Por Mercedes Bueno (mercedes.bueno@pucp.edu.pe)

«Nuestras definiciones, nuestras historias» ¿A quién le conviene el actual concepto de “himen”? Esta es la cuestión que motiva el camino del colectivo literario francés que demuestra que los conceptos sí impactan sobre los derechos humanos de las mujeres.

Realmente, ¿importan las definiciones que publique un diccionario? Teniendo en cuenta que estos varían en medio de innumerables ediciones, lugares, idiomas y tiempo; en realidad, ¿estructuramos nuestras vidas en torno a lo que alguno determine como “la definición de”?

En el paso del plano literario al plano de la praxis, sucede que -muchas veces- se cuestionan nociones culturales que impactan sobre la dinámica de vida ya establecida, en busca de problematizarla, exponer sus limitaciones y deconstruirla. No obstante, suele ser difícil percibir que los conceptos no “se establecen”, sino que a los conceptos “los establecen”. Es decir, que los conceptos son fruto de la actividad humana y, por tanto, producto de una convención que -con frecuencia- está formulada al servicio de determinados grupos de poder. 

Créditos : Frédéric Laé – Hymen redéfintions

Tal es el caso de la lucha ejercida por el colectivo francés “Hymen redefinitions”, ubicado en Nantes, y liderado por la escritora y activista Isabelle Lesquer. Se trata, de un equipo conformado por poetas, escritores, médicos y científicos -tanto mujeres como varones- que exigen “deconstruir la falsedad que asocia himen y virginidad, modificando las definiciones erróneas presentes en los diccionarios”. Así, los cimientos originarios de este colectivo son, más bien, de carácter literario, mientras que su aplicación consecutiva refiere netamente a un proyecto político de corte feminista; puesto que, aunque esté científicamente demostrado que “el himen no tiene ningún papel fisiológico, tiene -sin embargo- un fuerte simbolismo cultural y religioso”, asociado a un valor moral socialmente significativo, como la dignidad.

Como antecedente, ya en 1905, la médica y activista noruega Marie Kjølseth había publicado un estudio empírico que demostraba la inviabilidad de reconocer a una mujer virgen por la condición de su himen. Si bien esta información está presente -y ha sido ignorada- desde hace más de un siglo; muchos trabajos publicados por médicos, como el egipcio Awad Hegazy y el saudí Mohammed AlRukban, han servido para que el ginecólogo Martin Winckler publique su libro “Himen: mitos y realidades. Recordatorios anatómicos y reflexiones éticas”. Se trata, pues, del principal estudio sobre el que se sostiene este colectivo francés. En este se argumenta que el himen no se rompe, sino que se agranda y, en determinados cuadros, se desgarra; además, que no existe vínculo entre la presencia o ausencia de himen y la actividad sexual vaginal de una mujer. Asimismo, se expone una definición más exacta: “tejido flexible, desprovisto de fibras sensibles y vasos sanguíneos y, por lo tanto, poco probable que sangre. Por lo que se explica que pueda cambiar sin dolor ni otros síntomas”. En este sentido, Lesquer encaja que esto explicaría por qué “supuestamente, la pérdida del himen estaría directamente relacionada [en el imaginario colectivo] con la experiencia de dolor durante la primera relación sexual; una idea errada puesto que se ha demostrado que el dolor es “causado por la falta de lubricación” y que, en todo caso, “si hay excitación, esta opacaría la percepción del dolor”. De modo que, se derrumba la hipótesis de que, en palabras de Lesquer, “el hombre hará dolor y la mujer tendrá dolor porque sería necesario perforar una membrana que [supuestamente] sí estaría relacionada con el fin de la virginidad”. Cuando, en realidad, la Dra. Bagot recuerda que los informes científicos exponen que, en promedio, solamente 1 de cada 2 mujeres sangran, y no necesariamente sienten dolor.

