El repudiable asesinato de doce personas en las instalaciones francesas del semanario satírico Charlie Hebdo el día 7 de enero generó serios debates en las redes. Entre ellos destacaba aquel que rechazaba el asesinato, pero… Había varias razones para respaldar ese “pero”. Entre ellos, que los de Charlie Hebdo eran islamofóbicos; y, pese a todo, el Islam es una religión de oprimidos. Burlarse de ellos implica un oculto respaldo a lo que hacen gobiernos pro-guerra en Medio Oriente. Los de Hebdo solo atizaban el fuego de la violencia con sus obscenas caricaturas. Por ello, aquel atroz asesinato fue resultado de todo un entramado sociopolítico que de alguna manera se tenía que desatar. Charlie Hebdo pagó las consecuencias.

Otro “pero” era del tipo: los de Charlie Hebdo se metían con gente de armas tomar: los terroristas islámicos. No apruebo lo que les hicieron, pero ellos bien sabían con quiénes se metían. Como bien ha anotado el periodista argentino Bruno Bimbi, en efecto ha habido muchos debates a raíz del atentado terrorista. Nadie se preguntó por lo realmente ocurrido: los muertos.

De repente, como indicara Gerardo Vilches en una estupenda nota (que más adelante mencionaré), medio mundo se volvió experto en temas de libertad de expresión, del semanario Charlie Hebdo y de las penurias vividas por el sector musulmán en las potencias europeas.

Yo mismo me veía en la incertidumbre, gracias al ejercicio de debate con una amiga sanmarquina, de defender caricaturas oprobiosas en pro de la defensa de la libertad de expresión, cosa que no se me había ocurrido antes. Ella señalaba que el deber de ese semanario era solidarizarse con las víctimas, a lo que yo les respondía que estaba en su decisión hacerlo o no. Ver a Jesucristo con un triángulo en el culo y con gesto de disparatado consumidor de alucinógenos me generó rechazo. Por eso decía que no compartía los gráficos de los de Hebdo. Sin embargo, en aras de la libertad de expresión, debía de permitírseles eso. Aun más cuando Bimbi anota que el humor debe ser políticamente correcto. Aquí salta otro punto cuestionable: ¿Debe ser solamente así? ¿Y el humor que no es negro?

El cúmulo de portadas de Charlie Hebdo encuentran sentido, no obstante, cuando se recuerda que el objetivo de sus autores era el de desbaratar posiciones fundamentalistas. En ese sentido, criticaban el fundamentalismo del católico, del judío y del islámico. Pueden ver las caricaturas que hacen al respecto de esas tres religiones.

En cuanto a las críticas saltantes que se les hizo sobre su relativización y burla de las masacre al pueblo egipcio, nada he oído. He atendido más bien a las razonables defensas de libertad de expresión que los ve como abanderados (algo que no niego), pero tampoco he oído críticas hacia ellos en cuanto a ese dato puntual que fue en realidad uno de los puntos fuertes por las que tuvo pegada el artículo de José Antonio Gutiérrez nombrado “Je ne sui pas Charlie” (Yo no soy Charlie). Pues así como hay libertad de expresión, que con autoridad se les defiende, también hay derecho a la crítica y bien creo que los de Hebdo habrían estado de acuerdo con ello, más allá de que sus objetivos brinden evidentes razones para darles las zarandeadas gráficas: por ejemplo, la política antiinmigración del gobierno francés.

Como ven, no hay blanco o negro en esta discusión. Lo que sí quisiera rescatar es la valentía de los de Charlie Hebdo por mantenerse en sus posiciones y fustigar con sus trabajos a los fundamentalismos. Reproduzco aquí algunas alusiones a ellos que hace Vilches:

“Si ante la prohibición de dibujar a Mahoma la respuesta es no dibujarlo, entonces han ganado los opresores. «¿Por qué molestar?», se preguntan algunos; «De acuerdo, a favor al cien por cien con la libertad de sátira de Charlie Hebdo, pero si sabían lo que podía pasar, para qué arriesgarse?». El argumento del miedo me apena más incluso que el anterior, que más bien me cabreaba. «¿Qué necesidad hay de provocar? Hombre… seamos juiciosos». Darle vueltas a los límites del humor y de la libertad de expresión para llegar a la conclusión de que el límite está en las pistolas, así de triste. Di lo que quieras pero si te pueden pegar un tiro, cállate”.

Sucede que los de Charlie Hebdo no se quedaban callados.

Y ahora que el hashtag principal es Todos somos Charlie, el autor refiere que hay que dejar de ser hipócritas, que no todos lo fueron. La derecha europea se sube al carro y canaliza la cólera. Rajoy ya asistió a las marchas y defiende la libertad de expresión pese a que quiere instituir en su país la Ley Mordaza, una ley que prohíbe la manifestación de ciertas arengas contrarias a la república, entre otras perlas. Aquí ya se manifestó Alan García en defensa de la libertad de expresión, a lo que el periodista Luis Torres Montero le recordó la persecución judicial que sufrió durante el segundo gobierno alanista gracias a lo que este escribía.

Precisamente, en estos momentos se sigue una investigación judicial a la obra teatral La Cautiva por supuestamente hacer apología al terrorismo. Esta obra, considerada una de las mejores producciones teatrales del 2014, hace referencia a la violencia perpetrada por los dos bandos durante la guerra interna: la de Sendero Luminoso y la del Estado; y con ello busca crear reflexión y memoria sobre los trágicos hechos ocurridos en nuestro país. Se rompe la libertad de creación y la libertad de expresión. De la misma manera, en un piquete informativo celebrado en San Juan de Lurigancho, esta semana la policía llegó y les quitó a los jóvenes su banderola explicativa de por qué manifestarse en contra de la Ley Pulpín, aquella que resta beneficios y derechos laborales a los jóvenes de entre 18 y 24 años.

En este cuadro de cosas, se requiere una voz disidente y cuestionadora. Ese era el papel de la gente de Charlie Hebdo, miserable y cruelmente asesinada. Ellos hacían lo que hacían porque se resistieron al miedo y porque “nadie más lo hacía”.

De las tantas lecciones que hay que extraer de todo esto una sobresale una: No dejarse intimidar y seguir enfrentándose al abuso. Se renuevan las ganas de querer ser parte de “Todos somos Charlie”, aunque este sea el “privilegio” de solo unos pocos. Lamentablemente.

14-01-15

 

Foto: Orgullo y satisfacción

 

Fuentes:

http://thewatcherblog.wordpress.com/2015/01/11/pero/