Durante la primera semana de clases lo usual es empezar a habituarse otra vez a ir a clases; es decir, a levantarte a una hora decente aunque tengas clases aún por la tarde, a los viajes en el micro o en tu carro, a comer fuera de casa, al tedio de sacar copias en una fotocopiadora que siempre parece estar llena y demás. Como dije, eso es durante la primera semana. En la segunda semana la cosa cambia, porque es entonces cuando comienzan los deberes. Que si de pronto tendrás un control o que debes comenzar a pensar en el tema que abordarás en tu trabajo de este ciclo: estas son el tipo de preocupaciones que comienzan a agobiarnos.

Fue pensando en el tipo de cosas que les he mencionado que recordé que el ciclo pasado escribí un artículo llamado “Las 10 cosas que no debes hacer en una semana de exámenes” basado en mi experiencia en Estudios Generales Letras y entonces me dije: “¡hey, Nessie! ¿Qué tal si ahora escribes un artículo, pero esta vez con consejos para un buen inicio de clases?” Y es así que ahora pasaré a comentarles cosas que pueden resultar útiles si quieres comenzar con el pie derecho este ciclo académico, pero más generales y en menor cantidad porque sé que cada uno tiene su propio método de estudio. ¡Comencemos!

  1. Tómate en serio TODOS los cursos y a todos los profesores. Sé que hay algunos cursos que tendemos a subestimar o a dejar de lado por tener fama de “fáciles”, pero si algo aprendí en mis años en Letras es que dar por aprobado un curso desde el principio puede traerte problemas porque tiendes a relajarte demasiado. No les digo que se obsesionen, solo recuerden estar alertas.
  2. No faltes a clases continuamente. Siguiendo la línea de “tomarnos en serio” nuestros cursos, también tomemos en cuenta el factor asistencia. Faltar a clases de vez en cuando no es un pecado (ya sea si estás mal o muy ocupado) pero hacerlo dos o tres clases seguidas puede significar comenzar a cavar tu tumba porque, aunque seas muy hábil, lo más probable es que termines algo perdido o en desventaja frente a tus compañeros. Sé que se puede evitar, así que aconsejo no hacerlo.
  3. Arma un horario para estudiar e intenta respetarlo. Suena aburrido, lo sé, pero lo cierto es que es tremendamente útil y lo digo por experiencia propia. La sensación de seguridad que brinda el estar organizado es refrescante, así que lo recomiendo mucho. Si no les va este método, llevar una agenda y apuntar pendientes también puede servir para recordar lo que hay que hacer.
  4. No tengas miedo de consultar a profesores, jefes de práctica, amigos, compañeros o a quien creas que pueda ayudarte si tienes dudas sobre algún tema, sobre cómo hacer un trabajo o cosas por el estilo. Muchas veces la timidez o el orgullo nos ganan y creemos que podemos resolverlo todo por nuestra cuenta, pero lo cierto es que la guía de alguien más puede ahorrarnos muchos dolores de cabeza futuros (se los dice una tímida y orgullosa por excelencia). Así que quítense la vergüenza de encima y atrévanse a preguntar si lo necesitan.
  5. Recuerda que no saber está bien. Y, oh sorpresa, suena increíblemente cursi, pero lo digo, porque cuando nos enfrentamos a un curso en el cual nos sentimos tremendamente perdidos (como pueden serlo los de Filosofía, Argumentación o Investigación Académica, entre otros) tendemos a bajarnos la moral un poco y a temer sobre los resultados que podamos obtener de dicho curso. Siempre que recuerden que aún son alumnos y que el no saber algo es un proceso por el que todos debemos pasar para tener un aprendizaje óptimo, podrán sortear dificultades. Solo esfuércense, pongan de su parte y todo estará bien.

Y esos son mis cinco consejos. Espero que les sea de ayuda, ya que son cosas que he aprendido a lo largo de mi paso por Letras y que ahora que estoy en facultad me están sirviendo aún más. ¡Espero que tengan un excelente semestre!