia sea muy poco realista lamentablemente. 

Por otro lado, lo humano es cuánto podemos llegar a comprender nosotros, desde donde estamos, al persona. Las voluntades de hierro inquebrantable de la mayoría de personajes o las pocas dudas sobre sí mismos y su capacidad provocan que estos no sean humanos y no podamos, ni en este aspecto, ser como ellos. No es necesario que, en un mundo fantástico con poderes que aún con la más poderosa tecnología de nuestra realidad podamos derrotar, los protagonistas y demás personajes involucrados sean lo más humanos posible, ya que su realidad y circunstancias son otras, y les exigen diferentes maneras de ser. Sin embargo, a veces no nos damos cuenta de eso o lo olvidamos. No necesariamente es malo el aspirar a ser como cualquiera de las figuras de otra realidad con las que nos fuimos formando desde pequeños, y que hasta ahora seguimos viendo posiblemente, pero no es humano, y eso nos afecta a veces más de lo que pensamos e, incluso, juzgamos a los demás y a nosotros mismos. 

Todos aman a protagonistas como ellos, porque son como nunca vamos a poder ser, porque quisiéramos ser siempre fuertes en todos los sentidos y nunca sentir que el mundo se nos viene abajo. Justo por esto también, suelen odiar a protagonistas como Shinji Ikari de Neon Genesis Evangelion, ya que, si bien se enfrenta a situaciones tan irreales como los anteriores mencionados, Hideaki Anno, su creador, se centra en mostrar el lado humano que más repudio y negación recibe: el miedo, la derrota, la vergüenza, la duda, la tristeza, el desgano. Shinji es un niño de 15 años forzado a adentrarse en un mundo que él no decidió que sea así. Sometido a la realidad, refleja de una manera muy humana cómo es que un muchacho de su edad reaccionaría a situaciones que serían las fantasías más retorcidas de cualquiera.. Por todo esto, los primeros personajes mencionados poseen la mayor cantidad de fans, ya que estos proyectan en ellos sus deseos acerca de sí mismos más inalcanzables. Shinji nos muestra cómo se puede ser un héroe sin dejar de ser humano, aunque también nos deje en claro que el camino no es tán fácil de encontrar como vemos en otras historias.