El domingo pasado cogí mi casaca de cuero y mi copia de “La insoportable levedad del ser”y me subí a un bus con la música a todo volumen en mis audífonos. El cielo de Lima era gris, el aire frío golpeaba mis mejillas.

Luego de un par de capítulos llegué a mi destino. No me esperaba nadie. Es raro, ir a un lugar y saber que nadie te espera. Entré a ese sótano de paredes blancas y luces brillantes con la expresión más segura que tengo.

Empecé a pasear lentamente por los pasillos mientras mi mirada recorría las paredes. Había llegado a un lugar donde siempre me he sentido cómoda. El silencio y la soledad me parecen absolutamente necesarios para contemplar el arte.

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El lector debe saber que me estoy refiriendo a mi visita a la galería del ICPNA de Miraflores, donde se encuentra en exhibición la exposición antológica de Luz María Bedoya, cuyo nombre he tomado como título de esta crónica.

Esta exposición forma parte de la II Bienal de Fotografía de Lima. Pero es más que fotografía. La complejidad de las instalaciones, la diversidad de técnicas utilizadas, los múltiples soportes empleados; todo ello conforma un sorprendente y placentero viaje a través de dos décadas de producción artística.

La artista explora la temática del viaje mediante la fragmentación de la línea y el paisaje. El escenario cambia constantemente, desde nuestra costa o nuestro mar hasta las ciudades europeas como Dublín, París, Milán y Lisboa.

Muestras como “Impasses” y “Plano” -conformadas por cientos de fotografías cada una- presentan el paisaje parisino y sus calles desde una mirada alternativa. La linealidad del camino y el viaje se reconfigura en dimensiones, planos y ángulos no convencionales.

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La temática de “Impasses” consiste en fotografiar innumerables puntos muertos de tránsito en una ciudad para demostrar la imposibilidad del movimiento, como una ironía de la continuidad; la calle que no lleva a ningún lado como la melancolía del desplazamiento. “Plano”, en cambio, muestra en un ángulo cenital el pavimento de numerosas calles que la propia artista ha elegido de manera aleatoria, trazando rutas sobre una fotografía aérea de París.

Mi pieza favorita fue “Área”, una muestra de 21 fotografías en blanco y negro que muestran en conjunto un plano general de un edificio a oscuras. Tan solo son visibles algunas habitaciones iluminadas que forman un mosaico de luz y sombra. Este edificio multifamiliar limeño encuentra una semejanza con los rascacielos neoyorkinos a través del lente de Bedoya. El espectador tal vez encuentre, además, una semejanza con la estética de Hitchcock y una leve sensación voyerista al escudriñar en la vida ajena de estos vecinos anónimos.

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Esta exposición seguirá hasta el primero de Junio en la Galería Germán Kruger, ubicada dentro del ICPNA de Miraflores, en el cruce de la Av. Arequipa y la Av. Angamos.

Para enterarte de las demás exposiciones de la Bienal puedes ingresar aquí.

Vayan a ver arte, no se arrepentirán.