Muchas personas transitamos día a día por la puerta principal de la universidad. Sin embargo, desde inicios de ciclo se ha producido un fenómeno inusual a la hora del almuerzo en las afueras de nuestra universidad. Distintas personas ofrecen sus variados menús económicos a los estudiantes de una manera peculiar y es que los comerciantes gritan el menú que tienen por ofrecer, así como interrumpen el paso de quienes se dirigen a clase o salen de la universidad con dirección al paradero. A pesar de lo barato que puede resultar comprar alguno de esos almuerzos, dicha situación se vuelve un problema para muchos de los estudiantes por la manera en cómo aquellos vendedores ofrecen su mercancía.

Me he propuesto escribir sobre este tema por dos razones. La primera es para informar a la comunidad universitaria acerca de este hecho, brindar información acerca de su origen y las consecuencias que este podría acarrear para muchos otros comerciantes organizados y ordenados, tales como los traficantes que se encuentran dentro de la PUCP o aquellos señores que han ofrecido sus productos fuera de nuestra universidad por mucho tiempo. Por otro lado, la segunda razón está relacionada con que considero que la universidad puede llegar a un acuerdo para solucionar este hecho y potenciar la situación de los vendedores externos, así como la de los traficantes dentro de la universidad, apelando a su organización y orden.

Nuestro país se caracteriza por la creatividad de sus habitantes en muchos aspectos, desde la sazón en la cocina hasta los negocios que emprenden. Sin embargo, día a día podemos evidenciar como dicha creatividad es utilizada junto con la viveza del peruano para generar ingresos a través de la informalidad. Pero dentro de este gran fenómeno quisiera centrarme en el comercio ambulatorio informal. En simples palabras, este consiste en la venta de productos en la vía pública, sin rendir impuestos a la SUNAT, ni contar con ningún permiso por parte de la municipalidad para ejercer dicho acto. No obstante, no podemos negar que muchas veces dicha situación existe debido a una demanda de la población de bajos ingresos, así como también de la demanda por trabajo de población desempleada, la cual busca generar ingresos de alguna manera. Por lo que el principal argumento de la informalidad consiste en que las reglamentaciones tributarias son muy estrictas y se necesita de un gran capital inicial para contar con las exigencias de la municipalidad, por lo que optan por esta forma de abastecimiento para generar ingresos.

Durante todo el ciclo, muchos de los estudiantes hemos podido notar que fuera de la universidad, específicamente en la recta que nos lleva al paradero de la avenida Universitaria, así como al frente del semáforo, distintas personas ofrecen variados platos de comida a un precio accesible. Sin embargo, muchas de estas personas no cuentan con permisos de la municipalidad para vender en la vía pública, ni rinden ningún impuesto a la SUNAT. Por lo que se les considera informales. Este fenómeno tiene su origen a partir de la iniciativa de algunos traficantes de la PUCP de realizar entregas de platos de comida, previamente coordinados, fuera de la universidad. Este hecho es realizado por motivos de logística y para evitar ser vistos dentro de la universidad por alguna autoridad. Luego de la iniciativa de algunos traficantes dentro de la universidad, fueron apareciendo distintas personas ajenas a la PUCP que empezaron a ofrecer sus productos de una manera peculiar. Dichos vendedores, aprovechan el hecho de que los estudiantes caminan hacia el paradero para vociferar con un volumen muy alto el plato que ofrecen en la hora de almuerzo, así como para colocar sus bolsas a los lados de la vereda, de manera que impiden el paso acelerado que muchos de nosotros tenemos en distintas situaciones.

Es posible que a este punto del articulo, muchos de los lectores se cuestionen el hecho de que los traficantes PUCP, al igual que aquellos vendedores que se encuentran fuera de la universidad, son informales y no se les critica. Sin embargo, es necesario aclarar que la crítica hacia los vendedores de menús está relacionada con el desorden, bulla e impedimento de tránsito peatonal que generan.

La informalidad es un fenómeno que se busca solucionar en nuestro país mediante beneficios tributarios a aquellas personas que necesitan generar ingresos y no cuentan con los recursos necesarios para emprender un negocio de manera formal. No obstante, es usual encontrar la relación del término informalidad con desorden, mala organización y hasta en algunos casos inseguridad. Por lo que se trata de eliminar a aquellos vendedores que incurren en esta categoría en vez de proporcionarles beneficios para que puedan llegar a ser parte de la formalidad en la economía.

Si bien no se puede negar que la informalidad de los traficantes es igual a la de los vendedores externos, existen menos incentivos para brindar una solución a aquellas personas que generan consecuencias negativas aparte de la evasión de impuestos. Este es el caso, como ya he mencionado, de los vendedores ambulantes externos que provocan desorden, bulla e impiden el tráfico peatonal cuando llevamos prisa. Es por ello que las autoridades de la PUCP podrían tomar medidas estrictas a favor de erradicar toda la informalidad que los afecte directamente como institución, ya que puede darse el caso de que se generalice el accionar de los comerciantes ambulantes externos que producen bulla y desorden con aquel sector de vendedores externos que no generan ninguna consecuencia negativa mas allá de ser informales y los traficantes PUCP.

Este es el caso de Berenice Franco Bello, fundadora de Almuerzos Empoderados, cuyo negocio se encarga de ofrecer variados menús a los estudiantes al precio de diez nuevos soles. Una de las cualidades que más resalta dentro de su negocio es la organización que tiene Berenice para realizar las entregas de una manera ordenada al utilizar una estrategia de reservas un día antes.

Asimismo, Solsiré Alarcón Jimenez, socia principal de Grab&Go, un negocio que ofrece variadas ensaladas a los estudiantes, utiliza el internet como medio para realizar las reservas de sus pedidos y poder tener una mejor organización sin generar mayores inconvenientes.

Tuve la oportunidad de hablar con ambas vendedoras y me contaron un poco acerca de las motivaciones para comenzar sus negocios. Ambas coincidieron en que el boom de los traficantes se debía a una insatisfacción por parte del alumnado hacia el servicio de comida que brinda la universidad, de manera que encontraron una oportunidad para satisfacer la necesidad de muchos de los estudiantes de forma ordenada y organizada. No obstante, ellas esperan que la universidad visualice dicha problemática y pueda plantear soluciones para satisfacer la demanda de los estudiantes mediante los servicios que ofrecen los traficantes.

Considero que así como la universidad logra integrarse con la municipalidad de San Miguel para frenar la delincuencia fuera de nuestra casa de estudios, también puede llegar a un acuerdo para solucionar la informalidad; sin embargo, mientras dichos vendedores sigan generando desorden, bulla e impedimento para transitar, nada se puede hacer.

Desde mi punto de vista, existen tres factores que podrían tomarse en cuenta a la hora de llegar a una solución. En primer lugar, existe una demanda por parte de los estudiantes que es insatisfecha con el servicio de comida de la universidad. En segundo lugar, aunque han existido siempre, los vendedores ambulantes externos que no generan consecuencias negativas mas allá de evadir impuestos, tales como el señor de las chocotejas. Y por último, el emprendimiento de nuestros propios compañeros que se hacen llamar traficantes PUCP. Estos dos últimos factores podrían ser potenciados, por parte de la universidad, mediante beneficios tributarios e incluirlos dentro del sistema de alimentación para satisfacer las necesidades de sus propios alumnos.