Sin embargo, regresando a los motivos del colectivo francés, todo inicia en 2019 cuando la escritora Isabelle Querlé advierte que un usuario de Wiktionnaire altera la definición de himen ya establecida, dejando al descubierto los errores que colisionan con los argumentos científicos. No obstante, hasta 2020, destacados diccionarios formales en lengua francesa, tanto normativos como especializados, aún mantenían las siguientes definiciones erróneas de “himen”:

  • Diccionario Médico de la Academia Médica: “Membrana formada en la virgen, en el pliegue de la mucosa vaginal insertada en el borde de la abertura vaginal (…)”
  • Diccionario Larousse: “Fina membrana de forma variable, que obstruye parcialmente la vagina de las vírgenes”
  • Diccionario Le petit Robert: “Membrana que ocluye parcialmente la abertura de la vagina de una virgen”

De tal manera que, se forma el colectivo, cuyo primer paso es lanzar una convocatoria en el sitio web de peticiones change.org bajo el nombre de “Himen y virginidad: no conexión”; seguido de, el envío de numerosos correos a renombrados diccionarios. En efecto, la primera victoria del colectivo fue decisiva; si no se lograba modificar la definición que recogía el Diccionario de la Academia Nacional de Medicina (ANM), difícilmente se conseguiría una modificación del término en otros diccionarios. Así, en enero de 2020 la definición de himen de la ANM pasa a ser: “Variable en la anatomía de una mujer a otra, el himen es un pliegue de la mucosa vaginal […] Desde la pubertad, el himen puede ser lo suficientemente flexible y elástico como para permitir una relación completa sin establecer una lesión traumática. Por tanto, su integridad no es sinónimo de virginidad […]”. Acto seguido, en mayo de este año, el colectivo anuncia el cambio adoptado por el diccionario “Le Petite Robert” para su edición 2021, en la que se incluye la definición del Dr. Martin Winckler, mencionando su agradecimiento aunque reconociendo que “un pequeño correo electrónico para informarlos habría sido de agradecer”. No obstante, la edición 2021 de Larousse no se modificó; por lo que el colectivo pide que si bien el diccionario impreso tarda un año en editarse para su próxima edición 2022, la versión web puede hacerlo de inmediato; solicitud a la que accedió hace un mes, el pasado 30 de agosto. 

No obstante, para Isabelle Lesquer, el problema no solo radica en que la falsa relación dependiente himen-virginidad sea desmantelable con argumentos científicos; sino que, ni siquiera existe una clara noción del concepto de “virginidad” que se quiere comunicar. Si bien se pretende aludir a la “pureza femenina” que ha de conservarse evitando relaciones premaritales, ¿qué hay de la masturbación femenina? En este caso, ¿la mujer seguiría siendo “pura” y “virgen”? o ¿solo sería virgen, pero ya no pura? ¿no se rompería, en este caso, la “inherente” relación entre pureza y virginidad? Asimismo, hacer depender un valor moral de una cuestión anatómica inestable, como la forma del himen, ¿no excluye, acaso, el proceso de modificación (y me atrevo a utilizar aquí el término “natural”) del sistema reproductor femenino -independiente del paso por un acto sexual- ya científicamente demostrado?… Y de forma insistente, siguiendo el hilo de las indagaciones de Lesquer, es evidente que estas definiciones dejan suponer que “una mujer no puede perder su virginidad más que a través del pene de un hombre”, dejando abierta una cuestión comprometedora incluso para muchos conservadores: ¿Las relaciones homosexuales también romperían con la virginidad femenina?, pero si esta depende del himen, no habría ningún problema puesto que estas mujeres podrían conservar su pureza y virginidad a la par, ¿cierto?… En efecto, resulta ser un tiro por la culata hasta que alguien, ojalá adecuado, aclare los conceptos.

