Primer paso: sana tu ser

Edición: Ariana Zapata

Me sorprendió la cantidad de personas que me pidieron que escribiera sobre este tema, pues, si bien en las encuestas que realicé no muchas lo solicitaron, personas que directamente me escribieron me sugirieron que le dedique un espacio al tema de este artículo. Antes de comenzar, debo enfatizar que no hablaremos solo de relaciones amorosas, sino se hablará de todo tiempo de relación, desde las familiares hasta las relaciones amicales. 

En mi opinión, no hay relaciones tóxicas, lo que hay son personas que se han denominado como “tóxicas” por su forma de actuar y el problema está cuando la persona no es madura, empática y sincera. Estoy muy arraigada a la idea de que estas tres características son esenciales en una persona para que pueda desenvolverse con su entorno. Y, ¿por qué estas? porque, en primer lugar, la madurez de una persona se consigue con el tiempo, ya que solo el tiempo es capaz de ofrecernos experiencias de las cuales tendremos que buscar soluciones y tener que confiar en nosotros mismos para tomar las mejores decisiones. Sin embargo, esto, como ya lo mencioné, solo se consigue con el tiempo. Esto también tiene mucho que ver la manera con la que nos relacionamos con los demás debido a que, si nosotros somos maduros (o fieles a nosotros sin arrogancia), podemos tener relaciones sanas al no depender de alguien más por el motivo que sea, y creo que los más comunes son quedarse solo, pensar en el “que dirán” y esa necesidad de sentirse superior ante alguien más.

Mientras estoy escribiendo esto, me he dado cuenta de que, realmente, la base es la madurez. Aunque puede que una persona sea empática y/o sincera, no necesariamente es madura para enfrentar los problemas y situaciones de la vida junto con los retos que llegan cuando queremos hacer un sueño realidad. No obstante, dentro de la madurez, creo que la empatía y la sinceridad no deberían faltar. En tercer lugar, como señalé en líneas anteriores, la sinceridad es primordial para poder relacionarse, porque siempre para solucionar problemas -palabra que no siempre debemos ver como algo negativo debido al aprendizaje a que nos llevamos, aunque haya veces que el dolor sea inevitable- necesitamos comunicarnos y no hay mejor manera de comunicarse, tanto con los demás como con nosotros mismos, que con la verdad. 

Ahora, si bien es cierto que aprendemos siempre, identificar este tipo de relaciones que podemos tener con otra persona es complicado. Así como me lo mencionó mi querido Jose Carlos “las personas tienden a normalizar sus relaciones porque todo lo basan en sus experiencias pasadas”. Y sí, estoy totalmente de acuerdo, porque por más que pueda reconocer que una persona está en una “relación tóxica” (sea cual sea), aprender de la experiencia del otro es bastante difícil. Si bien podemos escuchar consejos y quedarnos con algo, mucho o nada de lo que nos dicen, al final lo que se suele hacer es aprender del pasado, cosa que siempre será útil. Esto porque, como ya dije, el tiempo es el que nos hace aprender, aunque no siempre sepas aprovechar esas “clases”. 

A lo largo de mi experiencia, he llegado a la conclusión de que no existen relaciones tóxicas, sino personas tóxicas, las cuales necesitan madurar o algún acompañamiento psicológico para poder tener una relación sana con su persona. Entonces, a lo que finalmente se ha llegado es que, si no tenemos una relación sana con nosotros -quitándonos la venda de los ojos para enfrentar la realidad de la mejor manera posible, siendo empáticos con el alrededor y dejarse enseñar por la vida misma y los demás- es posible que lo que atraigamos sean personas tóxicas. Aún así, nunca debemos olvidar lo importante que es ser solidarios con las demás personas, claro, siempre con límites, es decir, siendo fieles a nosotros mismos.