“Fue la copa de Robben”, concordaron muchos. Y es que sí, Robben le dio el gol de la victoria. Aquel que no solo provocó un grito de gol en los hinchas del Bayern, sino que arrancó el clavo que el año pasado dejó la final contra el Chelsea. Pero no solo el clavo de un equipo, sino el clavo personal de Robben, de perder dos finales seguidas… y hasta tres. Robben sufrió mucho hasta hoy. Imagino la paz con la que durmió esa noche, con una sonrisa.

Pero bueno, eso no es todo lo que arrancó: también causó lágrimas. Los hinchas del Borussia Dortmund se quedaron con las ganas de mirar los penales, y hasta soñar con el título. El gol en el minuto 88 de Robben, si bien dio vida a su equipo, mató al rival. El arquero, Weidenfeller, sacó todo, absolutamente todo, menos ese pase al arco. Un pase que, estoy seguro, pidió todos los permisos necesarios para hacerse espacio entre el pasto y el aire, entre la libertad de andar solo y el pie derecho. Sí, pidió permiso. Un gol tan merecido como inmerecido. Merecido porque Robben lo venía buscando desde hace mucho, su campaña fue de lo mejor que hubo en la Champions. Inmerecido porque en el mismo partido se falló todo. Se perdió 4 sino 5 goles seguidos frente al arco. Buena final la que vivimos el sábado… no la mejor, pero final en todo el sentido de la palabra.

Recuerdo muy bien haber visto las formaciones y decir: “qué partido para más aburrido va a ser este”. Y es que analizando las formaciones (que por cierto la de los dos equipos fue 4 – 5 – 1 y 4 – 3 – 2 – 1, pero al fin y al cabo 5 volantes), el medio campo iba a estar poblado totalmente, impidiendo cualquier intento de juego rápido o salida por el medio de la cancha, lo cual obligaría a salir mediante pelotazos o a dependiendo de los carrileros. Pero, sorpresivamente, estas formaciones se desvanecieron con el correr del tiempo. El partido en ese sentido puede ser dividido en 3. En el primer tiempo va hasta el minuto 30, donde la búsqueda por la posesión del balón es encontrada por Dortmund, pero de una manera relativa. Desde ahí, pasa a un equilibrio que favorece mínimamente al Bayern, y que dura hasta su primer gol. Es en ese momento cuando toman el control, y, a pesar del empate de Borussia, el dominio sigue hasta que se corona con el segundo gol.

Las formaciones se desvanecieron en el primer tramo del partido, por lo que me atrevo a decir que éste no salió como los técnicos esperaban. El partido se abrió en el minuto treinta, cuando el Bayern reaccionó con un contraataque que bien pudo terminar en gol. Las llegadas del Bayern a partir de ese momento se caracterizaron por la salida por el lado izquierdo, y cambiando el lado de la cancha a medida que avanzaba la jugada. Si ésta no terminaba en centro, Robben entraba y tenía la oportunidad de convertirla en gol. Sin embargo, estas oportunidades se perdieron casi todas. Cuando no terminaban así, los remates al arco eran efectuados por algún volante que por allí pasara.

Cuando el partido se abrió, el Dortmud solo logró defenderse. Grande fue para este trabajo el arquero Weidenfeller, quien cumplió una labor impecable. Los goles no fueron su culpa. Y de no haber sido por el penal que Dante provocó, pienso que Dortmund no hubiese metido gol alguno. De esa manera, el partido estuvo en su mayoría en favor del Bayern de Münich. No importó que Ribery haya sido tapado (es más, se notaba la frustración que tenía), Bayern encontró la manera de atacar efectivamente. Así, logró la victoria con una jugada magnífica, donde los toques y su precisión llevaron a que Robben termine (por sexta vez) solo ante el portero rival. Pero esta vez fallar no estaba en sus planes, y con la cabeza helada definió de una manera digna de una final: con clase, con tranquilidad, con ese deseo de ser campeón.

Por todo esto, la final fue especial. Un partido entretenido, con calidad. Sinceramente, pensé que sería un partido muy abierto, con pocas llegadas y abundancia de pelotazos, pero no fue así. El gol se buscó por el ras del campo, y pocas fueron las veces que hubo centros. El predominio del toque y el armado de jugadas hicieron de esta final una ordenada pero a la vez emocionante. Fue lo que esperábamos, por lo menos llenó las expectativas. No fue la mejor final de la historia (mejores y más emocionante han habido), pero sí fue una final, con llantos de alegría y tristeza, como debe ser. Bien ganado de parte del Bayern… se lo merecían, creo yo. Y ahora, a esperar con tranquilidad qué sucede la próxima copa, a esperar con paciencia que finales, son todos los partidos de la Champions.