A propósito de la intervención en una fiesta organizada por un grupo perteneciente a la universidad en la última semana y la cobertura mediática que tuvo, debemos analizar las aristas presentes en este problema que, se quiera o no, involucra a la universidad, su imagen como institución y, además, analizar los efectos que tuvo en la propagación una noticia sacada de contexto que trasluce el amarillismo presente en la prensa peruana.

El día 30 de octubre en la noche se realiza una fiesta nombrada “El Templo” en una zona concurrida en San Miguel. A pesar de que dicho evento no se encontraba ligado a algún Centro Federado o la universidad estrictamente, el evento es originalmente organizado por una agrupación política perteneciente a la universidad. La fiesta transcurre con normalidad, hasta que intempestivamente se ve interrumpida por un grupo de serenos, quienes luego, acompañados de un fiscal y policías, proceden a intervenir a los presentes.

Ahora bien, no se critica este accionar por parte de los serenos, después de todo los organizadores no contaban con los permisos necesarios para realizar una fiesta de ese tipo (por lo que resulta comprensible que los vecinos alertaran a las autoridades correspondientes para impedir que la fiesta se siga llevando a cabo). Sin embargo, quisiera resaltar dos hechos que sucedieron luego que sí son criticables.

En primer lugar, está el hecho de que horas después de lo sucedido se publique la noticia con palabras llamativas (y en mayúsculas por si no lo ven) de que se “INTERVIENEN A 500 MENORES EN FIESTA SEMÁFORO”. Cabe tener en cuenta que una fiesta semáforo es entendida como aquella fiesta desenfrenada en la cual abunda la presencia de alcohol, sexo y drogas en que todos los presentes son partícipes. Una característica principal de este tipo de fiestas es que los participantes llevan pulseras de colores rojo, amarillo y verde,  las cuales expresarían su indisposición, duda o disponibilidad para algún tipo de relación por la noche, respectivamente. Y dicha etiqueta brindada por la noticia no concuerda con lo que en realidad pasó. Los asistentes han expresado su molestia (y resulta comprensible) ante la exageración de los medios que solo se esmeran en añadir matices a sus noticias para hacerlas más llamativas. Hay que resaltar de nuevo que es falsa la idea de que se realizó una “fiesta desenfrenada”, como se le llamó en diversas ocasiones, con las características de una fiesta semáforo; y que hasta el momento no se venía haciendo nada ilegal en dicha fiesta.

En segundo lugar, me parece importante resaltar el hecho de que los medios afirmaron la presencia de 500 menores de edad, lo cual vendría a ser un error más por parte de la prensa debido a la falta de investigación sobre lo ocurrido en el evento. Si bien no se puede negar a ciencia cierta la presencia de menores, esta fue una fiesta organizada por universitarios con invitados de la comunidad universitaria. Por ello, lógicamente, la predominancia sería de mayores de edad.

La exageración de la prensa con la atribución de etiquetas falsas, la falta de investigación de los hechos ocurridos y la distribución de noticias con el único objetivo de atraer televidentes a costa de la veracidad de los datos, demuestra el amarillismo de la prensa que, lamentablemente, esta vez afectó a la comunidad de la que formamos parte.

  • koko

    La televisión existe principalmente para entretener más que para informar, por eso todos los formatos se centran en eso, hasta los noticieros. Solo están contando un cuento, una historia llamativa para entretener al público. Si hubieran puesto en el titular “jóvenes universitarios son intervenidos en fiesta sin permiso municipal”, hubiera sido menos impactante y menos reconocible para el televidente que está en su casita viendo la tele. Tienen que haber símbolos reconocibles para que el televidente pueda entender, sin necesidad de esfuerzo, el mensaje que se le quiere enviar. Por eso, me parece, que catalogar a la prensa que difundió esta noticia como amarilla es extremadamente jalado de los cabellos.