Hola queridxs lectores, ¿cómo están? Espero que todo les esté yendo bien. Debo disculparme con ustedes por haber estado ausente la semana pasada, me disculpo y les cuento que el motivo por el que no escribí para ustedes es que me pusieron un yeso. El viernes pasado bajando en el paradero de la PUCP en la av. Universitaria, mi zapato -unas botas militares muy cómodas- o, mejor dicho, el mini-taco de mi zapato se atracó en el escalón de bajada del micro y mi cuerpo se fue para adelante pero mi pie no, con lo cuál me conseguí una distensión y un yeso e inyección para el dolor. Lo curioso fue que no me dolió tanto cuando me pasó. Bueno, son cosas que pasan.

Felizmente, ha pasado una semana y ya me han quitado el yeso y poco a poco estoy empezando a caminar, aunque tengo hasta el miércoles con muletas, así que si ven a una chica que va lento por los pasillos de la PUCP con muletas, esa soy yo. Bueno, quería contarles toda la historia de mi yeso por un motivo muy simple: todo el mundo (mis amigos) me ha dicho que debería hacer un post sobre esto, “Cómo mantenerte estilizado/a con yeso”,  pero me pareció verdaderamente improbable que a muchos les pongan yeso y necesiten un consejo así, al menos siempre trato de escribir de cosas que muchos estén interesados en leer. Entonces, decidí mutar de tema y hablar sobre ‘la comodidad y la “moda” ‘, o ‘la felicidad y “moda” ‘, pero más como una anécdota.

Empezaré por decirles que es la primera vez que me ponen yeso en toda mi vida (19 años y 7 meses), y definitivamente todo esto me tomó por sorpresa. En realidad, al principio estuve emocionada porque es algo nuevo y, no sé, me fascinan las cosas nuevas, pero la alegría -después de la inyección para el dolor, claro está- me duró fácil una hora después del yeso y quince minutos después de las muletas, ya que todo era súper incómodo. Luego, me dolía todo y generalicé mi experiencia a un “todo mal”. Pero bueno, mi madre me ha tratado de inculcar la filosofía del positivismo, y al menos todo va a estar bien y estoy sana, así que decidí darle una vuelta a las cosas…

El primer fin de semana estuve en pijamas, pero la siguiente semana decidí no deprimirme y hacer la del ave fénix y levantarme de las cenizas (con las muletas) y ver que ponerme y enfrentar al monstruo del clóset. Creo que la ropa no sólo te da la posibilidad de expresar un estilo propio, sino, a veces, un estado de ánimo, y para mí arreglarme “bien” (no existe algo como vestirte bien o mal, me refiero a pensarla bien antes de vestirte) y tratar de crear looks que pueda ponerme con el yeso, era todo un reto que me haría sentirme hasta cierto punto satisfecha conmigo misma si lograba superarlo. Me gusta la moda, me gusta arreglarme bien y a veces también me gusta relajarme y estar en pijamas. La cosa es que el momento requería que haga un cambio y logré hacerlo y sí me animó mucho más durante estos días el ir bien arreglada. La moda involucra muchos niveles y uno de ellos es el estado de ánimo para algunas personas;  arreglarte y vestirte para verte y sentirte bien contigo mismo y no para nadie más puede hacer mucho para nuestro estado de ánimo.

Por otro lado, en cuestión de comodidad no hubo mucho problema porque recurrí a las leggings que se estiran y entran encima del yeso y a las chompas largas o casacas largas ya que personalmente no me gusta cómo se ven las leggings con prendas cortas porque no son jeans y se ven más informal si se usan de esa manera; creo que no es la idea para verte estilizado. Todo es cuestión de gustos, la mayoría de prendas (menos las leggings) fueron holgadas para sentirme más cómoda pero siempre con dándole el sello de mi estilo. También recurrí a un short de invierno y medias altas como para variar. Es todo cuestión de creatividad. Primero lo pensé bien y felizmente quedó en mi cuerpo como lo pensé para no estar cambiándome varias veces, ya que con el yeso era muy incómodo. Como es invierno, no me faltaron algunas botitas (sólo usé un zapato, en el pie sin yeso, pero fue cómodo; en realidad todos los zapatos que uso para la universidad son cómodos) o chalinas, aunque realmente con todo el ejercicio de andar por ahí con muletas sentía calor, pero es cuestión de calcular mas o menos e ir preparado para cualquier contingencia. De igual manera, me ayudó mucho llevar mochila y no cartera porque sería muy incómodo con las muletas.

Creo que eso es todo en realidad, esa fue mi experiencia con el yeso y cómo lo relaciono con el mundo de la moda. Si algún día los enyesan no olviden de pedirme más tips, ¡en serio! Realmente ha sido una travesía, y me he podido dar cuenta de muchas cosas a través de eso y valorar más la salud y las facilidades que tuve. Gracias a mi mamá por apoyarme y a mis amigas que han hecho de nanas estos días en la universidad; definitivamente, este no es un mundo hecho para discapacitados.

Antes de despedirme, ¡aquí algunos ejemplos de estilo con muletas!

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Gracias por leerme. No se olviden de comentar, likear, comentar y compartir. Buena semana para todos.

 

  • Carmen Ormaeche

    Orgullosa de ti, siempre!!!!!!!!!! Tu madre 🙂

  • Deyanira

    Andrea:
    Me alegro mucho que hayas escrito este articulo, ya que muchas personas que por el hecho que estan enyesadas o caminando con muletas tienen que vestirse de cierta manera. Yo pienso que uno nunca debe de perder el glamour y verse bien con lo que tengas.
    Por los articulos que he leido de ti , se ve que tu eres una persona positiva y que tu puedes hacer un paraiso en el desierto, pase lo que pase.
    Que lindo tener una madre que este pendiente de ti.

    Felicidades
    Deyanira

    Doral, Florida