La mañana está tranquila…
Y sin darnos cuenta siquiera,
en algún momento, tal vez,
la vida se fue tornando poco a poco en un mar de inquietudes.
Y así fue como venían los días,
pasaban las tardes y llegaban las noches.
Y, en cada silencio presente del nuevo día,
fue difícil poder encontrar un respiro,
encontrar una pausa tranquila.
Pero, sí, tan fresco
fue el sentir del sinsabor
que tan ajeno a nosotros suele aparecer adentro.
¿Cuál es el meollo de todo esto?
¡Cómo saberlo! Porque hay algo adentro que nos dice a gritos
que algo nos falta, que hacemos muy poco.
Hasta qué punto es cierto, ¿la muerte se lo lleva todo?
Cada quien tiene una respuesta quizás.
La mañana está tranquila…
Y tantas cosas juntas a la vez pueden pasar.
Una luz brilla a lo lejos,
esa estrella que se ve cuando llegan las noches, ¿aún vivirá?
La esperanza aún vive. Eso es lo que se ve.
Este sinsabor que se va,
o que puede que nos acostumbremos a él.
Si se va, ¡oh qué linda mañana!
y sino, ¡oh qué linda también!