El testimonio, en la literatura, se puede considerar como un género híbrido que combina características de la novela tradicional con un discurso de testimonio/anécdotas, propio, en muchos casos, de estudios etnológicos o antropológicos. Incluso, se puede conectar a este género con el periodismo, ya que tiene, por naturaleza, aspectos vividos de la realidad. Sin embargo, el alto grado de ficcionalidad de este género lo aleja de esta materia. La literatura testimonial es un trozo de la historia que alguien quiere contar, criticar o elogiar. Mayormente, este género es considerado un viaje hacia la verdad de algún conflicto, ya sea de magnitud nacional como una guerra interna o de un volumen más personal y específico. La combinación perfecta entre ficción e historia se encuentra, sin lugar a dudas, en el testimonio. Existen un sinnúmero de testimonios que han sido reunidos a lo largo de los años. En el caso del Perú, la época del terror de los 80s y 90s fue un escenario propicio para este tipo de escritos. Testimonios de las familias de los desaparecidos, de los que fueron atrapados y confundidos por terroristas, los que perdieron a su familia, entre otros casos, son los que más resaltan, más valor tienen y los que son más estudiados hoy en día. Por ejemplo, el testimonio de Mamá Angélica -recogido por la CVR- narra la detención y desaparición de su hijo Arquímides por miembros del Ejército Peruano. Ella emprende una búsqueda -lamentablemente fallida- por Ayacucho en busca de su primogénito, encontrando en el camino, restos de jóvenes, señoras y niños, que tuvieron un final atroz.

No obstante, Perú no ha sido el único país que pasó por este lamentable y terrible periodo. La situación de Guatemala, durante su guerra civil que duró casi treinta años, es muy similar a la que se vivió en nuestro territorio. En medio de la lucha entre los grupos guerrilleros y aquellos agentes del Estado, los indígenas guatemaltecos fueron los que más afectados resultaron. “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” es un testimonio -uno de los testimonios más importantes y representativos de la época- que nace del contexto de violencia e injusticia de Guatemala. La pregunta que surge inmediatamente es ¿quién es Rigoberta Menchú? Esta mujer nacida en el año 1959 es una líder indígena guatemalteca, miembro del grupo maya quiché, defensora de los derechos humanos, embajadora de buena voluntad de la UNESCO y ganadora del Premio Nobel de la Paz (1992) y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (1998). Durante la guerra civil guatemalteca formó parte del Comité de Unidad Campesina (CUC) y del Frente Popular, razón principal de su exilio. Viajó a México en donde se reunió con obispos católicos para narrarles las atrocidades que estaba sufriendo su pueblo a manos de militares. Posteriormente, gracias a varias organizaciones involucradas en movimientos de solidaridad, Menchú viajó a Francia, París, como representante del Frente Popular. Allí conoció a la venezolana Elisabeth Burgos, a quien le contó todo lo acontecido en su país, convirtiendo su historia -con su ayuda- en su autobiografía “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” publicada en el año 1983.

Este testimonio es una clara denuncia a la represión de los indígenas guatemaltecos a manos del ejército, así como el asesinato de más de la mitad de la familia de Menchú. En las casi 400 páginas de este escrito, Rigoberta Menchú representa las atrocidades acontecidas tanto en su vida personal (la muerte de su padre, su madre y su hermano en menos de cinco meses) como en el grupo social al que pertenece (indígenas guatemaltecos). La elección de haber hecho de esta historia un testimonio no es fortuita. Gracias a este género, aquellas personas relativamente marginales, entre estas las mujeres, los vendedores del mercado, los indígenas, entre otros, pueden darle voz a su clase social, grupo étnico o de género, de una manera que en la vida real no pueden. Son expresiones de aquellos sectores que aparecen invisibles ante un gobierno que sólo se preocupa por aquellos que pueden aportar algo, económicamente hablando, a la sociedad.