Lo que se nos viene

El 2013 fue un año agitado políticamente hablando, qué duda cabe. Durante aquel período transcurrido, hubo diversos debates- algunos más medulares que otros, en lo que respecta a la institucionalidad democrática de nuestro país-. Por ejemplo, la denominada “concentración de medios” por parte del Grupo El Comercio, la cual atentaría en contra de la pluralidad necesaria en cualquier contexto que se jacte de ser democrático. Otros nos hicieron recordar la precariedad de nuestra clase política, conformada por fuerzas que se acusaron mutuamente (“que a nosotros la plata no nos llega sola”, “que si ustedes robaron y mataron en los noventas”, “que Ollanta parece la Primera Dama y no el Presidente”, etc.), viendo la “paja en el ovillo ajeno”, sin reconocer errores propios en sus labores de representación. No existe indicio alguno para pensar que tal situación cambie, sino más bien todo lo contrario: en el 2014, se realizarán elecciones distritales y regionales, escenarios propicios para que los partidos políticos(o los prospectos que tenemos sobre tales) midan su potencial, ya pensando en las Elecciones Generales del 2016.

En el ámbito local limeño, a pesar de que las encuestas le otorgan una larga ventaja a Luis Castañeda, resulta insensato afirmar que este la tendrá fácil en caso logre nuevamente ser alcalde de Lima. A pesar del fallo otorgado por el Poder Judicial, para cierto sector de la población el aura de corrupción aún se encuentra presenta en su pasada gestión. No obstante, es necesario matizar tal “desventaja” : ante el aparente fracaso de Susana Villarán en su intento de eliminar el “roba, pero hace obras” de la idiosincrasia limeña, la imagen de buen gestor que ostenta Castañeda puede fungir como un nada despreciable capital político. Por otra parte, la izquierda no da indicios de tener chance alguna en las próximas elecciones municipales. A pesar de los índices bajos de aprobación de la gestión de Villarán, no pocos la vocean como una futura candidata. Ante la evidente falta de cuadros, la actual alcaldesa se erige como una posibilidad para la izquierda, sobre todo si se toma en consideración que Villarán estará poco dispuesta a que algún futuro alcalde se arrogue los méritos de ciertas reformas que supuestamente se consolidarán en unos años. Algunos vocean a Marisa Glave. Su juventud y aptitudes podrían servir como medios; sin embargo, no pocos la relacionarán con la impopular Villarán (recordemos que fue una de las regidoras revocadas en marzo pasado). No habría que descartar a rostros como Salvador Heresi o Pablo Secada. En contraposición al ex alcalde de Lima, ninguno de los dos presenta un turbio historial. El primero sería apoyado por el nuevo movimiento conformado por PPK, candidato que registró la más alta votación en Lima durante las elecciones presidenciales del 2011. Mientras, Secada sería la carta que presentaría el Partido Popular Cristiano, una de las organizaciones políticas con mayor presencia en la capital. Con un perfil más técnico que político, no ha dudado en lanzar duras críticas en contra de la gestión de Castañeda. No obstante, a pesar de contar con el madrinazgo de Lourdes Flores, al interior de tal partido, hay miembros que se muestran reticentes ante una eventual participación de Secada como candidato; por lo cual, se vocean nombres como Rafael Santos, actual alcalde de Pueblo Libre.

En lo que respecta al Gobierno central, el nacionalismo no abandona la estrategia de crear nuevos frentes. Pese a su incapacidad para salir airoso en sus enfrentamientos en contra del aprismo y fujimorismo, Humala no ha dudado en subirse a la ola contraria a la “concentración de medios”, tema que hace un año brillaba por su ausencia en su discurso político. En una lógica de coherencia con su electorado primigenio ( dicho sea de paso, rasgo tan poco común durante sus dos años de mandato), al parecer, Humala está dispuesto a capitalizar el descontento existente en contra del principal grupo empresarial involucrado y de los intereses a los cuales representa. Por lo pronto, tal decisión parece apresurada, pero solo el tiempo nos dirá si fue acertada. El ensimismamiento de la pareja presidencial es predecible para este 2014. Sin el apoyo de un partido ni de agentes políticos de peso, todo indica que Ollanta Humala seguirá recurriendo a su esposa para llenar el vacío existente, aunque aquello implique el debilitamiento de la figura del primer ministro, el cual presenta un carácter bastante apocado hasta el momento. Ya casi de salida, veremos si el humalismo logra consolidar una serie de obras institucionales y de concreto que lo hagan trascender en el tiempo, y no ser menos que cinco líneas en los libros de historia. Su aprobación viene reduciéndose progresivamente, por más que exista el padrinazgo y “apoyo” de un Premio Nobel. En caso el fallo que dicte la Corte de La Haya sea favorable para los intereses nacionales, tal contexto de optimismo podría fungir como un punto de partida para enmendar en algo la relación debilitada entre el oficialismo y la población. Pero no la tendrían fácil: al contrario de la huérfana derrota, la victoria tiene varios “padres”. Estos no estarán dispuestos a dejar que el nacionalismo capitalice del todo una eventual victoria que seguro considerarán como suya, sobre todo si están al pendiente de una posible inhabilitación. En caso el fallo no nos sea favorable, tal posibilidad también servirá para identificar la capacidad del Gobierno y de nuestra clase política. Sea como sea, este 2014 no pinta nada aburrido.