Ni siguiera existe una clara noción del concepto “virginidad” que se quiere comunicar

Isabelle Lesquer

En la misma línea, para la antropóloga médica Francesca Mininel este problema se extiende hacia los conceptos políticamente no esclarecidos de “actividad sexual” y “abstinencia” que tanto se promocionan. Pues, si reducimos la sexualidad al acto sexual y este, a su vez, a penetración vaginal, ¿la figura del himen no se tornaría, empero, miserable entre todos los aspectos que configurarían la conservación de la pureza? Teniendo en cuenta la multiplicidad de actos sexuales, y saliendo del plano de los conceptos, ¿no se estaría incitando un inicio poco adecuado de las personas en esta definición limitada de “vida sexual”? Donde, por ejemplo, se opte por prácticas sexuales que no incluyan la penetración pero sean, acaso, tan comprometedoras -ideal como sanitariamente- como esta última, con el objetivo de mantener una virginidad meramente teórica y conceptual, aunque no real si se la quiere ligar a la pureza.

A la par, e introduciéndonos en el plano de los hechos y la praxis, esta conceptualización/definición del himen ha tenido efectos de carácter político. En países como Indonesia o Egipto, se sometió a las mujeres jóvenes y adultas que pretendían ocupar ciertos cargos (como en la policía) o participar en protestas, correspondientemente, a las llamadas “pruebas de virginidad” o “prueba de los dos dedos”; un test degradante que prometía demostrar la virginidad verificando una determinada condición del himen. En reacción, la OMS condenó esta práctica no solo por intimidar a las mujeres a participar en el campo político, sino por ser verificablemente falsas, innecesarias, traumáticas, basadas en una pseudociencia, y atentar contra la integridad física y mental de las mujeres, siendo equivalentes a una violación. En otras palabras, recordando la imposibilidad de demostrar y verificar la virginidad de una mujer por la condición de su himen; de modo que la OMS prohíbe la realización o recomendación de “pruebas de virginidad” por parte de cualquier profesional de la salud.

El colectivo denuncia que estos diccionarios, al insinuar que “la presencia de un pene es necesaria para que una relación sexual sea tal” y mantener la relación himen-virginidad, evidencian la prevalencia de la heteronormatividad y perpetúan el proyecto de opresión sistemática al cuerpo femenino, haciendo depender un valor moral como la “dignidad y pureza” a una cuestión meramente anatómica y voluble. Tal relación es, pues, insostenible y sorprende que aún siga vigente en la actualidad, por conceptos no solo desfasados, sino falsos, con consecuencia que demuestran que los conceptos sí impactan sobre los derechos humanos de las mujeres.

En efecto, es posible afirmar que la definición -y redefinición- del himen repercute sobre la dinámica de vida de la sociedad entera, específicamente, sobre la vida sexual vigente en la actualidad. Esto es visible al percatarnos de las desastrosas consecuencias de esta creencia: culto a una virginidad nebulosamente conceptualizada, aumento de intervenciones como la himenoplastía, visión estereotipada del acto sexual, refuerzo de una desigualdad de género por una división pasiva/activo y prácticas de “pruebas de virginidad” con fines políticos, problematización innecesaria de la relación de la mujer con su propio órgano sexual, entre otros.

En este sentido, es necesario recordar que la dinámica humana con la naturaleza del lenguaje es siempre ejercida a manera de simbolismo, una suerte de “metáfora autocomplaciente” y funcional para unos pocos que imponen conceptos que facilitan múltiples experiencias. Así, la mayoría de personas asumen los conceptos del diccionario como verdades inapelables, olvidando que estos mismos conceptos son, cierta e inevitablemente, una suerte de normas sociales producto del hombre, que posibilitan la configuración de las relaciones interpersonales. Sin embargo, aunque estas son necesarias, esto no se traduce en que sean inamovibles; ya que, si bien han sido vinculadas y validadas por razones de utilidad, esta misma utilidad y el interés sobre ellas cambia con el paso del tiempo.

Fuentes:

https://saludes.asia/himen-virginita-idees-recues.html

https://hr.ladyjornal.com/7237261-the-hymen-finally-has-a-good-definition-in-the-dictionary

https://www.neonmag.fr/non-la-virginite-nest-pas-liee-a-lhymen-et-elles-militent-pour-changer-les-mentalites-et-le-dictionnaire-546887.html

http://www.hymenredefinitions.fr

DW documental el mandato de la virginidad