Incontestable defensor de las mayorías pobres y marginadas; catalogado como auténtico tirano por las clases medias, emprendedores y empresarios privados: el comandante Hugo Chávez Frías, animal político por excelencia, cultor de toda serie de amores y odios, sigue suscitando polémica esté en donde esté. El “chavismo sin Chávez” naturalmente no es el mismo que el que día a día se daba en tierras llaneras durante los 14 años que el Comandante dirigió desde el Palacio de Miraflores. Nicolás Maduro, actual presidente tras elecciones polarizadas y sumamente cuestionadas por la oposición, se debate junto a la cúpula chavista en una situación de incertidumbre económica y política, situación recrudecida por las sucesivas manifestaciones populares que claman por la revisión de votos que lo llevaron a la presidencia. El personalismo del régimen, así como las controvertidas medidas políticas y económicas, pasan caras facturas en la actualidad.

Tras las elecciones de abril, donde resultó vencedor Maduro por un estrecho margen frente a Capriles, las divisiones en la sociedad venezolana se han exacerbado a tal punto que la violencia alcanza picos muy altos (es de recordar los altos índices de violencia en la sociedad de la vinotinto). La caldeada oposición venezolana, harta de chavismos, pugna por acabar de una vez con este régimen de gobierno que algunos científicos sociales llaman “autoritarismo competitivo”.

La problemática venezolana ha trascendido muchos límites. Latinoamérica, ganada en varias oportunidades por la verborrea del chavismo, es la plaza en donde los países se juegan un partido aparte a la hora de definir posiciones en cuanto al gobierno de Maduro. En esta oportunidad, el colectivo “Juventud x la democracia”, que reúne a diferentes agrupaciones políticas contrarias al chavismo, convocó a un evento que tenía el elocuente título de “La decadencia del siglo XXI”.

El conversatorio, que fue en el salón 318 de la facultad de Letras en la PUCP, tenía gran importancia para la comunidad universitaria: días atrás se habían formado varios debates en torno a la muy susceptible temática de la actividad. Apristas, miembros de la izquierda peruana, pro-cubanos, pro-chavistas e independientes ofrecieron sus diversas opiniones. Felizmente, fueron escasamente contadas las ocasiones en las cuales se llegó a los agravios.

Con esta antesala digna de un partido de fútbol, la actividad sonaba prometedora. A las 6: 30 pm el salón ya estaba lleno. No obstante,  la reunión del análisis coyuntural venezolano recién empezó a las 7: 00 pm – recordemos la hora peruana -. William Dávila, diputado venezolano por Acción Democrática; Rafael Miyashiro, secretario general del rejuvenecido PPC; Jorge del Castillo, secretario general del APRA (en un principio Mauricio Mulder sería quien vendría a representar al partido de la estrella); Ángel Delgado, miembro del comité ‘Amigos de Venezuela’; y Paulina Facchín, coordinadora del Comando Simón Bolívar-Perú, fueron los ponentes invitados.

Uno a uno, fueron expresando sus opiniones sobre la situación venezolana. Desde el lado peruano, las ponencias iban desde el comparativo Perú-Venezuela, sobre cómo aquí la libertad permite el goce de determinadas posibilidades y allá no (fue muy recurrente el ejemplo de la falta de papel higiénico en Venezuela), hasta las señales del fraude perpetrado por Nicolás Maduro. Paulina Facchín y Wiliam Dávila, ambos venezolanos, fueron más puntuales en sus exigencias de libertad para Venezuela, por lo mismo que fueron exiliados de ese país. Facchín, joven venezolana de cabello rubio, dio gracias por el recibimiento del Perú y reprodujo un video de la agrupación “#Venezolanosdetitanio”. El video, acompañado de una “empiladora” música pop y de una letra de protesta, mostraba imágenes del actual  y preocupante acontecer venezolano. William Dávila, probablemente la mejor representación de lo que vive la oposición en Venezuela (fue agredido por oficialistas en la Asamblea Nacional), cerró la noche. Este empezó con un recuento histórico de las vivencias políticas de su país desde antes de la entrada de Chávez al gobierno. Habló sobre partidos venezolanos, marxismo, izquierdas y derechas y, al igual que Facchín, agradeció la acogida de tierras peruanas. Cerró su intervención del siguiente modo: “La revolución más fructífera es la democracia”.

Como se dijo en un inicio, este conversatorio llevaba tras de sí muchas posiciones encontradas. Esto no fue reflejado durante las ponencias y solamente algunas batidas de aplauso imprimían el ánimo buscado. Todo cambió al cierre del debate. Minutos antes de darse por finalizado, tres estudiantes de la universidad exigieron que se les diese la oportunidad de cuestionar lo que  se decía desde la mesa principal. Esto fue impedido por el moderador, quien culminó efusivamente el evento. Acto seguido, producto de la indignación de los estudiantes, un considerable sector del salón se arremolinó preguntándose por qué no los dejaban hablar. Los coordinadores del evento justificaban el proceder con que “la universidad los estaba botando”. Para ese momento eran las 9 y no habían indicios de que los correctos “sheriffs” estén buscando dar por terminado el evento. Eso, decían otros estudiantes que se sumaron a los revoltosos iniciales, no era obstáculo alguno para que se desarrolle el debate, pues ya había sucedido antes en situaciones similares. Además – continuaron- en el evento de Facebook decía que era un foro abierto. Representantes de la organización dijeron que no y que gracias a la tardía actividad no se podría dar. Se armó un pequeño intercambio de palabras, que si bien era acalorado, versaba sobre el por qué no se permitía hablar.

Afuera del salón, un miembro de una de las agrupaciones venezolanas, se acercó a los visiblemente fastidiados estudiantes para investigar acerca de las preguntas que iban a formular. Una de ellas era muy pertinente tanto para peruanos como para venezolanos: en medio de los ponentes se encontraba Jorge del Castillo, primer ministro de García, y que salió del gobierno por sonadas irregularidades de su etapa como Premier. A su vez, la remembranza de los actos de corrupción durante el segundo gobierno de García, las muertes de Bagua, la Megacomisión y sus investigaciones, entre otras perlas devinieron en escepticismos. Es decir, el frente venezolano que anhela el retorno de la democracia, no tenía precisamente en el APRA a un adalid demócrata.

Los cuestionamientos fueron variados y los organizadores aseguraron la concreción de un próximo evento donde se debata y rebata las diversas posturas en torno a Venezuela. Esto dejó más tranquilo al grupo de estudiantes. Personas relacionadas al evento aseguraron, vía Facebook, que esto no se repetirá y que sí habrá la oportunidad de rebatir argumentaciones.

Fuente: El Comercio, La República, La Primera