Quiero extenderme una semana más en cuanto a mi alejamiento en relación a los temas de las crisis internacionales. Quiero centrarme hoy, en cambio, en una idea bastante más alegre que, de todas maneras y, además, en tanto nos damos cuenta de que tiene más ventajas que desventajas por ahora, es un fenómeno mundial. El día jueves cuatro de agosto, me descargué la aplicación de Pokémon GO. La aplicación me ha sorprendido barbaridades, me ha hecho pensar qué tanto ha avanzado la tecnología en el mundo. Como me decía un amigo, podríamos afirmar que las aplicaciones de este tipo que han surgido y van a surgir, si tenemos en cuenta, claro, que no solo serán relativas al ocio, “crean una revolución” en el campo de la historia y las creaciones humanas. Ahora bien, ¿de qué modo podemos establecer una relación entre una entrada o artículo que, normalmente, tiende a hablar de temas críticos en la humanidad con la creación y el desarrollo de uno o más juegos, o aplicaciones? Primero se tomará en cuenta, como ya se dijo, el nivel de fenómeno mundial que abarca este juego y, luego, considero importante que también se podría ver un poco la dimensión social del mismo.

Pokémon GO ha tomado un buen tiempo para ser desarrollado y, por el comienzo, parece que la cosecha es bastante buena: todo lo que se hace minuciosamente y con mucho esfuerzo, normalmente logra buenos resultados. Ha habido investigación de plazas, monumentos, playas, playas de estacionamiento. No solo eso, también ha habido una relación entre los climas (incluso los micro-climas) y los cómicos monstruitos de esta serie que aparecen en cada uno de ellos. El desarrollo de este juego ha sido uno mundial. En cualquier lugar del mundo, repentinamente, todos pueden sentirse cómodos atrapando estos diversos pokémones. La fauna digital, esta fauna digital es entonces el inicio de una gran revolución de aplicaciones que tratarán de acercar a países con países y de hacer que la realidad virtual, dentro del mundo en general, se comience a difuminar con la realidad corporal. De ahí, reafirmo lo que mi amigo me dijo en sentido de “revolución”. La tecnología ha llegado, por estos días, a tomar en cuenta, entonces, todos los campos de la vida humana y se está convirtiendo, de a pocos y mundialmente por si aún no lo es, en lo indispensable.

En el campo social, por otro lado, este juego hará/hace recordar, al igual que muchas aplicaciones o harán en el futuro, o ya lo hacen, que uno está viviendo en un mundo con “representaciones” virtuales de cada uno y de cada una, y que, además, carga con la responsabilidad de criar a tales monstruitos con el fin de ganarles batallas a otros usuarios de la misma aplicación. De pronto, y en tanto no tenemos en cuenta el defecto de las ciudades inseguras y personas con intenciones maliciosas, el método de esta aplicación  creará o ya creó formas nuevas de interactuar que posiblemente nos hagan dar cuenta de diversas cosas: lo digo en el sentido de que no solo al nivel de ocio y quizá de frivolidad del juego nos comunicaremos, sino que también crearemos nuevas redes sociales con intereses quizá bastante obvios (atrapar a un Pokémon) que podrían crear en nosotros un sinceramiento en la forma en la cual nos presentamos. No hay mucha excusa: “Te encontré mientras atrapaba a un Pokémon”.

No pongamos dentro del saco, al menos por este momento, los puntos negativos de la aplicación (y de la serie de aplicaciones entre las cuales está la que previamente he desarrollado) y fijémonos en cómo el campo tecnológico mismo es un espejo y una extensión de lo que somos y de nuestro cuerpo. Cito a mi amigo Juan Diego, de nuevo, para dejar en claro que esto no es solo “una revolución”, sino un cambio general (y la demostración del mismo) en el mundo que conocemos.