Quizás muchos no hayan escuchado hablar sobre esta película, lo que no resultaría extraño ya que no es de esas grandes producciones americanas que se hacen para marcar una época ni para obtener un éxito de taquilla. “La noche de los generales” es, por el contrario, una cinta que si bien es entretenida y bien narrada, no hace uso de grandes artilugios tecnológicos ni maneja una historia con los clásicos personajes estereotipados ya familiares para todos nosotros.

Estrenada en 1967 y dirigida por Anataole Litvak, La noche de los generales cuenta con un reparto estelar conformado por el legendario Peter O’Toole, el versátil Omar Sharif y el siempre talentoso Tom Courtenay. Ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, la cinta sigue el asesinato de una prostituta en Varsovia. El encargado de descubrir este crimen es el mayor Grau, interpretado por Sharif, quien se sumerge más de lo normal en el asunto y va detrás de la única pista que tiene, la cual es la declaración de un testigo que señala haber visto el pantalón del asesino y que este era de un general alemán. Sharif deberá seguir este testimonio y analizar un crimen que muchos considerarían sin sentido por el contexto bélico en el que se encontraban, sin tomar en cuenta que dado que el posible asesino era un general, representaba un peligro para su vida misma.

La noche de los generales es una historia bien trabajada y elaborada, sin espacios para escenas muy producidas u ornamentadas. La capacidad de Litvak para sugerirnos los hechos sin mostrárnoslos directamente termina por ser cautivante hasta el final de la cinta. La actuación de las ya mencionadas estrellas también es notable y el guión, estupendo. Nunca se dice más de lo necesario y las palabras encajan perfectamente con cada uno de los nada comunes personajes. La película no pierde en ningún momento el hilo conductor del relato, ni su seriedad para enfatizar el tema central de la cinta que no es la Segunda Guerra Mundial en sí, sino la búsqueda del culpable del asesinato de una prostituta. Es una narración amena pero que puede llegar a ser tensa en ciertas escenas. Personalmente, encontré el recorrido de la película algo insípido por momentos. Sin embargo, muy pronto entran las secuencias en las que se puede saborear perfectamente la justicia y el amor, así como la locura en su punto máximo. La noche de los generales está lejos de ser una película bélica, más bien se acerca a un suspenso bien logrado o a un thriller perfectamente moldeado. Un ingrediente que le da un toque especial y poco clásico es que detrás de este crimen que se intenta descubrir, hay una historia de un amor entre la bella hija de un general y un simple cabo, piezas directas y determinantes en el desarrollo de la trama.

La obra de Litvak es de aquellas películas en las que te sientes tranquilo por unos minutos, de repente pasas a querer jugar de detective, y al poco rato te sensibilizas con el amor imposible de los jóvenes. La variedad de emociones es increíble y hace que la cinta sea perfecta para disfrutarla con amigos o la familia un sábado durante bien entrada la noche. Además, resulta también ideal si nos queremos ahondar en un debate sobre las enfermedades mentales y las personalidades trastornadas.

La noche de los generales es una cinta sencilla pero poco común, que posee ese encanto natural de las películas de detectives y que, sin embargo, esconde tras esto una problemática psicológica que se da a notar en los hábitos  poco comunes del asesino . No es de esas grabaciones en las que se sigue a alguien en particular, sino que va tras varios personajes sin confiar plenamente en ninguno de ellos. Nosotros podemos tomar la decisión de determinar a nuestro culpable pero los hechos nos remiten a solo uno definitivo, y es en este punto en el que hallamos las mayores contradicciones entre la aparente perfección y éxito de un hombre, así como su amor desesperado por el deber y su personalidad trastornada. Sin duda, una tensa pero cautivante obra.

  • Ale Arroyo Milla

    Hoy, al ver por primera vez ”Cómo robar un millón” (también protagonizada por O’Toole) supe que debía ver más de él. No tuve dudas de qué O’Toole era de aquellos entrañable actores clásicos que se distinguían no sólo por su imponente porte y carisma, sino tambipen por su evidente talento. Gracias a tu artículo, Ellen, sé que ”La noche de los generales” es indispensable para seguir apreciando los trabajos más logrados de su carrera. Esa película y ”Lawrence de Arabia”, por supuesto.