Cinco meses fue el tiempo que pasó en cautiverio quien creyó en la Revolución. Creía en ella –por lo menos en sus inicios- hasta cuando intervinieron grupos armados llenos de fanatismo y codicia como Al Qaeda, entre otros islamistas radicales. En los primeros meses, se pudo hacer algo, habrá pensado. Pero, con el tiempo, la revolución siria alcanzó tales picos de violencia y caos que pronto desvaneció la idea que este periodista italiano tenía: “una revolución laica y democrática”. De estas valorizaciones poco queda. Y él lo supo muy bien, pues vivió en carne propia el encierro junto a otro periodista de nacionalidad belga.

Vivo está

Hoy, sin embargo, Domenico Quirico vive para contarlo. Este ferviente creyente, practicante del alpinismo y periodista del diario “La Stampa” vino invitado por el Instituto Italiano de Cultura. Tanto su historia como sus 20 años de experiencia como reportero de guerras en territorios como Afganistán, Chechenia, Somalia y Uganda, no pasaron desapercibidos para un diario limeño, que lo entrevistó.

“¿Lo que ha visto en Siria es lo más desesperanzador que le tocó vivir?

-En cierto punto, sí. He vivido experiencias muy fuertes, como la de Somalia, donde el drama humano es tremendo. Pero en ese y en otros países de África todavía existe parte de la población que no está involucrada en tanto odio. En cambio, en Siria vi a todos desesperados y afectados por la guerra”.

Esa desesperación y permeabilidad a la violencia puede revelarse cuando un pequeño niño sirio de 10 años le mostró a este periodista un video desde su celular. Las imágenes, como hubiera esperado Quirico, nada tenían que ver con algún artista o deportista: mostraba cómo una turba masacraba a un hombre sin piedad alguna. Los ancianos- relata Quirico en sus crónicas de guerra- también son otros miembros de la sociedad que han sido fuertemente afectados por la penetrante situación de violencia.

Creer en la labor

Contra lo que cualquiera podría pensar o explicar, Quirico estaría dispuesto a volver a Siria. “(…) me gustaría regresar a Siria. Antes de esta última experiencia, estuve ahí cuatro veces, pero siento que quedan muchas historias por contar sobre la tragedia siria. De Siria se habla cada vez menos, pero siento la necesidad de que no olvidemos lo que sucede allí”. No interesan las secuelas del cautiverio: Quirico, tres meses después de ser liberado, se salvaguardaba pegándose a una pared al oír pasar un avión (“porque en Siria cuando oyes un avión significa que va a haber un bombardeo y te pegas a una pared para protegerte”) o tenía la constante tentación de abrir las puertas de su casa pues no vio alguna abierta cuando fue privado de su libertad.

El periodista entiende que, además de él, su familia es la más afectada. Pero, ante eso, su coraje sale a relucir: “(…) en mi caso se impone, por ahora, mi trabajo como periodista. Nuestra presencia física es indispensable en el campo de batalla, hay que estar allí para compartir el dolor y contarlo a los lectores. Eso no se puede escribir desde la sede del diario. No es ninguna forma de heroísmo, es la naturaleza de esta profesión y de la conciencia ética que nunca debemos perder”.

Fuentes: El Comercio, El Mundo

 

17-04-14