“Me ha dado luz verde Nadine para lo del PNUD, ah”. Más allá de lo lamentable que resulta que prácticas mafiosas de interceptación telefónica aún persistan en nuestro país, la frase pronunciada por el ministro de Defensa, Pedro Cateriano, solo reafirma las sospechas que tienen lugar desde el principio de la gestión de Humala: Nadine Heredia no solo cumple una labor de apoyo, sino también cogobierna al lado de su esposo. En tal sentido, tal audio no evidencia una conducta aislada. Diversas autoridades del oficialismo han reconocido, consciente o inconscientemente, la preponderante influencia de Heredia en la administración del país. Cómo olvidar las declaraciones del otrora primer ministro, Oscar Valdez, quien no dudó en afirmar orgullosamente que “contaba con el apoyo de la pareja presidencial”. O sea, la primera magistratura del Estado no estaba ocupada por un presidente electo luego de elecciones, sino por una entidad siamesa.

En efecto, cierto sector de la población alberga el temor de que la esposa del presidente incursione en las elecciones presidenciales, a pesar de que se encuentra impedida por ley. Bajo las circunstancias actuales, no sería exagerado calificar a ese hipotético intento como “reeleccionista”. Con el objetivo de disipar las críticas y dudas existentes, Nadine Heredia rechazó rotundamente cualquier pretensión presidencial. Creerle o no, ya es otro asunto. No obstante, resultaría mezquino no reconocer la importancia de tal gesto, sobre todo cuando gran parte del oficialismo había declarado ambiguamente respecto al tema. Asimismo, ¿se pueden considerar como exageradas las críticas en relación al notorio papel que desempeña Heredia? Considero que no, principalmente por la siguiente razón: ella no ocupa ni un cargo que le atribuya responsabilidad alguna en caso de malversación de fondos públicos. A diferencia de sus antecesoras, es decir, Karp de Toledo y Nores de García, ella no se vería obligada responder ante actos de corrupción debido a su cómoda posición de esposa del Presidente, a pesar de estar involucrada de sobre manera en el proceso de toma de decisiones del Ejecutivo. Heredia no es presidenta de una ONG ni es empleada de un ente estatal como el CONAPA, como si lo eran los ejemplos mencionados anteriormente, respectivamente.

Tal vez por ello se deba su alto porcentaje de aprobación, el cual siempre ha sido mayor al del presidente Humala. Es más, resulta sintomático que empresas encuestadoras hayan optado por adherir una pregunta en relación a la “gestión” de la primera dama, lo cual es una novedad a todas luces. El hecho de que usualmente sea vinculada exclusivamente con programas de asistencia social juega a su favor, dado que se encuentra deslindada del desgaste político propio de cargos como la presidencia o un ministerio. Por ahora, su futuro parece incierto. Hay quienes afirman que será la representante del nacionalismo para la alcaldía de Lima en las próximas elecciones regionales y distritales. Por otra parte, resulta insensato prever una victoria de Nadine Heredia en caso postuara, a pesar de los altos índices de popularidad que ostenta. Si algo nos ha demostrado la historia durante la última década, es el hecho de que el oficialismo siempre termina totalmente desacreditado como para tentar un segundo periodo consecutivo. Recordemos que el 2006, Perú Posible no presentó candidato para la presidencia, y solo obtuvo una curul en el Congreso. Del mismo modo, el APRA tampoco tuvo un representante en el 2011, y el número de congresistas que posee actualmente es la insignificante cifra de cuatro, lo cual lo inhibe de una presencia preponderante en el momento de las votaciones. Aún cuando los precedentes no son alentadores, el solo intento de tentar la presidencia por parte de Heredia resultaría una violación a la constitucionalidad vigente, dado que implicaría una serie de estratagemas políticas para modificar el stutus quo con la obvia intención de preservar el poder. La prohibición de su candidatura no posee carácter gratuito, dado que su función es evitar la instauración de regímenes dinásticos y familiares con tendencia autoritaria, lo cual es más plausible en países con bajos niveles de institucionalidad como el Perú. Solo queda esperar que las palabras de Heredia guarden coherencia con sus actos. Mientras sigamos observando actividades de carácter clientelista al estilo Fujimori o Kirchner, como las realizada en su cumpleaños, en las cuales se sorteaba alimentos y regalos a los asistentes, la duda estará siempre presente.