¿La capital latinoamericana del synthpop o la capital metalúrgica del Perú? La ciudad de La Oroya se encuentra a más de 3700 msnm en la región de Junín y es mundialmente conocida por aparecer en las listas de las ciudades con mayor índice de contaminación ambiental. Esto es debido a la histórica intromisión de la actividad minera y metalúrgica en la localidad, la cual ha sido responsable de los altos niveles de plomo en el aire, suelo y agua. Además, tales agentes se han encargado de configurar la urbe de La Oroya bajo el modelo de una ciudad industrial, pues el sector minero es una de las principales fuentes del trabajo. Bajo este contexto, la autodenominación de “La Oroya Manchester”, en alusión a la ciudad británica epicentro de la Revolución Industrial, cobra sentido debido a los puntos en común que ambas poseen con respecto a su atmósfera industrializada; no obstante, otro factor y menos relacionado a cuestiones climáticas—, como la identificación musical con la ciudad inglesa, también es importante para comprender esta referencia.

 

En mención a la musicalidad de Manchester, podemos destacar que esta ciudad es cuna de uno de los grupos más representativos del género: New Order. No obstante, el synthpop se desarrolló descentralizadamente por todo el Reino Unido a la par de sus contemporáneos, el post-punk y el new wave. En líneas generales, el género se caracteriza por el uso predominante de sintetizadores con la labor de imitar instrumentos acústicos, grooves de baterías electrónicas, la repetición de compases y uno que otro elemento de cuerda como acompañamiento, pero siempre ajustándose a la estructura de la canción pop. Este es el sonido protagonizado por Depeche Mode, The Human League, Duran Duran y The Pet Shop Boys, que encontró popularidad mundial durante los primeros años de los 80 y que en La Oroya se mantendría a pesar del cambio de siglo.

 

 

Sin embargo, nada aparece por generación espontánea. Aunque no existan datos oficiales que atestigüen la fecha exacta en la que el synthpop y el post-punk llegaron a La Oroya, un dato oficializado a voces cuenta que, con la llegada de los ingenieros extranjeros a las minas y sus casettes, se comenzaron a consolidar el new wave y los géneros antes mencionados. Esto sucedió durante la década de los 80’s con grupos como Depeche Mode e Indochine. De hecho, la llegada de Indochine al Perú en 1988 expresa la cabida que tuvieron ellos y grupos relacionados en una época en la que no existían las alternativas virtuales y la radio, por ende, albergaba mayor influencia musical. Aunque Indochine no llegó a La Oroya, sí lo hizo por medio de las radios, las cuales, en conjunto con la influencia del modo de vida de los ingenieros extranjeros —cabe mencionar que incluso se instaló un campo de golf en la ciudad—, atrajeron a los jóvenes hacia el synthpop, new wave y post-punk.

 

Durante la década de los 90’s la escena musical de estos géneros se desarrolló de manera “underground” por la falta de espacios. Sin embargo, con el paso de los años, la consolidación del público y el nacimiento de bandas que serían importantes en el nuevo milenio, como Irinum y Cleopatra, la movida synthpop y post-punk de La Oroya comenzaría a ser visitada por foráneos. Foráneos en el único sentido de no estar aclimatados a la altura de la ciudad andina y al paisaje de la Cordillera de los Andes, pues bandas de la capital como Dolores Delirio, Catervas y Voz Propia siempre fueron bien recibidas en los noventa y en los dos mil.

 

Pero es en el plano de los eventos internacionales donde se grafica mejor el ánimo de los oroyinos y donde son capaces de aumentar las temperaturas a pesar de la gélida atmósfera de las alturas. La Oroya ha sido visitada por importantes referentes del synthpop internacional, como OBK, Dorian, Melotron y Robert Enforsen (Elegant Machinery); así como también tuvo a los rusos de Motorama como exponentes del post-punk mundial. Esto gracias a una cadena de festivales que comenzó en el 2006. Sin embargo, el paro en las actividades mineras de la empresa Doe Run Perú en el 2012 provocó la migración de parte de los pobladores en busca de nuevos puestos de trabajo. Esto golpeó la movida musical, pero no la destruyó. Aunque con menor continuidad, se formaron propuestas interesantes como la de “Oroya Dreams Festival”, que convoca artistas nacionales e internacionales por la causa medioambiental.

 

Dorian en La Oroya (Foto por Oroya Dreams Festival)

 

En palabras de Lucy, vocalista y compositora de Irinum, «La Oroya es un oasis para aquel que es un melómano de este tipo de géneros». La acogida es impresionante. Testimonios revelan que desde el transporte público hasta en los restaurantes se puede llegar a escuchar synthpop. La Oroya es una cápsula del tiempo que ha sido reacia a abandonar por completo aquellos sonidos de Manchester y del Reino Unido que dominaron el mundo en los ochentas y que, pese al cambio generacional, sigue vigente hasta la actualidad en aquella ciudad andina que no es únicamente la capital metalúrgica del Perú.