La pasión con la que prácticamente nací fue el fútbol (cliché,¿no?). Hasta ahora se cuentan en las reuniones familiares de las épocas en las que no podía dormir sin mi ropa del equipo de mis amores. Las fotos reveladas muestran un niño de no más de 2 años con un manga-cero que decía: “Soy cremita desde la barriguita de mi mamita”. Lamentablemente, ni eso detuvo que mi mamá me quitara mis polos cuando estaba dormido. Era su única oportunidad de 1) verme sin ellos y 2) lavarlos. Y sí, tenía que lavarlos rápido porque, cuenta con la nostalgia típica de una madre que no quiere que su bebé esté en camino de cumplir 22 este año, si me despertaba en medio de la noche y no estaba con mi camiseta de la “U” empezaría a llorar.

En todos estos años, me he encontrado con varios tipos de personas y sus opiniones con respecto al fútbol: a) los que son hinchas de otros equipos, b) los que no son de ninguno, c) los que solo ven fútbol internacional, d) los que solo ven los partidos de la selección y e) los que detestan el también denominado “deporte rey”. Gente de la que realmente puedes ver su fastidio cuando les hablas de eso o que se burlan por verte triste luego de un mal resultado. Por muchos años, este grupo de individuos siempre me han parecido “raros”. En serio, no entendía cómo alguien podía ver el mismo partido que yo y sentir cosas completamente diferentes. Para alguien que aún sueña-y pierde el sueño- con mágicamente ponerse en forma, ser convocado por Gareca (de alguna manera), clasificar al mundial -sí, al de Rusia 2018- y ganarlo con mi gol dramático de último minuto, que un sujeto venga y me diga que detesta el fútbol…altera mis nervios, no lo concibo. Me resulta más difícil creer en Dios que en personas así existan.

Independientemente de la típica y simple respuesta de “son gustos de cada uno”, he querido profundizar sobre eso: las pasiones. “[…] Proviene del antiguo griego pashko y su significado original podría traducirse por “sufrir” o “soportar”. Es esta última acepción la que los cristianos utilizan cuando hablan de la pasión de Cristo. Con el tiempo, ha adquirido casi el significado inverso. Pasión significa hoy día una intensa atracción personal por algo, una estrecha afinidad o entusiasmo que puede desembocar en un profundo gozo y plenitud” (Robinson, 2013). Para esto, primero quiero explicarles mis otras dos pasiones: la música y la educación.

Siendo sinceros, entiendo muy poco de este arte (o de cualquier arte, de hecho), no toco ningún instrumento y de vez en cuando me gusta creer que puedo cantar (mis hermanos se dan la libertad de devolverme a mi realidad). Solo les puedo decir que lo siento (no, no me estoy disculpando). Me gusta sentir el ritmo, la emoción del cantante, la profundidad del mensaje (cuando entiendo la letra). Canciones que me ponen la piel de gallina o que me estremecen todo el cuerpo y me dan ganas de gritar, saltar y correr, y que todos hagan lo mismo conmigo. Mi cerebro crea un video musical con los mejores, peores o ficticios momentos de mi vida que suele ser tan fuerte que varias veces he dejado caer lágrimas. Pueden ser imágenes de alegría, ira, optimismo, frustración, fantasía, nostalgia, amor u odio. Por otro lado, ¿quién no se ha inspirado con una canción? Para hacer un trabajo, para preparar un gesto romántico, para motivar a alguien, o para sentir cerca esa persona que extrañas.

Mi banda favorita de todos los tiempos: The Beatles, en especial George Harrison, pero esa es otra historia. Actualmente estoy me la paso buscando nuevos ritmos, nuevas bandas (no tan conocidas por mí): Kaleo, Mumford and Sons, The Lumineers, Imagine Dragons, 21 pilots, Kings of Leon, Kanaku y el Tigre, Ves tal vez y más. No puedo enfatizar lo suficiente las veces que he escuchado sus canciones en absoluto aislamiento y sentirme completamente acompañado, apreciando el momento. Sentir como la energía fluye entre mi cuerpo y la habitación en la que me encuentro, dejar la ventana abierta, sentir el viento que sopla fuerte y ver el movimiento de las nubes en un atardecer espléndido porque sabes que no se va a repetir, pero aún así quieres detener el tiempo para observar cada detalle, pero la verdad es que solo puedes ver el horizonte con una mirada optimista de que algún día encontrarás un momento mejor que este y estarás listo para apreciarlo con la misma sonrisa que tienes ahorita.

Por su parte, la educación es un campo que me movió el piso desde diciembre del 2014. Leí un artículo de El Comercio sobre la presentación en la CADE del, en ese momento, alcalde de Moquegua, Martín Vizcarra. Su trabajo limpio en las negociaciones con las mineras defendiendo los intereses de su gente así como colocando la infraestructura escolar y capacitaciones de docentes primero en su agenda, me conmovió tanto que me puse a llorar de la alegría. Desde ese entonces, creo que no ha habido un solo día en el que no piense, hable, lea, vea algo relacionado a la Educación. Había encontrado mi 3era y hasta más poderosa pasión.

A raíz de esta experiencia, nació en mí un deseo de conocer cómo eran estas personas que también habían encontrado sus pasiones y me animo aquí a dejar las conclusiones de mi pequeña investigación: a) las personas que ya encontraron su camino tienen una sensibilidad diferente con la vida b) tienen un deseo interno por contagiar su entusiasmo en los demás c) cuando hablan de lo que sienten o piensan lo presentan como algo que ayuda a una comprensión “universal” de la vida, como si fuera la clave, una experiencia trascendental que eleva nuestra humanidad

“Eso” que te apasiona, que no te permite concentrarte en tus obligaciones mundanas; por lo que dejas de dormir y cuando lo haces, sueñas sobre lo mismo; cuando lo estás haciendo te hace sentir completo, conectado con el universo y al mismo tiempo aislado de todo lo que te rodea, no hay futuro, no hay pasado, en ese momento eres la expresión de tu ser auténtico y los demás lo saben, lo entiendan o no. Entonces al final, no importa si comparten o no tus pasiones. Solo espero que al menos tengan claro cuales son las suyas.