Sí, llegaron las vacaciones. Todos estamos contentos, porque eso significa que los venados no robarán nuestro básico hasta el 18 de agosto. Eso, además, también podría entenderse como una oportunidad fantástica para las aerolíneas, compañías de turismo, líneas terrestres, vendedores de comida enlatada y más. Pero existen otras alternativas por si pasamos las vacaciones en “la tres veces coronada villa”. Una de ellas es la Feria del libro.

No, tranquilo, esta no será una reseña de qué leer y qué no leer en dicho lugar. En gustos y colores no escribieron los autores, y desde la última vez que recomendé un libro y recibí un ataque verbal, prefiero no arriesgarme por uno de ellos. Comencemos con lo bueno de esta feria.

Pajinas libres. Es un evento que promueve la lectura. (Pero eso era obvio, ¿no? No necesariamente). El hecho de tener un libro frente a tus manos, considerando el esfuerzo y el ambiente que genera la conglomeración de libros, folletos, revistas, comics, lectores ávidos, nuevos lectores y gente que va a la feria para tomarse un selfie con los hashtags “#feria#del#libro#like4like” incitan a leer, por lo menos, la contraportada del libro. El resto depende del lector, quien puede quedar conforme con lo poco que lee de este objeto y adquirirlo, o buscar otro una vez que su curiosidad haya despertado.

Todas las sangres. Se da el encuentro con editoriales y países invitados. Puedes descubrir tiendecillas y editoriales que nunca habías pensado que existían, o te puedes acercar finalmente con una casa editora a la que habías pensado asistir, pero con la cual nunca se dio el encuentro. Eso, personalmente, me pasó con el Instituto de Estudios Peruanos. Habiendo llevado el curso de Investigación Académica el ciclo pasado, fue muy agradable encontrar libros relacionados a los autores y al tema de mi investigación. Es un acercamiento que no había pensado sucedería ese día.

Por otra parte, la presencia de embajadas y, especialmente, países latinoamericanos refuerzan la influencia que tenemos como continente en el actual mundo de la literatura. “Boom” latinoamericano, cincuenta años después. Este año Chile es el invitado especial. No perder de vista la embajada de China.

Lo malo.

La ciudad y los precios. Me remito a mi experiencia. Decidí terminar “Anna Karenina” luego de que el ciclo interrumpiera mi libertad mi tiempo libre. Entonces encontré tres versiones del libro de Tolstoi, pero mis ojos casi saltan de mi rostro para escapar rápido en una combi en Salaverry. Pues muchos libros no son accesibles para la clase media peruana. Es cierto, puede valer la pena invertir un poco en el libro del momento, sin embargo existen otros puntos de venta con las mismas ediciones y diferentes precios -cofAmazonascof-. Es cuestión de saber buscar y reflexionar en el precio y la verdadera ganancia.

El coronel no tiene donde parquear. Ir los primeros y últimos días a la feria es un dolor de cabeza para las personas que tienen un carro y no encuentran un lugar digno donde dejar el coche. Lo típico es que se forme una larguísima fila de autos entre la feria y la avenida Salaverry, que ocasiona un tráfico infernal a partir de las 6:00 p.m. Ya dentro, puedes encontrar dos tipos de puestos: aquellos rebosantes de personas y aquellos que no. Podría ser  una ventaja si tu libro favorito se encuentra en un rincón, sin ser la presa de alguien. Pero eso, tal vez, se convierte en desventaja si el libro seleccionado peligra por la demanda, o si no puedes acercarte a apreciar los demás artículos, revistas o libros por la presencia abrumadora de gente en un determinado stand.

Lo feo.

El cantar del Mio Bieber. Muchas casas editoras han apostado por presentar libros que, a mi parecer, son muy comerciales. Biografías de One Direction, libros para dibujar y pintar de Jonas Brothers, con variantes del cantante canadiense. Incluso se puede ver la masiva distribución del último hit luego de su presentación en cartelera, me refiero a “The Fault in our Stars”. Entiéndase esto no como una crítica al gusto musical de las personas que son fans de los grupos mencionados o de la aclamada historia de John Green. En ello no se basa esta humilde opinión. Pero el ambiente se satura cuando uno camina dentro de un puesto y la oferta es monótona: estrellas pop del 2008 para adelante. Incluso la lamentable muerte de García Márquez trajo consigo una masiva difusión de sus novelas. ¿Editar para leer o para vender?

Aves sin nido. Lectores sin libro. Una vez fuera de la feria, ¿qué queda? ¿Cuántas personas ven frustradas sus intenciones de comprar un libro, un folleto si quiera por ser parte de la población en extrema pobreza o tan solo pobre? La feria es solo una muestra de los contrastes en Lima: de cómo, a veces, el conocimiento, la actualidad, lo contemporáneo solo son accesibles a través del verde recurso. Atañe al Estado y a nosotros como personas que accedemos a Internet promover todo tipo de intercambio cultural entre los que menos tienen. Tal vez, y solo tal vez, nuestro próximo premio Nobel de literatura se encuentra entre esta población, esperando ser despertado, esperando recibir aquel libro que cambie su vida para siempre.

El dato: existen eventos diarios dentro de las instalaciones de la 19 Feria Internacional del Libro. Desde autores firmando sus creaciones, hasta talleres para los más pequeños de la casa. Advertidos están. Hasta otra ocasión.