El reloj marcaba las 5:30 de la mañana en un hogar de algún distrito limeño. Camila tiene 17 años y cursa su segundo ciclo de la universidad. Ella es la menor de la familia por lo que sus padres día a día se preocupan por darle lo mejor y se por que nunca les falte o pase algo. Sin embargo, no todo depende de ellos.

Era un lunes cualquiera y Camila se dirigía a su centro de estudios, un poco más tarde de lo habitual; ya que, su primera clase había sido cancelada. Su segunda clase era a las 10 de la mañana, por lo que no salió como de costumbre con sus papás, sino sola. El tráfico era insoportable; Camila vio su reloj y se dio cuenta de que no llegaría a tiempo, por lo que decidió tomar un taxi. No obstante, esta joven estudiante no sabía lo que iba a suceder minutos más tarde.

Eran aproximadamente las diez de la noche y los padres de Camila estaban muy preocupados pues  no había regresado a casa. Empezaron a llamar a sus amigos más cercanos y ninguno daba razón alguna de donde se podría encontrar su hija, incluso afirmaban que aquel día no había ido a la universidad. Entonces, los padres deciden salir en búsqueda de su hija a todos los posibles lugares donde ella podría encontrarse; sin embargo, minutos antes de que lo hicieran, sonó el teléfono. Era la policía informándoles que habían encontrado a su hija caminando sin rumbo y que se encontraba en la comisaria, pues esta había sido asaltada y violada por un taxista, del cual se desconoce el paradero.

Esta es solo una de las posibles historias que escuchamos día a día al prender nuestros televisores y mirar las noticias. Hombres que matan por un celular o por una cartera, medios de transporte que son intervenidos por delincuentes que encañonan al conductor para robar pasajero por pasajero, extorsiones a centros educativos, secuestros, violaciones hechas por hombres que siguen libres, rateros que se meten a los hogares y que se pasean como si fueran suyos para sacar las pertenencias, carros robados e incendiados para que no se encuentren pistas y, para colmo, leyes que no se aplican ni castigan a estos criminales.

Lima está cada vez más fea y se está convirtiendo en un lugar en el que nadie quiere vivir y en donde lo único que quisiéramos es agarrar nuestras maletas e irnos corriendo a otro lugar donde podríamos estar más seguros; sin embargo, yo creo que eso es de cobardes. No obstante, ello no quiere decir que tengamos que seguir aguantando esta situación y que no hagamos nada para cambiarla, aunque con la clase de gobernantes que tenemos creo que este cambio, al menos por ahora, será imposible.

Tenemos un presidente que no hace más que defender a su esposa en vez de preocuparse por los verdaderos problemas que tiene el país. Tenemos unos congresistas que no saben ni lo que dicen y que incluso aseguran que una mujer violada no puede quedar embarazada por falta de lubricación. Ministros que no saben ni donde están parados y que no hicieron más que un papelón en Fiestas Patrias. Y nuevamente, un “presidente” que en la última oportunidad que tuvo, para que al menos se pueda volver a tener confianza en él en lo que queda de su mandato, no hizo más que elogiar su gobierno y sus “mejoras” y no mencionó nada sobre lo que todos queríamos escuchar: la seguridad ciudadana

Esta es una de las principales razones por las cuales cada vez las calles se llenan de más y más delincuentes. Tenemos gobernantes ineptos que pareciera que no ven lo que está pasando en nuestro país. Así como también leyes que no ayudan pues muchas veces estos terminan libres e incluso la persona agredida, por querer defenderse, termina en la cárcel.

Por otro lado, tenemos a la educación. Hoy por hoy, las oportunidades para estudiar son escasas y si queremos tener una buena formación, esta es muy cara. Los centros educativos nacionales ya no son como antes. Hace unos treinta años, los padres preferían los centros del Estado sobre los particulares y no porque fueran “tacaños” o porque estaban cerca a sus hogares, sino porque de verdad eran buenos. Estos tenían grandes profesores, los alumnos tenían cursos que los formaban no solo intelectualmente, sino también como personas, algo que en la actualidad, sin duda alguna, se ha perdido.

También están las universidades, pues si quieres tener una buena educación, estas son extremadamente caras. Si miramos la lista de las cinco mejores universidades del Perú, excepto por la UNMSM, nos damos cuenta de que estas a la vez están dentro de las universidades más caras del país, donde una mensualidad puede llegar a costar hasta cuatro mil soles, sin contar movilidad, comida y vestimenta. ¿Acaso todos estamos en esta posibilidad? ¿Acaso no es un deber del Estado brindar educación de buena calidad? Sí lo es; sin embargo, también sabemos que ello no se da.

La educación es un factor muy importante en este tema, pues, con tan pocas oportunidades de educación -teniendo en cuenta que no me refiero solamente a los conocimientos de materias- y, como consecuencia, también laborales, los jóvenes no hacen más que buscar la vía mas fácil para obtener ingresos. Esto, reforzado con la ineficiencia de nuestros gobernadores, está provocando que Lima se convierta en “La inhabitable” donde ya nadie puede andar con tranquilidad.

En estos días, muchos centros educativos y universidades han retomado sus clases y ya solo depende de cada uno no caer en manos de estos criminales. Todos deberíamos ponernos a pensar un poco, pues creo que nadie quiere una ciudad así y, por lo visto, solo está en nuestras manos cambiar esta situación. Ya falta menos de un año para las nuevas elecciones y todavía esperamos que aparezca alguien en la lista de candidatos que en verdad pueda sacarnos de cómo estamos y no solo eso, sino que sepamos reconocerlo y votar por él.