Lluvia de verano,

¿me quieres?

Te demuestro lo que siento

de magnífica manera.

¿Y qué me das a cambio?

Alejarte de mí.

 

Te perdí,

cuando pensé que más te tenía.

Empecé a odiarte

cuando pensé que te quería.

 

Tal vez lo debí prever.

Algo me decía que esto no llegaría lejos.

Te quería

pero para ti, las diferencias pudieron más.

 

Ser romántico,

hacer lo que no muchos hacen,

darte lo que no todos te dan,

quererte como no muchos te quieren,

¿y qué recibí a cambio?

Un dolor inmenso,

que poco a poco se convierte en resentimiento infinito.

 

Pero no todo es infinito desprecio.

Debo reconocer que hubo cosas buenas,

cosas de qué aprender,

cosas que no se deben olvidar,

como no confiar en todo lo que te dicen.

No abrir el corazón a todo el que pienses que quieres, o que dice que te quiere.

 

Las cosas impredecibles no son sólo malas.

También te ayudan a ver lo que realmente es.

Se aclaran las cosas

cuando pensabas que ya estaba todo claro.