Te noto sumisa,

Suave como la brisa del mar al despertar.

 

Tibia está mi boca

al sentir tus muslos,

Como pétalos de una flor ante la inevitabilidad de la fecundación.

 

Rápida y voraz es la voz de la inconsciencia;

Quiere llevarme al extremo de la piel,

Lejos de la incontinencia.

 

Sigues de pie,

 

Como un falo,

 

Desesperado.

 

Ahora solo pienso en desaparecer.

 

¿Es este el momento perecedero?

 

Enrumbaré mis dedos hacia el cielo;

Así tocaré por fin el vacío

Al que llaman infinito.