Hace menos de una semana, el estudio Sunrise, el cual animó en 193 episodios los 558 capítulos de manga de la obra Inuyasha, escrita por Rumiko Takahashi, reveló que se encontraba en producción una secuela de la historia original titulada Hanyo no Yashahime (Yashahime: Princess Half-Demon en inglés).

El final de Inuyasha, si bien nostálgico, dio por terminadas de las aventuras del protagonista mitad humano, mitad demonio-perro, y su amada Aome: después de derrotar finalmente a Naraku y desaparecer a la perla de Shikon, Inuyasha y su amada encuentran en un mismo espacio-tiempo para amarse por el resto de sus vidas. Es, sin duda, un final poco impresionante pero que concluye la historia sin muchos cabos sueltos ¿qué podría faltar? Todos los universos alternos al nuestro poseen un Dios creador humano que puede decidir absolutamente cada aspecto de ellos; en el nuestro, en cambio, es difícil encontrar el autor -o culpable- de todos los accidentes posibles que pasan. Si bien la vida se encuentra siempre con incontables posibilidades -¡algunas de ellas incluso buenas!- lo único que podría eliminarlas completamente a todos sería la muerte, incluso en mundos ficticios. Como Martin Heidegger dijo alguna vez: “La muerte es la más certera de todas las posibilidades’’. Pero hasta que no nos encontremos con ella, ni los personajes de distintas obras literarias, el mundo puede seguir reproduciéndose a manos de su creador/a.

Así, Inuyasha se deshizo de su cierre y próximamente -probablemente el próximo año- podremos ver a su hija, Moroha y a sus amigas hermanas-gemelas Setsuna y Towa Higurashi vivir aventuras alternando dimensiones entre el Japón moderno y el memorable Japón feudal, en el cual Moroha y Setsuna, quien esta última se prepara para ser una caza demonios, son adolescentes. La creadora del universo de Inuyasha, Rumiko Takahashi no se encuentra directamente involucrada, pero ha manifestado su apoyo y emoción por los nuevos momentos de los personajes que la acompañaron por tanto años, además de haber colaborado con los diseños de las tres protagonistas.

Después de brindar la información necesaria, viene el dilema. ¿Era realmente necesario retomar su mundo y varias otras referencias a lo que toda una generación conoció y amó como Inuyasha? Como dije anteriormente, el final no fue el más interesante ni sorprendente, mas era un final y se sintió como tal. Vimos a un Inuyasha feliz y en paz después de todos los problemas que ser él conllevaba, y sus aventuras no se sintieron innecesariamente extendidas.

Esto es un fenómeno cada vez más común, tanto en las series animadas como en cualquier otro tipo: en vez de crear tramas completamente nuevas y diferentes que no involucren a historias del pasado, las compañías de series optan por alargar la historia de manera poco armoniosa y muy forzada, o por crear, como este caso, secuelas que involucren la obra original, sin afectarla dentro de lo posible. Ejemplo de esto en Netflix son Stranger Things y sus temporadas que cada vez carecen más de sentido -aunque su producción no decaiga-, 13 Reasons Why cuya segunda y tercera temporada pueden ser fácilmente olvidadas o La Casa de Papel y su segunda temporada, que realmente le resta peso y significado a una primera muy bien lograda. Casos más relacionados con Inuyasha y el mundo del anime son Naruto y su spin-off Boruto, el cual, a parte de ser una historia que después de más de 140 capítulos apenas ha avanzado, su manga solo destruye aún más el final que ya de por sí destruyó muchas de las bases de la historia original. O, también, Dragon Ball Super que, si bien con algunos momentos de brillo, igual parece existir solo para ridiculizar en varias escenas a personajes tan entrañables. 

La respuesta simple y cierta de esto es, claramente, el capitalismo y su absorción del arte, dejando a la capacidad creativa de quienes se arriesgan a incursionar en este mundo sin muchas salidas ni libertades fundamentales para la creación artística. La lógica capitalista es simple, pero vacía: si es que uno se puede seguir lucrando a raíz de cierto producto, entonces debe hacerlo sin evaluar más que las ganancias. Pero es que la existencia del ser humano y sus gritos ahogados en el arte que desbordan la utilidad del mismo no se tratan solo de esto. Como Albert Camus pensó en El hombre rebelde y El mito de Sísifo, el ser humano se encuentra atrapado en medio de la existencia del universo y la de sí mismo. Ese espacio entre nosotros y todo lo demás es ‘’lo absurdo’’, lo cual termina abarcando, en el fondo, cada momento y aspecto de nosotros y el mundo. Una forma de hacerle frente a este absurdo, es la rebelión, y la manera más natural y libre de hacerlo, según Camus, es el arte. Transformándonos a nosotros mismos y a lo demás a través de una mirada artística del mundo, uno se rebela contra el sinsentido de todas las penas, incluso de las alegrías. Pero una vez que se ve amenazada a tu sobrevivencia, la cual posibilita el rebelarse contra la misma por la falta de dinero, incluso el arte puede llegarse a convertir en un bucle infinito de sinsentido. Por esto, la mayor razón de la continuación de Inuyasha, como de Naruto o Dragon Ball, es el poder seguir lucrando en base a nuestro deseo inconsciente de volver al tiempo y a las personas que éramos cuando veíamos estas historias.

Es en este punto, en el cual podemos encontrar otra razón para criticar la continuación de series: podrán ser contextos, seres y sociedades completamentes distintos al nuestro, pero las historias de series animadas como Inuyasha o las demás se encuentran en nosotros y en nuestra memoria, en otras palabras, en la construcción de nuestra identidad a través del tiempo. El juego cruel del capitalismo de seguir lucrando en base al deseo de revivir esas memorias que atesoramos cada uno de nosotros es muy tentador, pero la mayoría de veces solo daña nuestros ya frágiles recuerdos de estas series que en el presente muchas veces sirven como una luz que guía.

Parte de nosotros es lo que recordamos, sin duda. La memoria no sirve solo para entender al mundo, sino también a nosotros mismos. Por eso, una parte importante de esto es, a su vez, qué es el pasado y qué es el presente. Tratar de traer cosas del pasado al presente es, en muchos casos, una negación de la temporalidad de nuestras vidas. Buscamos condensar todos los tiempos en el presente que no existe si es que no se encuentra en medio del pasado y el futuro. Los universos creados por artistas, a los cuales les debemos mucho son gran parte de nosotros, pero no por eso deben de durar para siempre. Hay puertas que se deben de cerrar para poder abrir otras nuevas. Sin embargo, cabe esperar que la secuela de Inuyasha sea una excepción a esta regla y que nos regalen nuevas sonrisas con nuestros yos del presente o, que en todo caso, podamos dejar como legado a las nuevas generaciones, una oportunidad de apropiarse del mundo de los humanos y demonios que tanto nos encantó y que siempre estará presente como una cálida memoria.