Se tendría que superar la extensión de “5 metros de poema”, de Oquendo de Amat, para poder dar una clara y detallada visión de lo que fue, es y será el carácter femenino en la literatura. Sin embargo, en las siguientes líneas se discutirá, de manera general, las más importantes manifestaciones – en términos globales y, además, nacionales – de la inserción de la mujer en este arte.

El papel de la mujer en la literatura no siempre ha sido bien visto a lo largo de las épocas. Inicialmente, antes del siglo XIX -con el romanticismo, específicamente- el rol que le tocaba a la mujer estaba ligado al cuidado del hogar o de los hijos, lo cual ocasionaba que, su importancia en la esfera pública sea totalmente limitada. Por esta razón, los escritores conocidos y apreciados antes de aquella época solían ser hombres o, en menor frecuencia, mujeres bajo seudónimos masculinos.

Con el comienzo de realismo -remontado a finales de la primera mitad del siglo XIX- la literatura se encontraba en una búsqueda del apego a la realidad, en la medida que valoraba los más rigurosos detalles, la diferencia entre los lenguajes utilizados según el grupo al que pertenecían los personajes, así como el uso de situaciones y lugares cotidianos. De esta manera, en contraposición con lo promovido por el romanticismo -corriente precedente al realismo caracterizada por lo exótico y lo sentimental- la literatura comenzó una interesante transformación. Al buscar una representación semejante y objetiva de la realidad, la imagen femenina aparece con un impulso extraordinario. En ese contexto, Jane Austen publica una de sus obras más conocidas: “Pride and Prejudice” (Orgullo y Prejuicio, 1813 – publicada inicialmente bajo el anonimato). Para esta escritora, el difícil contexto histórico que le tocó vivir -una época realmente opresora para la mujer- fue uno de los factores clave para las características de sus novelas. Por ejemplo, la condición de la mujer era siempre estar bajo el mandato de un hombre, por lo que elaborar un personaje femenino independiente y poderoso era, prácticamente, imposible para ella y para las escritoras de la época. Por ello, temas como la dependencia de la mujer y la desventaja que tienen frente a un hombre son una parte resaltante de la obra mencionada.

Es en la segunda mitad del siglo XIX, con el postromanticismo, cuando obras como Madame Bovary de Gustave Flaubert comienzan a visibilizar estos temas en la sociedad. De este modo, se concientiza en torno a la figura femenina en la literatura, lo cual ocasionó, paulatinamente, que lo femenino tenga mayor presencia en la esfera pública y no solo en la privada. Además, este cambio es uno de los aportes -aparte de la actitud de poderío de la mujer- para los movimientos feministas que abrirán, posteriormente, el camino de apreciación y reconocimiento para autoras como Virginia Woolf.

En el Perú, entre las primeras escritoras reconocidas en el país se encuentran Clorinda Matto de Turner, precursora del indigenismo con su primera novela “Aves sin nido” (1889); Mercedes Cabello de Carbonera, entre las primeras feministas del país con temas que abordaban la emancipación de la mujer con obras como “Sacrificio y recompensa” (1886) o “Los amores de Hortensia” (1886/1887); y Angélica Palma, una de las fundadoras del movimiento feminista del país, quien escribió una novela epistolar como “Cartas a un turista” (1907) bajo el seudónimo de Araceli o la novela “Vencida” (1918) bajo el seudónimo de “Marianela”.

Hoy en día, esas barreras son casi inexistentes. El tema del realismo sigue golpeando fuertemente al estilo literario y, diferentes voces y perspectivas son siempre reclamadas. Por ejemplo, exponentes como Gabriela Wiener aportan de una manera particular a la literatura femenina actual.Esta escritora no se limita únicamente a describir temas que se desprenden de la realidad, sino que también adopta una visión crítica en torno a estos. Además, temas que hace un par de siglos eran totalmente prohibidos y tabúes, como la sexualidad, son materia -con total naturalidad- de muchas redacciones de Wiener.

Es, a partir de ese tipo de cambios, que se puede visualizar de una mejor manera la evolución y cambios de contexto en la literatura. Veremos qué nos sorprenderá en el futuro.