La riqueza de América Latina reposa en su exotismo y falta de credibilidad. Es un continente que se ahoga en su soledad incomprendida, en su exotismo fantástico y en su realidad desmedida. En donde lo cotidiano es encontrarse por la calle a un hombre con alas, parecido a un ángel y las situaciones corrientes toman el nombre de extraordinarias.

Bien lo mencionaba el colombiano Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en el año 1982: “Hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida”. Latinoamérica es el lugar que demanda un trabajo doble a los escritores nativos de allí. La escritura exige de por sí una capacidad alta de la imaginación, la necesaria para crear escenarios fuera de lo común o personajes complejos y nunca antes vistos.

Sin embargo, los latinoamericanos tienen imaginación y escenarios maravillosos de sobra. Su tarea es hacer que su día a día suene verosímil. Mientras que para un extranjero encontrarse con personas que se van volando es sólo objeto del cine, para América Latina es un escenario posible; un escenario que no despierta el más mínimo asombro y es tomado como algo de la rutina de la vida.

¿Qué tipo de relación guarda Latinoamérica con Europa? Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar entre otros apellidos de peso cultural tuvieron sus miradas -en algún momento- en Paris, Madrid, Roma, o algún otro centro europeo digno en dónde vivir y escribir desde otros aires. Actualmente, más allá de relaciones sociales y comerciales, la conexión entre ambos continentes no se podría definir como una totalmente estrecha e inigualable. Por el lado cultural, se tendría que entrar en una disputa de subjetividades inagotable. Sin embargo, existe un factor que no se tiene que dejar de mencionar: las perspectivas. Según una supuesta perspectiva europea (escribo “supuesta” porque es algo que se puede extrapolar desde los textos acerca de América Latina y la relación de los personajes latinoamericanos con la realidad europea en los “Doce cuentos peregrinos”), América Latina es vista como un ser extraño; una zona inexplorada y llena de los secretos más asombrosos (el Dorado, por ejemplo). La cuna de los animales más raros; el papel de un cuento mágico hecho realidad.

Como menciona Alejo Carpentier en el prólogo de “El reino de este mundo”, América Latina no es América Latina sin lo real maravilloso, pues los detalles inesperados y fuera de lo común son una cualidad realmente envidiable y misteriosa para todos aquellos que viven, experimentan, escriben y disfrutan de ella.