¿Cómo explicar que el 78% de peruanos toleren actos de corrupción, según los resultados de una encuesta publicada hace unos días, a pesar de la supuesta indignación generalizada a causa de la denominada “repartija” congresal? ¿Acaso las “copiosas” manifestaciones no eran señales inequívocas de que nos estábamos convirtiendo en un país más democrático, una nación de ciudadanos y no de meros pobladores? Entiéndase “ciudadano” como aquel individuo que además de conocer sus deberes y derechos, también se reconoce como parte de una comunidad, y por lo tanto, se involucra constantemente en la problemática que padece.  Sin embargo, ¿cómo podemos hablar de “ciudadanía”, término que implica necesariamente el reconocimiento del estado de derecho, en un país cuya mayoría de habitantes posee una actitud ambigua ante actos que lo transgreden? Es decir, consideramos que la corrupción es un problema enraizado en nuestra sociedad, pero estamos dispuestos a “hacernos los locos” en determinadas situaciones en las que se manifiesta.

De modo coloquial: ¿acaso los peruanos seremos tan “care’palo” como para juzgar negativamente a nuestros parlamentarios, a pesar de nuestros “selectivos” y “dudosos” criterios morales? ¿Cuál es la delicada línea que define la frontera entre el rechazo absoluto manifestado en julio, y la tolerancia, ante por ejemplo, un alcalde que “roba, pero hace obra”? ¿Por qué casi nadie salió a protestar cuando se publicaron audios en los que se revelaba la presión ejercida por integrantes del Ejecutivo, en relación al tema Chavín de Huantar? En un Estado en el que las instituciones públicas se muestran ineficientes y desacreditadas, y en donde las normas no se encuentran totalmente internalizadas en la población; el accionar de otros agentes es menester para lograr consolidar el repudio en relación a un acto de corrupción. En tal caso, diría que el factor mediático es vital. Es decir, “Dios perdona el pecado, pero no el escándalo”.

Todos pueden saber que el Perú está siendo saqueado, sin embargo, hasta que no haya “vladivideo”, todo puedes seguir con su curso “natural”. Todos pueden saber que en el Congreso se vienen repartiendo, entre partidos, cargos que deben guardar independencia por el bienestar de la democracia; sin embargo, si es que los medios de comunicación no hubiesen actuado de modo unánime con la finalidad de bajarse el acuerdo… ¿alguien se atrevería a afirmar que el Congreso de todas formas se hubiera rectificado? Si tomamos en cuenta la encuesta post-repartija[ii], en la que se observa que el 63% de limeños desconocía que el Parlamento había realizado tal operación, la respuesta es más que obvia. La tan mentada presión popular, como eje principal de la caída del acuerdo es, por lo menos, de carácter discutible.

A estas alturas, creer que las “indignaciones generalizadas” que periódicamente aparecen en nuestro medio luego de fragrantes actos de corrupción, tienen su origen en el hecho de que el peruano de a pie, cada día más empoderado y educado, ha internalizado una serie de valores éticos y democráticos; resulta francamente risible. Aquel peruano que se queja todos los días por tener un Congreso lleno de impresentables, probablemente esté dispuesto a sobornar a un policía cada vez que se pasa la luz roja. Está de más decir que la desconfianza en las instituciones encargadas de fiscalizar el orden constitucional no se soluciona siguiendo una lógica de “pilóto automático”, pues se trata de un problema mucho más endémico, con décadas de tradición. Queda para la reflexión.

 

 


[i] http://peru21.pe/actualidad/encuesta-78-peruanos-si-tolera-corrupcion-2145643

[ii] http://elcomercio.pe/actualidad/1606957/noticia-repartija-63-limenos-no-sabe-que-congreso-eligio-titulares-tc-defensoria