¡Hola a todos!
Este artículo forma parte de una nueva sección del portal, que llamaremos “Crónica del estudiante PUCP”. Aquí, les contaré alguna anécdota que me haya sucedido en Cato o relacionada con las peripecias de ser estudiante universitario en general. Tal vez se identifiquen un poco con esas cosas graciosas y a veces desafortunadas que a todos nos pueden suceder, pero sobre todo espero que las encuentren entretenidas.

Hoy empezaré con algo que me sucedió hace casi un mes: mi odisea personal para imprimir trabajos. Aquel martes tenía que entregar un trabajo impreso a las 8 am. Se me había acabado la tinta en casa así que llegué a las 7:55 para imprimirlo en la fotocopiadora del pabellón Z. 8:00… 8:05… 8:15… y solo había llegado uno de los chicos de STANSA, que desafortunadamente no tenía la llave para entrar a la fotocopiadora, y todos sus demás compañeros decidieron pegarse a las sábanas justo ese día. Cruzando los dedos, subí y le pedí al profesor si podía entregarle el trabajo durante el “break” ya que todavía no lo había podido imprimir. Felizmente me dijo que sí, así que entré a la clase.

A la hora del “break”, salí con mi USB rápidamente y “oh! sorpresa”, la fotocopiadora ya estaba abierta… pero con 15 personas esperando. Decidí ir a la Biblioteca Central. En la sala de Recursos Electrónicos había gente en espera, así que fui al primer sótano, le enseñé mi USB a la Srta. y le pregunté si podía imprimir. Me dijo que sí pero que solo por correo. Genial. Subí al primer piso y desde una de las computadoras envié el mail a mi correo (siempre precavida me envío mis trabajos al correo PUCP por si acaso). Bajé corriendo y le dije a la Srta. que ya lo había mandado. Durante momentos eternos, la computadora terminó de prender y el correo cargó. Mi mail había llegado y cuando pensé que por fin daría un suspiro de alivio, no estaba el adjunto.

Renegando regresé al primer piso y me resigné a hacer la cola en Recursos Electrónicos. Esperé, esperé y esperé… hasta que por fin llegó mi turno. El nuevo sistema de esa sala es mandar el documento por correo electrónico, pero el encargado, al ver mi cara de desesperación, hizo una excepción y me dejo descargarlo de mi USB. ¿Y qué sucedió? La PC no lo reconocía. Ingresé al correo PUCP y lo descargué desde ahí. No fue hasta que vi las páginas imprimiendo que pude respirar nuevamente. Llegué a mi clase media hora después pero entregué el trabajo. Nota mental: ¡Comprar nuevas tintas!

¿A ustedes les ha sucedido algo similar? ¿Han sufrido imprimiendo como yo? ¡Pueden comentar algunas de sus anécdotas!

  • Michael

    Recuerdo que una vez en EEGGCC cayó el sistema de STANSA… Sociales me salvó.

    • Melisa Gutierrez

      ¡Que suerte! Ojalá la congestión de Stansa mejore :´(