¿Cuándo se ha visto, dime, soldados en marcha hacia atrás? ¿Se vio, acaso, en alguna guerra? Tal vez uno que otro. Pero los realmente convencidos, no. ¿Los mexicanos contra los estadounidenses? ¿El Che tomando un cubalibre y declarando gratis la paz? ¿Los españoles que conquistarían los cuatro suyos? ¿Cuándo se ha visto a un revolucionario auto vencerse?

Es obvio que no hay marcha atrás.

Porque el tiempo era tiempo hace un instante. Lo que se hizo solo queda en la memoria del elefante. Y Courtoise, bien dice, que un día se reunirán todos a recordar. Porque, sí, estos mamíferos no se dan por vencidos y le quieren demostrar al enemigo que hay espacios para mencionar la escoria que los representa. Hay elefantes indignados, pero no hay marcha atrás. Brasil, España, Grecia, Francia, el Foro Social Mundial.

Va a ser difícil, pero no hay marcha atrás.

Mientras los elefantes recuerden que la marcha es hacia adelante, estarán en peligro de extinción. Muchos, en el Congo, son masacrados por su marfil. En Perú, mientras tanto, los elefantes sufren del poder vil, de los silenciadores de conciencias. Allá mueren seres vivos; acá se defienden a trompasos, los elefantes siguen su marcha hacia adelante y sus ideas no se dejan ahogar por el gas ni las cortinas de humo.

La marcha es hacia adelante, no hay duda.

El marfil que defendemos ha sido históricamente usurpado en lides políticos. Reunirse y protestar contra la corrupción, hacerles saber que podemos tener acción y ejercer presión. Eso es solo marchar sobre el mismo sitio. Denunciar es el comienzo de la expedición. La marcha es hacia adelante. Solo espero que no nos quedemos en la Plaza San Martín. La cuestión está en quiénes son los elefantes. Hay que juntarse para rememorar. Pero, también, para cambiar la industria del marfil desde su centro, estudiar el núcleo del problema, re-estrucutrar los versos de este poema y cambiar el sentido de la marcha. ¿Por qué no, elefantes, si somos letrados?

Sin duda, nunca hay marcha atrás. Las decisiones han sido tomadas, solo queda barritar por lo más adecuado y equilibrado. Por ahora.

Pero, ¿y qué sé yo? Solo soy un elefante que escribe, no soy militante. Observo la marcha atrás, a la manada bramar. Mis marchas atrás también han sido frustradas por los medidores cronológicos. Gestiono mis propias marchas hacia al frente, como todos. Y aún con la historia, la sobrecargada mente, la caja boba, las fiestas, las posibles drogas, las protestas, la loca euforia. Solo soy un elefante que redacta las peripecias de un mundo al que le ha sido negada la marcha atrás.