Eran las 11 de la mañana y esperábamos sentados. Creíamos conocernos; de vez en cuando nos mirábamos a las bocas, a las manos, a los ojos y a todas nuestras estructuras, casi como si fuese algo tan frágil que, al observar demasiado, se rompe.

Todos nos alistábamos: unos para manifestar, otros para re-manifestar. Estábamos listos para empezar el conversatorio por el Día de las Lenguas Maternas en el Auditorio de Humanidades de la PUCP, “Vivir las lenguas originarias”. Fueron 7 representantes de distintas lenguas originarias (aimara, asháninka, awajún, lengua de señas peruana, quechua chanka, quechua Cuzco – Collao y shipibo, en orden de aparición), y manifestaron todo lo que sentían. Cuando Andrés Napurí dio inicio al evento, los intérpretes de lengua de señas peruana (LSP) se preparaban para empezar su labor.

En ese momento, José Marcial Mamani, representante del aimara se paró frente al micrófono y nos silenció con sus palabras: estaba hablando en su lengua. Luego, en castellano, empezó mencionando el uso del aimara, el cual, aunque ya está presente en la cotidianeidad, sea en actividades, reuniones y otros eventos de encuentro social, aun desea fortalecerse, para Mamani “El desarrollo escrito de la lengua aymara es fundamental” para poder llevar a cabo esta tarea. Hizo saber además que, detrás de cada lengua hay una cultura, sin embargo, si no damos a conocer esa dualidad, seremos cómplices de su extinción.

Janeth Gonzáles, la segunda representante (de la lengua asháninka), después de saludar en su lengua materna, manifestó su molestia por el permanente estudio de profesionales que “van a estudiar la cultura asháninka y su lengua, pero luego se lo llevan lejos, y no lo llevan a cabo”.  Expresó que la educación a veces no es siempre el mejor ejemplo para enseñar: en su época de colegio, los docentes le obligaban a aprender castellano y la discriminación siempre estaba presente. Además, mencionó que la prensa nunca los apoya para fomentar su cultura, y si es que lo hacen, es en espacios en los cuales no hay una gran cantidad de televidentes (se refería a TVPerú).

Matut Impi, representante de la lengua awajún, se enfocó en la importancia de inspirar a los jóvenes a sentirse orgullosos de su cultura y llegar a “ser profesionales sin que el castellano los deje de lado”. Enfatizó el largo camino histórico que sufrieron por el llamado “tiempo de caucho” en los primeros años del siglo XXI. Por muchos años estuvieron bajo el dominio de los explotadores caucheros y no podían comunicarse mutuamente. Por ello, los awajún usaron el castellano para defenderse y, con el apoyo de las iglesias jesuitas, católicas y evangélicas, tuvieron apoyo y se refugiaron en ellos, aunque hoy en día hay ciertos problemas de identidad por su presencia.

Después de tan aclamados eventos, subió Juan Villamonte a contar su experiencia como sordo y el dificultoso camino educativo que tuvo. Mediante un intérprete de señas que hablaba lo que Villamonte en señas, pudimos comprender que fue tedioso pero poco a poco ha ganado territorio tanto en una parte legal como social, y cada vez es más aceptada la lengua de señas peruana tanto como para los sordos que no la utilizan como los oyentes.

Máximo Contreras, del quechua chanka como lengua materna, manifestó su profunda preocupación por “lo que vendrá”, el devenir tanto de la lengua como de la cultura. “La lengua es como un abuelo, ¿cómo vamos a dejar morir a nuestro abuelo?”, decía. Compartió el comentario de los otros representantes, de que no hay mucha difusión de la prensa ni de los medios masivos de comunicación (MMC), y que la educación hoy en día es muy importante ya que los jóvenes van a sostener el legado del quechua chanka; por eso, concuerda con que la escritura es muy importante a desarrollar.

Rufino Chuquimamani, hablante de la lengua quechua Cuzco-Collao, menciona que la educación de las lenguas no radica en la memorización, sino en el proceso cognitivo y el entendimiento de ellas. Recordó también su época escolar, cuando le obligaban a hablar una lengua que no era la suya. Subrayó que el Ministerio correspondiente no actúa debidamente ni promueve el amor hacia lo propio, que es lo que se está perdiendo hoy en día.

Por último, Reydelinda Saldaña, de la lengua selvática shipibo, relaciona la lengua con la naturaleza y la riqueza que tenemos como país, y enfatiza que se necesita apoyo para que no se pierda, tanto de las instituciones como de las familias de aquella lengua materna. Todos estamos involucrados.

De esa forma, concluyó el evento con música y risas. Habían pasado dos horas y toda una historia que nos atravesaba; las lenguas esperanzadas, por su lado, se hicieron parte del viento . Entre tanto y tanto, nos dimos cuenta todos de que ya nos conocíamos, que habíamos coincidido en este arduo proyecto de ‘deconstrucción’ de Babel y que, más allá de las reflexiones que cada uno llevamos dentro, “hay, hermanos, muchísimo que hacer”.