A vísperas de las elecciones municipales, la retórica postulada por el filósofo griego Aristóteles se hace visible. La cuenta regresiva para conocer a las nuevas autoridades se va haciendo más corta y la preocupación de los ciudadanos crece por no saber por quién votar. Queda muy poco para que los candidatos logren “convencernos”. Ante esta situación, seguramente los postulantes estarán preguntándose ¿qué hacer para persuadir al auditorio? o ¿cómo crear un discurso “prometedor”?

Aristóteles en su tratado Retórica analiza a esta arte de persuasión desde distintos puntos. En este breve artículo me centraré en el Libro II del tratado en donde el filósofo se concentra en los términos ethos (credibilidad), pathos (emociones y psicología de los oyentes) y logos (patrones de razonamiento) como base de la confianza y objetivo de un orador.

Por tanto, la clave de un discurso que será recordado por el público oyente, sin importar el contenido de este, recae en estos pilares que señala Aristóteles.

Por un lado, en un discurso persuasivo, siempre se apela al pathos a través de la mención de situaciones que involucren emociones de tristeza o de alegría. De esta manera, el orador crea un escenario en donde los oyentes se pueden sentir identificados y deseen hacer algo al respecto (o apoyar a quien enuncia un cambio en la situación). Por ejemplo, al mencionar cifras desalentadoras en temas de educación, se siente preocupación por una de las bases del desarrollo individual y social en el país. Si un candidato propone rebatir esta situación, evidentemente, recibirá ayuda en algún sentido.

Por otro lado, las propuestas que se mencionan normalmente por la gran gama de candidatos tienen cierto carácter de credibilidad (ethos) para que la población pueda depositar algún grado de confianza en ellos. Seguir, además, una lógica (logos), con el buen uso de la razón, de acuerdo al contexto en el que se vive. Un país como el Perú, por ejemplo, tiene urgencias en temas educativos, económicos, sociales, entre otros, en donde la creación de teleféricos o construcciones de estadios estarían demás en nuestra realidad.

Un orador, entonces, tendría como fin último la persuasión; convencer sin importar si el contenido es de calidad o no. Frente a la retórica, se encuentra la dialéctica, método también explorado por Aristóteles en donde se deja de lado esta manipulación y persuasión del auditorio para ofrecer un discurso basado en el conocimiento y la razón.

La gran pregunta es ¿tenemos en estas elecciones a simples retóricos o podemos sacar cara por algún candidato con herramientas dialécticas?